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Listos y tontos

April 19th, 2007 por Javier Cuchí

Quiero dedicar esta paella a la memoria del profesor Liviu Librescu, de la Universidad Politécnica de Virginia, caído heróicamente el pasado lunes intentando -y consiguiendo- salvar la vida de todos sus alumnos al enfrentarse solo y desarmado a un asesino en serie desaforado

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Nueva normativa en materia de educación, no cuelgues: con nada menos que hasta cinco asignaturas pendientes, se podrá pasar curso en el bachillerato.A mí, se me acaban las palabras, se me acaban los tacos, se me acaban los insultos; de verdad, cosas como esta terminan con mi capacidad lexicográfica y terminarían hasta con la del mismísimo capitán Haddock.Tratar de establecer la clase, intensidad y categoría del retraso mental del mil veces merluzo que se ha sacado de la manga un disparate tan enorme es tarea ardua y prácticamente imposible. Tratar de establecer qué motivos razonables puede haber para esa atrocidad, es tiempo perdido porque no la hay. Lo que ha pasado por la cabeza del discapacitado mental que ha pergeñado esa cafrada es un arcano misterioso pero, conociendo a esa peña infame, estoy seguro de que la cosa no le andará lejos de la pretensión de que los jóvenes voten, bajo el supuesto axioma de que los jóvenes, cuando votan, votan izquierda.

No lo sé de cierto, pero seguro que detrás de esa canallada hay un motivo así de gilipollas, sea ese mismo u otro de parecida enjundia. Casi seguro que es ese mismo porque llevo varios días leyendo sobre mil acciones destinadas a conseguir que los jóvenes voten, objetivo con el que se ha movilizado ese estúpido organismo inservible, el Consejo Nacional de la Juventud, por orden de los partidos que, a través de sus correas de transmisión, dominan la cosa. Hay que ser del PSOE para pretender que los jóvenes te voten sobre la base de facilitarles el tirar tanto más adelante en los estudios cuanto más inútil se sea para ellos.¿Hace falta explicar por qué esa medida es una burrada acojonante? Igual sí.

Es muy fácil, mira… Resulta que el Bachillerato es un camino que no tiene otra finalidad que la de llevar al alumno a la universidad. No se entiende hacerlo por otra causa, puesto que si no se pretende ir a la universidad, meterse en módulos profesionales una vez acabada la ESO es la solución más operativa y mejor para todos.

Esto dicho, habría ahora que establecer que cuando un tío suspende cinco asignaturas de un curso de Bachillerato, el mensaje está más que claro: chaval, lo tuyo no es la universidad. Porque si no eres capaz de afrontar un curso de Bachillerato dejándolo limpio en junio (salvemos, quizá, una asignatura, por aquello de los imprevistos vitales), está claro que en la universidad te vas a estrellar, así que, al precio de un curso, gana el tiempo de cuatro o cinco y deriva ya ahora hacia el circuito de la formación profesional. El problema, por tanto, no es con cuántas asignaturas se puede pasar y con cuántas se ha de repetir: el problema es si el muchacho ha elegido una opción acertada o no al dirigirse hacia los estudios superiores. En todo caso, está claro que el margen de cinco asignaturas para pasar curso es algo mucho peor y más grave que una simple exageración.

Además, todo el mundo -menos un zoquete de partido- puede darse cuenta de que un pavo que ha suspendido cinco asignaturas afrontando un solo curso limpio de arrastres, no puede llevar adelante el siguiente curso con un lastre de cinco. Hay que ser un izquierdista de cagadillo como estos que tenemos por ahí tocándose los huevos, para no ver algo tan evidente.

¿Qué frustraciones personales arrastran los botarates que han pergeñado tamaña cabronada? Averigua: tal vez fueron, en su día, unos negados para los estudios (muy posible: de otro modo no serían políticos y estarían haciendo algo útil) o tal vez están hasta el gorro de que sus hijos repitan curso una y otra vez, herederos probablemente del conciente mental de su padre; o a lo mejor es que odian a su padre porque se acostaba con su madre, yo qué sé. Tratar de encontrar razones en los cerebros resecos de algunos papanatas es una pérdida de tiempo.

Lo que están haciendo con el sistema educativo, que ya venía muy tocado ahora mismo, es delictivo, es de juzgado de guardia. Peor aún: es como para meter a unos cuantos en Guantánamo.

Nos están hundiendo en la más negra miseria y aún hacemos ver que somos la mar de felices. ¡Que poblacho de desgraciados y de dados por el culo!
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Me llega hoy la revista trimestral de Greenpeace. Por cierto, que hace tiempo que me apetecía decir que es poco sostenible, esto de la revista, por más papel reciclado que se utilice: yo creo que sería mejor, más limpio y más coherente editar la revista digitalmente -en un formato libre, no habría ni que decirlo- o, cuando menos, ofrecer al socio la alternativa de acceder a ese formato digital y no recibir el de papel. Estas cosas responden a conceptos anticuados de darle al socio algo «material», puesto que paga. Muy mal. A mí -como a casi todos- me gratifica muchísimo más ver en esa misma revista a un grupo de jabatos, arneses y cascos en ristre, subirse a la tolva de la térmica de Pasaia y colocar un cartelón exigiendo el fin de las emisiones de CO2. Pero no es de eso de lo que quería hablar aquí y ahora.

Hace poco, en la paella de hace muy pocos meses, o en algún pequeño bocadito, no recuerdo bien, decía que estaba hasta las narices de nenes con chaleco asaltantes de peatones por cuenta de ONG para captar socios y, presuponiendo (y presuponiendo bien) que se trataba de chavales a sueldo (y contrato guarro) de empresas promotoras terceras, declaraba que esta actividad, además de molesta y rompehuevos, era absolutamente antiética por parte de las entidades que utilizaban ese procedimiento.

Pues bien, a través de la revista en cuestión, me entero de que Greenpeace va a utilizar precisamente ese mismo procedimiento para aumentar la base social. Aclara, no obstante, la entidad, que se trata de trabajo en condiciones limpias: no van «a comisión» de tanto por alta sino que tienen un sueldo fijo y parece -dice quien, en este caso, es la empresa- que el sistema de trabajo es más humano. Bueno, ya me gustaría a mí oir directamente la opinión de alguno de los afectados (quizá pueda llegar a oirla, andando el tiempo), pero voy a presumir la veracidad del aserto.

Me sigue pareciendo un sistema inadecuado y metodológicamente sucio. La presunción anterior hará que no me dé de baja cuando me encuentre a estos chicos, como había prometido hacer en el artículo que citaba lejanamente al principio, pero sigue sin gustarme el método, que encuentro propio de discotecas, de peleteros baratos y de casas de putas.

La estética pide su parte en estas cosas y no es estético para una ONG seria -si fuera otra que yo me sé sería distinto- andar asaltando a la gente en plena calle; y menos aún cuando, como en el caso de Greenpeace, su presencia mediática es constante y habitualmente planteada con amabilidad por los medios. No sé qué más se puede pedir al respecto. Si con eso y todo, aún tienen que recurrir a técnicas de barrio bajo, es que algo anda mal en los planteamientos de la dirección.

De esas formas no saldrá nada bueno. Al tiempo.
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Me sigo sorprendiendo de la indiferencia con que el pueblo soberano se está tomando la estupidez hereditaria de trasladar la fiesta de Pentecostés al casi hexacostés por puros (se me había escapado la tecla y había escrito «putos»: no sé por qué he rectificado) intereses de partido y electoralistas. Recordemos que la fiesta de Pentecostés debería celebrarse el lunes 28 de mayo (es decir, al día siguiente de las elecciones) y que el heredero ha decidido decirnos cómo debemos vivir nuestra vida y nuestra opción política trasladando la fiesta al lunes siguiente (4 de junio) por real alcaldada.

Los barceloneses -y otros ciudadanos afectados: cuando Barcelona estornuda, toda su área metropolitana se constipa- no han dicho ni pío. ¡Ah, bueno! Si la fiesta sigue ahí, no viene de una semana; y a continuar planchando los calzoncillos que llevarán en la próxima cursa para la que el alcalde se sirva tocar el pito. Que con ese cambio se derrumbe estrepitosamente todo el significado tradicional y cultural de la fiesta, es algo que, al parecer, no importa; lo que importa es que no pare el espectáculo, no vayamos a tener tiempo y ocasión de meditar largamente lo pringados y lo sacos de mierda que somos como ciudadanos. Hasta los chimpancés de los fotógrafos callejeros son mejor tratados que nosotros.

Es inútil decirle a la chusma ludópata que la pérdida de referencias tradicionales y culturales lleva a la pérdida de nuestra identidad; y cuando hablo de identidad, no estoy pensando en si catalanes, españoles, tirios o troyanos, estoy pensando en una verdadera cosmovisión identitaria, lo que se ha dado en llamar cultura occidental, también apropiadamente denominada cultura judeo-cristiana. Renunciar a Pentecostés como seña nos acerca más a asumir el Ramadán como práctica obligatoria; no es hablar por hablar: nos dejamos perder la tradición y el significado de la festividad de Todos los Santos y nuestros hijos celebran ahora halloween. Y aún menos mal que eso no se festeja con turbante o con burkha. Me hacen gracia estos chavales que deambulan con pins de la estelada (la bandera independentista catalana) y luego, el 1 de noviembre, andan haciendo el capullo con una calabaza; menuda mierda de identidad propugnan esos atontados.

Pues nada, a divertirse… una semana u otra, qué más da.
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He leído por ahí que se van a arbitrar medidas de ayudas a fondo perdido para las familias que corran peligro de verse en la calle por impago del alquiler o de la hipoteca.Tengo un sentimiento contradictorio al respecto.

Por una parte, ya es eso: en una sociedad solidaria no es permisible que unos anden sobrados mientras otros no cubren mínimos y por eso hay que asumir -aunque no guste a los neocon- que tenemos que arrimar el hombro (cuestión distinta es que, al final, los que arrimamos el hombro acabemos siendo precisa y únicamente los que somos «suficientes» pero no «sobrados» y que éstos pasen del mambo; otro día volveremos sobre eso).

Por la otra, mi mujer puede atestiguar que desde que, hace unos años, cinco o seis, el precio de la vivienda se puso realmente abusivo y se empezó a hablar de esas hipotecazas inauditas, yo venía diciendo: «ya verás cómo en cuanto eso empiece a hundirse, acabamos pagando nosotros la factura».

En efecto, yo ya me imaginaba que el Sistema no puede tolerar una ruina excesivamente generalizada; una sociedad de consumo no puede soportar que los homeless constituyan un porcentaje de ciudadanos medido en dos cifras. Cuando los problemas son graves y extendidos, la gente tiende a encolerizarse y eso es malo para el chollo de muchos. O sea que se veía venir que los que nos hemos levantado la vida sin ayuda de nadie y con nuestro solo esfuerzo, íbamos a acabar pagando el pato. He aquí una de las buenas razones por las que acudo siempre que puedo a las manifestaciones pro-vivienda digna; siempre he sido perfectamente consciente de que la propia circunstancia personal importa poco: siempre hay un [amplio] sector de población -en el que me incluyo- que acaba pagando la cuenta.

Lo que me fastidia realmente no es ayudar a los necesitados: bastante tienen con lo que llevan y, además, en peores barbaridades se gasta mi dinero el pringue gobernante; lo que me fastidia es que eso es, de alguna manera, ayudar -retroactivamente- a los hijos de la gran puta que nos han llevado a esta situación: para ellos, para los puercos de los especuladores, esas ayudas no van a tener ningún coste (ellos, recordemos, no pagan impuestos: tienen sociedades de gestión patrimonial si es que no andan escaqueando la pasta en algún paraíso fiscal, que seguro que también y además) pero la causa que ha llevado a que se necesiten esas ayudas les ha generado beneficios repugnantes (repugnantes, obviamente para los paganos) y absolutamente desproporcionados. Ellos son los que tendrían que pagar el desaguisado y no los que llevamos un montón de años sudando la gota gorda y empujando una hipoteca -pequeña, en relación a lo que hay ahora, pero que no es moco de pavo- con el sueldo congelado.

Pero nada, nada. Aunque sea a costa de vivir de la subvención pública, lo importante, eso sí, es que la diversión no decaiga y que se pueda ir tirando.

Qué asco.
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Pues nada, hasta aquí lo que ha dado de sí este jueves, decimonono día de abril en el que la primavera-verano que arrastramos desde hace un año ha regresado después de tomarse unas breves y nada alejadas tres semanas de vacaciones. El próximo será 26, último del mes de abril y a las puertas de mayo. Dice el refrán que marzo ventoso y abril lluvioso hacen a mayo florido y hermoso. Bien: marzo ha sido bastante ventoso y abril ha resultado lluvioso. Ahora sólo queda ver si mayo va a venir florido y hermoso o, como dice otro refrán más subterráneo, «nos ha jodido mayo con sus flores».

Seguid atentos a «El Incordio», que esto es un no parar…

Posted in Los jueves, paella |

3 comentarios

  1. David Says:

    Quería comentar acerca de lo que dices sobre el sistema educativo, que cada vez más (y cada vez en niveles mayores) se está sufriendo un descenso del listón que a los chicos y chicas se les pone para aprobar una asignatura, y no sólo para pasar de curso con ellas suspensas. Trabajo en una librería en Ciudad Real y todos los días llegan padres, madres o los propios alumnos pidiendo algún libro de los que les obligan a leer en clase. Uno de estos libros es el Lazarillo de Tormes contado a los niños, de la editorial Edebé http://www.edebe.com/web3/linju/edb_pre_ficha.asp?id=2250&idi=1&colec=72

    Este libro, que la editorial recomienda para niños a partir de 6 años, lo están pidiendo en un curso de 4º de la COSA. Yo imagino que debe de ser extremadamente frustante lidiar con los críos a esas edades y encima pretender que se lean un libro, pero tratarlos como críos de 1º de Primaria me parece insultante y un camino del todo equivocado. Ya profesores míos de la facultad nos comentaron una vez (el último año de carrera) que lo que estaba entrando no tenía ni de lejos el nivel mínimo de conocimientos requerido para soportar una carrera.

    Otro ejemplo. En campaña de texto muchos chicos y chicas nos llegan pidiendo el Guorbuc de inglés y, cuando les preguntas el título (porque cada cuadernillo lleva su título, que normalmente coincide con el libro de texto que le corresponde), te contestan: Guorbuc. Si suspiras y pruebas a preguntarles por la editorial, su respuesta es de nuevo Guorbuc, y así hasta que sacas la pizarra y les explicas pacientemente que Guorbuc es Cuaderno de Trabajo en inglés y TODOS los libros de texto de la asignatura tienen uno. En fin, lamentable. Un saludo y a seguir dando caña.

  2. dsfafdaf Says:

    Cuchí, las ayudas para prevenir impagados tienen otro gran beneficiario: LA BANCA que se asegura por secula seculorum que el grifo de los ingresos sigue abierto aunque vengan muy mal dadas.

  3. Anonymous Says:

    Menudo razonamiento más brillante. No se si aplaudirte o desmallarme.

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