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Tiro al Google

July 3rd, 2007 por Javier Cuchí

La noticia de la incalificable demanda que la $GAE ha interpuesto contra Julio Alonso, autor de «Merodeando» por lo que no fue más que una simple noticia, ha conmocionado a la red y ha generado comentarios durísimos como este de Enrique Dans en «Libertad Digital». Esta demanda confirma un comentario muy extendido en la recientísima asamblea de la Asociación de Internautas en el sentido de que Teddy Bautista podría estar ya muy pasado de rosca y completamente ajeno a la realidad. Dicho comentario viene adicionalmente abonado por el hecho de la incoación de expediente disciplinario contra un opositor, candidato alternativo a la actual dirección de la $GAE -en unas elecciones, por cierto, impugnadas- por un discurso pronunciado en el ejercicio de esa oposición de modo firme pero en absoluto irrespetuoso y mucho menos injurioso. La necesaria conclusión es que en la $GAE hay orden de disparar contra todo lo que se mueva y de tirar primero y preguntar después, lo cual es un evidente signo de pánico. Y aunque esto puede ser un indicio de algo muy de celebrar, quizá convendría dejar tranquilas las copas, de momento, porque el monstruo, por más herido de muerte que esté (si es que lo está), aún sigue vivo y muerde fuerte, con lo que su canto del cisne podría ser un aún más extenso derramamiento de sangre litigiosa, por si lo de hasta ahora no era bastante.

Sin embargo, esta vez podría no ser la $GAE la más perjudicada por su propia barbaridad; después de todo, su prestigio en la red no puede estar ya más deteriorado de lo que está, así le endilgara una querella criminal al mismísimo Stallman, y en la calle puede aún perder mucho y lo perderá, es inexorable, pero de modo más lento y por causas más globales, más generales, no por un pleito a un blogger tan conocido en la red como ignorado fuera de ella.

Las ametralladoras de la opinión internauta apuntan esta vez -y con fuego de gran calibre- a Google. Javier Casares, administrador del prestigiosísimo «Ojo Buscador», medio muy consultado y escuchado en materia, precisamente, de buscadores y portales, pone a Google al caer de un burro a raíz de la demanda de la $GAE contra Alonso centrándose en la capacidad de mangoneo de la sociedad de gestión de derechos peseteros de autor sobre la empresa del famoso buscador. Y si el artículo de Casares es durísimo, habría que calificar de «demoledor» el que escribe Enrique Dans en su propia bitácora.

No es broma: tanto Casares como Dans son dos pesos pesados de la red y sus respectivos artículos tienen un valor añadido en el presente caso: mi tocayo y compañero de la AI habla en un ámbito en el que es una autoridad; conviene no olvidar que su página se llamó inicialmente «Googlemanía» y que hace dos años tuvo que cambiarle el nombre al recibir un gruñido de Google, celosa de su imagen de marca; y Enrique Dans utiliza en este caso un en él muy poco habitual lenguaje durísimo que emplea, además, como un especialista en el mundo de la empresa. La dureza del mensaje de ambos, sumada a la especialidad de cada cual -distinta, pero confluyente en Google, en este caso- es un más que claro timbrazo que debería sonar muy fuerte en las dependencias de Google España.

Pero… ¿por qué Casares y Dans apuntan a Google en razón del pleito de la $GAE contra Julio Alonso? Porque Google está en el origen de la cuestión, pero podría muy bien ser, además, la causa de la misma.

Todo empezó con un Google bombing contra la $GAE. Un Google bombing es un movimiento colectivo en red -puede llegar a ser generalizado y, de hecho, casi lo fue, en este caso- mediante el cual, utilizando enlaces y tags de HTML preestablecidos puede lograrse que una persona o corporación aparezca en primer término de los resultados de una búsqueda en Google asociada a un término que puede ser laudatorio o denigratorio. En este caso, se consiguió que la búsqueda de la palabra «ladrones» arrojara la página de la $GAE en primer lugar del resultado. Con menos éxito -pero también con cierta notoriedad- se asociaron las siglas SGAE con la expresión «Siempre Ganamos Algunos Euros».

Evidentemente -y eso es comprensible- a la $GAE le sentó el asunto como una patada en los mismísimos y empezó a maniobrar (tras haber calificado a Google de «fascista»). En primer lugar, hizo que sus abogados enviaran una carta amedrentadora a Julio Alonso, que había publicado en su citada bitácora la noticia de ese Google bombing, en un simple tono periodístico y sin valorar, para bien ni para mal, la ética (o no) de la iniciativa; por pura cortesía, Julio ofreció retirar o rectificar los términos que la $GAE pudiera considerar ofensivos y la $GAE respondió exigiendo una rectificación -al puro dictado- que volvía del revés la íntegra redacción original, a lo que Julio se opuso. Simultáneamente, en segundo lugar, presionó a Google para que desactivara el bombing.

¡Lo increíble es que lo logró! La $GAE pudo imponer a Google lo que, hablando en plata, no es sino una falsificación de sus propios resultados y, en definitiva, un fraude al usuario. Si a esto se añade el sometimiento de Google a las exigencias censoras de la dictadura China y ya, en el colmo de la tomadura de pelo al usuario, la pública venta de la «mejora» de los resultados de las busquedas a beneficio de las empresas que quieran pagarla («educando al usuario», tiene la jeta de llamarlo, encima), ya tenemos al buscador por ahora más usado puesto en una fea picota. Fea picota que, por supuesto, se tiene bien merecida.

Ya dije hace mucho tiempo -y reiteré hace poquísimo- que Google me producía una gran inquietud, que la posesión de una tan ingente cantidad de datos durante tanto tiempo (cosa que, por cierto, está siendo investigada por la Unión Europea y, aquí en España, por nuestra Agencia de Protección de Datos) acabaría induciendo a la empresa a usarla y que temía una cierta -o total- micro$oftización del grupo. Bueno, pues ya lo tenemos ahí. Y siendo cosas serias, son solamente la punta del iceberg que puede haber bajo ellas.

Sería una lástima. Google ha sido el ejemplo favorito que hemos utilizado los que tratábamos de explicar cómo puede funcionar -y a toda máquna- un negocio en red basado en la prestación de servicios gratuitos al usuario; además, la empresa del buscador se distinguió, hasta la aparición de estas graves corruptelas, por su amabilidad hacia dicho usuario al que prometía justamente lo contrario de lo que da la dichosa Micro$oft y que se traslucía en la gratuidad y en la calidad. Si tan hermosa manzana contiene un gusano venenoso, la decepción va a ser enorme. Pero para nosotros, los usuarios, sólo va a ser eso, una decepción, así que tampoco nos cortaremos las venas: nos limitaremos a buscar a otro que nos dé lo mismo y seguro que, ante tanto afán, no faltará quien nos lo dé.

De modo que, en definitiva, la que saldrá perdiendo, a la larga, será la propia Google. Y, probablemente, también la $GAE.

Ojalá, en este último caso.

De la serie Correo ordinario |

3 comentarios

  1. ¿Todos contra Google? Says:

    […] Tiro al Google […]

  2. Anonymous Says:

    Mientras pierda $GA€ me vale

  3. El Incordio » Blog Archive » El lado oscuro de Google Says:

    […] ya he dedicado dos o tres entradas en «El Incordio» (una de ellas muy reciente y, precisamente, relacionada con el caso que nos ocupa) y en toda la red, incluso en medios externos a ella, la desconfianza hacia la posesión por parte […]

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