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El lado oscuro de Google

July 18th, 2007 por Javier Cuchí

Ayer se encendió, en la lista de socios de la Asociación de Internautas, la mecha lo que bien puede llegar a ser un escándalo de dimensiones imposibles de determinar en este momento. Javier Casares, administrador de la popular y técnicamente muy prestigiosa página Ojo Buscador, dedicada, como su nombre indica a la tecnología de los buscadores, a su transcurrir por la vida de la red y a su influencia en los ámbitos de la misma, denunciaba el cierre de su cuenta de Google, de forma unilateral por parte de esa corporación, por motivos ignorados. Según cuenta el propio Javier, al ponerse en contacto con Google, la explicación ha sido «que habrá vulnerado alguna norma contractual con la empresa». Así, sin más. Su estupefacción y una primera descripción del daño puede verse en esta entrada de su bitácora personal.

Está claro que hoy va a ser un día de caballo para nuestro compañero -depende económicamente, al menos en parte, de aplicaciones de Google como Adsense- pero también puede convertirse -y quizá no muy a la larga- en un día de infausta memoria para Google. Ni «Ojo Buscador» es una paginilla de tres al cuarto ni Javier Casares Durky es un pringado cualquiera: aunque no tenga, ni de lejos, la potencia del [de momento] más usado buscador de la red, es un profesional con una reputación muy sólida y un experto tenido en muy alta consideración en ámbitos importantes de la red. Aparte, como guinda del pastel, de ser uno de los socios más antiguos de la Asociación de Internautas y de que, por tanto y por supuesto, nos va a tener a todos a su lado como un solo hombre. Ojo, que son unas cuantas bitácoras a su lado como un solo hombre.

Me parece más que evidente (y no sólo a mí) que Google ha emprendido el camino de la represalia. El artículo que Casares publicó en ojo buscador sobre la influencia de la $GAE en Google a raíz de la demanda que la sociedad de gestión de derechos peseteros de autor interpuso contra Julio Alonso, autor de Merodeando, por haber publicado una noticia sobre el googlebombing a que fue sometida la entidad en cuestión, artículo que causó importantes escozores a la empresa del buscador, de lo cual le acusó recibo a Javier; nos lo explicó prolijamente el propio interesado durante el fin de semana en el que se celebró la última asamblea de la Asociación de Internautas.

Todo esto conforma un panorama en el que aquella imagen amigable y de buen rollo que Google supo asociar con su marca se está desvaneciendo y, además, a toda velocidad. Yo mismo ya he dedicado dos o tres entradas en «El Incordio» (una de ellas muy reciente y, precisamente, relacionada con el caso que nos ocupa) y en toda la red, incluso en medios externos a ella, la desconfianza hacia la posesión por parte de Google de cantidades ingentes de datos de sus usuarios que condiguran la entera vida de todos y cada uno en red, es cada vez más patente y evidente. A lo mejor es una exageración por mi parte, seguramente, vete a saber, pero según cómo rueden las cosas podríamos estar contemplando, como quien no quiere la cosa, una de las más espectaculares muertes de éxito que nos habría deparado la historia del mundo de la empresa.

Parece que el crecimiento -sobre todo cuando es exponencial- trae estas cosas: esta especie de soberbia corporativa tan habitual en las grandes empresas, y más cuando hace relativamente pocos años eran un negociete de cuatro pringadillos y el cabo, que resulta tan irritante al cliente. Y más cuando el cliente es consciente de que es su fidelidad, su confianza cuando era un invento pequeñito, la que ha llevado a esa empresa a estar en lo más alto. Lo hemos visto también en el mundo musical, donde hemos podido observar cómo chiquilicuatros venidos a más -incluso no pocas veces sin el concurso de méritos propios- se han autoerigido en grandes profetas de no se sabe muy bien qué y se han dedicado a impartir ética por los siete mares y a calificar de «ladrón» a media Humanidad.

Casi todos los que estamos en red -por no decir todos- tenemos algo que ver con Google: desde simples usuarios de su buscador hasta personas que basan su vida en red en recursos de esta empresa, que son muchísimos (verlos aquí, y no están todos, sólo los disponibles en castellano), lo cual quiere decir que, de un modo u otro, en mayor o menos medida, todos estamos en manos de Google. Por no hablar de la cantidad de datos que le hemos suministrado y cuyo uso no controlamos. Lo que le han hecho a Javier Casares tendrá necesariamente consecuencias, aún contando con que la gente es gilipollas del todo.

Quien debe estará la mar de divertido, si se produce ese bajón de Google en la misma proporción que, según parece, está experimentando su credibilidad, es Ballmer, el Gran Pitufo de Micro$oft, que vería una mella en una de las dagas que amenazan la yugular del monopolio de Redmond: la de la red, que es Google, y la del paquete de software, que es el software libre. Hay una tercera, que es la propia negligencia de Micro$oft desarrollando sistemas operativos, pero esa cuestión no hace al caso hoy.

Porque, efectivamente, a diferencia de Micro$oft, Google no es un monopolio: es solamente la empresa que, al gusto de la inmensa mayoría de los usuarios, lo hace mejor; si Google desapareciera, todos la echaríamos de menos -unos más que otros, pero todos- pero ahí estarían, perfectamente dispuestos (y gustosísimos) para sustituirla Yahoo y la propia Micro$oft. No creo que ganásemos nada, ni en garantías para nuestra intimidad, ni en cantidad, ni en calidad de servicios, pero como sucedáneos ya están bien y con ellos -al menos, con Micro$oft- ya estamos habituados a hacer de putas y, encima, pagar la cama. No parece que el personal esté muy dispuesto a conceder tan asiática licencia a otro más.

Google debe rectificar y debe hacerlo sensible y rápidamente. Google debe mejorar de manera importante su sistema de garantías de la privacidad de sus usuarios y debe acometer serias obras de reparación en su imagen externa que, en los últimos tiempos viene bastante dañada. Sería una buena forma de empezar darle un buen (y público) puntapié en el trasero al autor del despropósito que ha sufrido Javier Casares pero no estarían de más otras medidas como, por ejemplo, levantar (y hacerlo claramente) la falsificación en los resultados de sus búsquedas; y no estoy pensando solamente en la que neutraliza -sólo parcialmente- el googlebombing contra la $GAE sino, sobre todo, en ciertos beneficios que se sospecha producen a favor de ciertas corporaciones debidamente paganas los resultados de algunas búsquedas.

Nos esperan acontecimientos interesantes en los próximos días. Quizá en las próximas horas.

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Un comentario

  1. El lado oscuro de Google « Bloguear por bloguear… Says:

    [...] colgado en la página de descargas). También, Javier Cuchí propina un fenomenal varapalo desde su Incordio a la empresa [...]