Borrasca barcelonesa
Jueves, 31 de mayo, último día del mes y baja caudaloso el río. Abrocharsus los cinturones, que vamos allá…
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Vaya, pues mira por dónde Jordi Portabella, el número 1 de ERC en el achuntamén en los últimos ocho años, me alegró las pajaritas ayer por la tarde dando la gran espantá y dejando al Hereu como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando, o sea, que si no es puro humo y fantasmeo, Hereu y los ecosostenibles -que diría la Rahola- van a tener que montárselo en minoría. El panorama es tan bonito que no me lo creo, qué va. No caerá esa breva.
Por supuesto, la prensa afecta al régimen sociata está que trina y acusa a ERC de veleta, de navegar sin rumbo y de inconsecuencia. Es de ver cómo viene el editorial de «El Periódico» de hoy pero, sin perjuicio de que detrás de todo esto no haya sino el habitual y puerco montaje para la mejora en el reparto del pastel, las razones que ha dado oficialmente Portabella para su «cuerpo a tierra» son impecables.
En primer lugar hace una valoración correcta de la abstención, derrumbando las habituales interpretaciones complacientes de los partidos; recordemos que Montilla llegó a decir que la abstención se produce porque a los ciudadanos ya nos están bien las cosas como están: más torticero, no se puede llegar a ser. Bueno, sí que se puede: el tío este de Madrid que dijo con todo el morro (y sin que nadie le haya saltado los dientes de un merecidísimo puntapié) que la abstención catalana se explica por la retransmisión televisiva del Gran Premio de Mónaco de Fórmula 1. Portabella viene a decir que de eso, nada, que la abstención no es conformismo sino todo lo contrario, puro encabronamiento, y que no se puede pasar sobre ella como quien salta un obstáculo en los 100 metros vallas. Luego, además y aparte de eso, se duele de los 43.000 votos perdidos en la ciudad de Barcelona, que suponen la mitad de las pérdidas en toda Catalunya, y de los más 150.000 que el tripartito municipal ha perdido en conjunto y en partes prácticamente proporcionales, atribuyéndolo también al cabreo ciudadano contra un modelo de ciudad con el que no está conforme.
Así enunciado, no puedo estar más de acuerdo con Portabella, y lo aplaudiría puesto en pie si no fuera por la negra sospecha de juego sucio que estoy casi seguro que se esconde detrás de la jugada.
Continúa un análisis a beneficio victimista de su propio partido, según el cual ERC paga la factura de cosas como la aceptación por parte de Hereu de las condiciones -intolerables, según ERC- para la transferencia de la titularidad del castillo de Montjuïc del Ministerio de Defensa al achuntamén o el empecinamiento de Hereu -al servicio de ciertos lobbyes, entre los que destaca el hotelero- para que el AVE pase por debajo del Eixample (luego hablo de esto). Y luego, un indefinido problema de modelo de ciudad. Bien, es evidente que el modelo de ciudad de Clos -que Hereu continuará, según todos los indicios- es insufrible para los ciudadanos barceloneses; lo que no explica Portabella es cuál sería el modelo alternativo que propone, salvo en vaguedades como «mayor concienciación de la capitalidad de Catalunya» y las ya manidas quejas sobre el aeropuerto, los trenes de cercanías y las infraestructuras en general. Quejas manidas, si bien no menos ciertas pero que, con todo, no definen por sí mismas un modelo de ciudad.
Quedo a la espera de ver cómo acaba esto, aunque conociendo el percal no me haga muchas ilusiones. Lo que no me quita nadie es el ratito tan bueno que he pasado viendo a la sociatada desorientada, presa del pánico y sin entender nada; e imaginándome una ciudad en la que, aunque malo y destartalado, hubiera algo parecido a un gobierno municipal y no los amos del cortijo.
Vanas quimeras de tul ilusión.
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¿Qué hubiera sido de las ideas de bombero del Hereu si en España -o, simplemente, en Barcelona- existiera una Comisión del Mercado de las Bicicletas? Pues que se hubiera tenido que envainar eso del bicing.
A beneficio de los no barceloneses, explicaré de qué va esto. Como ahora lo chupiguay en Barcelona es esto de la bici, el achuntamén la promociona a saco. No importa que sea peligrosa, que enrede, que fomente comportamientos incívicos en un significativo número de sus usuarios (y esto ya no sólo lo digo yo sino que es un clamor en toda la ciudad) y que una ciudad con pendientes importantes de mar a montaña no sea la más adecuada para este medio de transporte: es guay y ya está. Punto pelota. Sic stantibus rebus, al Hereu -en funciones de heredero- no se le ocurrió otra cosa que disponer un parque de bicicletas públicas, poniendo a disposición ciudadana dos o tres docenitas de esos chismes en cada parada de metro. Sumarse al sistema es realmente muy asequible y fácil (bueno, fácil solamente si se tiene conexión a Internet, única manera razonable de apuntarse a la cosa porque presencialmente parece que es una brasa de cuidado.
Pues bien: la iniciativa ha tenido un éxito bestial, hasta el punto de que ha habido que acelerar su implantación a marchas forzadas. Pero cuando digo «éxito bestial» me refiero a la cantidad realmente importante de ciudadanos que se han adherido al sistema en poco tiempo, no al hecho de que tanta adhesión responda a las espectativas de uso que tenía el achuntamén. Porque, efectivamente, se ven muy pocas de esas bicicletas (se las distingue muy fácilmente) circulando en horas punta; además de otro síntoma: los estacionamientos de la parte baja de la ciudad están abarrotados mientras en no pocos de las zonas más geográficamente altas no hay vehículos disponibles.
Esto quiere decir dos evidentes cosas: la primera, que el sistema no está siendo usado en los desplazamientos cotidianos, y la segunda -obvia consecuencia de la primera- es que el invento no constituye sino un artilugio más de ocio -sin que contribuya a la mejora de la movilidad en la ciudad ni para unos ni para otros- a beneficio de los ciudadanos perezosos. Está claro: se coge una bicicleta en la parte alta de la ciudad, se baja hasta el puerto sin dar apenas pedalada, se pasea por el prado tolón tolón (puerto, parque de la Ciutadella, lugares más bien planitos) y después se deja por allí y se vuelve a casa en metro (pedalear en subida, que lo haga el Hereu). Como se obligara al tomador a dejar la bicicleta en el mismo lugar en que la encontró, los artefactos se iban a oxidar en el sitio.
Consciente de ello, la patronal del alquiler de bicicletas ha puesto el grito en el cielo, clamando por esta obviedad: el invento del achuntamén no sirve al propósito de una mejora de la movilidad de los ciudadanos sino al ocio festivo, con lo cual, se les chafa a ellos la guitarra en flagrante distorsión del libre mercado.
El problema de la patronal bicicletera es que no tiene a su servicio una Comisión del Mercado de las Bicicletas que obligue al achuntamén a constituirse en operador ciclista y a no invertir en el invento ni un céntimo de dinero público, como tan eficientemente se lo monta su homónima de las Comunicaciones, siempre presta al servicio de las compañías de la cosa. Ya ves: unos nacen con estrella y otros, estrellados. La vida ciclista profesional siempre ha sido dura en cualquiera de sus facetas; da igual ganarse la pasta encima del sillín (hay que estropearse el cuerpo metiéndose potingues si quiere uno comerse un rosco) que ganársela alquilando el sillín a terceros (viene el achuntamén y te hace la competencia empleando el dinero público).
Si es que no somos nada ni pedaleando…
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Colea, colea lo del AVE pasando justo debajito del Eixample barcelonés. Pese a las reiteradas afirmaciones closísticas y hereditarias de que el AVE pasará por debajo del ensanche barcelonés, más o menos bajo las calles Mallorca y/o València, que la cosa está decidida y que no hay nada más que hablar, la guerra vecinal -con el apoyo precisamente de ERC, y en esto conecto con la primera entrada- sigue vigente y caliente.
El apoyo que ha obtenido el vecindario por parte del Patronato de la Sagrada Família, que ha contestado severamente el paso del tren por sus proximidades, ha dado alas a la movilización del sector más emblemáticamente burgués de la ciudad, que pelea incansable pese al cerrojazo muncipal sobre la cuestión.
Hombre, yo he hablado con arquitectos y con ingenieros d emi entorno personal y todos dicen lo mismo: por una parte, la obra puede emprenderse en razonables condiciones de seguridad y, si se hacen bien las cosas, la Sagrada Família no habría de correr un peligro de consideración; por otra parte, reconocen que el único riesgo que verdaderamente no existe es el que no se corre.
A ningún español, por alejado que esté de la vida catalana, habré de explicar lo que significa para los barceloneses en particular, y para los catalanes en general, la Sagrada Familia. Tanto es así que creo no exagerar si digo que su derrumbamiento -aún accidental y, fijáos, aún sin causar víctimas- sería aquí muchísimo más traumático de lo que fue en Nueva York lo del 11-S.
Por eso no se entiende que se quiera correr riesgo alguno, por mínimo que sea, con tan preciado y precioso monumento; y en la parte en que se entiende, roza, llanamente, lo criminal. Porque pensar que se pueda poner en riesgo la Sagrada Família por la presión del gremio de Gaspart y de unos cuantos mercachifles de alto standing del paseo de Gràcia y adyacentes, clama prisión incondicional e incomunicada.
Es más (y creo que no es la primera vez que lo digo): hace no más allá de veinte años, un accidente en la Sagrada Família causado por una obra pública realizada a la trágala -como en las presentes circunstancias- hubiera dado lugar a una reedición de la Semana Trágica; ahora, con la ciudadanía exangüe mental y con horchata en el sistema vascular, no llegaría a tanto la cosa, probablemente, pero creo que si algo así ocurriera, muchos concejales habrían de abandonar la ciudad para siempre… por propia y física seguridad.
En lo que a mi opinión respecta, si tal cosa llegara a suceder, sería obligado pedir… explicaciones… a los consejos de administración de todos los hoteles ubicados entre las calles Pau Claris y Balmes y entre Rosellón y Gran Via. Como mínimo.
Se ponga como se ponga quien se ponga, para los ciudadanos sólo hay una opción: el AVE, por el litoral. Y el empecinamiento en lo contrario es una de las muchas causas que explican la abstención, aunque el Hereu se empeñe en mirar para otro lado.
¿Podrá Portabella obligar a la sociatada y a Gaspart a envainársela? ¿Querrá hacerlo, pudiendo? Misterio. Pero creo que no tardaremos muchos días en saberlo… o en poderlo predecir.
Pero me temo, como siempre, lo peor.
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La paella entra en junio, el mes en que llega el verano. Será en día 7, el primer jueves de los cuatro que tendrá el mes y es posible que, si el cachondeo sigue, en estos días que faltan aún hagamos unas cuantas risitas, aunque sean previas al llanto y la frustración que seguramente no esperan al final de todo proceso político.
Me quedan temas en el tintero: la policía autonómica catalana, el uso de la sorprendente expresión «ganar las elecciones», tan cara a los fracasados como estúpida, porque en nuestro sistema electoral las elecciones ni se ganan ni se pierden, sino que mediante a ellas se accede o no a órganos y gobiernos; y algunas coss más. Las iré sustanciando en «pequeños bocaditos» o las dejaré para la próxima paella.
Según ande la inspiración.
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