Cooperativismo blogger
Alguien soltó por ahí la semana pasada la especie de la posible creación -en Estados Unidos- de un sindicato de bloggers. Y, naturalmente, Daniel Rodríguez ha saltado como un muelle; no podía esperarse menos de quien tan poco sufre a los sindicatos tradicionales (aunque no son pocas las ocasiones en que los sindicatos tradicionales dan excelentes razones para que no se les sufra, incluso desde posiciones sociopolíticas diametralmente opuestas a las de Daniel); en el mismo sentido, aunque desde puntos de vista algo diferentes, Enrique Dans también levanta una ceja escéptica (con perdón de J.J. Benítez, no vaya a sentirse injuriado) ante la idea del sindicato blogger.
La verdad es que tampoco lo entiendo mucho y no lo entiendo porque no comulgo con la idea de que se llame «bitácora» a todo aquello que tenga la fisonomía de una bitácora sin buscar otros requisitos. Una bitácora de empresa, para mí no es una bitácora; como tampoco lo es la de un señor al que le pagan por hacerla, aún admitiendo ante un caso concreto que ese señor pueda ser independiente. Porque, en mi modesta opinión, lo que caracteriza a una bitácora, en lo referente a su autor, no es solamente que su pensamiento sea independiente sino que su motivación sea espontánea, porque esa espontaneidad tiene un valor también determinante. Un blogger es un señor (o un pequeño grupo de señores) que dice lo que le parece, porque le parece y cuando le parece. Si por mor de una remuneración ese señor está obligado a decir algo, lo que sea, con una periodicidad determinada, y ya no digamos si lo que dice ese señor ha de responder a una determinada línea ideológica, comercial o editorial, entonces estamos ante un medio digital que, sin perjuicio de que pueda ser muy interesante, muy plausible y muy digno de ser tenido en cuenta, no es una bitácora ni su autor un blogger; es otra cosa que tiene otras características. Ni mejor, ni peor: solamente otra cosa.
Hay particularidades y casos que nos pueden hacer entrar en duda. Por ejemplo, la blogosfera que se promueve desde IBM para que sus empleados escriban en ese ambiente y que oí describir hace unos meses en un acto de Barcelona Digital en el que intervenía, por cierto, el propio Enrique Dans. Si me lee, seguro que lo recordará. Bien: a la luz de lo que dijo el blogger de IBM que intervino en la charla, y según el cual esos bloggers aparentemente corporativos son libres de decir absolutamente lo que quieran (salvada, lógicamente, la ética profesional, por supuesto) y cuando quieran, habría que convenir en que sí, en que estaríamos ante verdaderas bitácoras (también hay que tener en cuenta que estos blogs no constituyen una exigencia profesional ni IBM paga por ellos). Tampoco obsta para su auténtica naturaleza el que el autor de una bitácora obtenga dinero de ella a través de la publicidad, cuando menos siempre que esa publicidad no sea tan… específica… que induzca a pensar que el blogger (y, consecuentemente, el contenido de la bitácora) está en manos de tres o cuatro marcas. Insisto: independencia y espontaneidad como dos requisitos absolutamente invariables.
Así las cosas, no parece que un «sindicato de bloggers» sea posible porque no hay relación laboral (ni siquiera mercantil) que valga y, por tanto, el sindicato es una modalidad fuera de lugar en este ámbito.
Otra cosa es que pudiera pensarse -y quizá debiéramos ir pensando- en un asociacionismo en el que los autores de bitácoras colaboráramos y aunáramos nuestras fuerzas para combatir males que nos afectan a todos -o que pueden afectarnos a todos en un momento determinado- como, por ejemplo, esa loca demasía que se está produciendo, hasta hacerse ya crónica, con el cuento este de las demandas por injurias: habría que hacer lobbyng para cambiar la legislación; habría que pensar, quizá (y como única y exclusiva concesión al modelo sindical) en la creación de «cajas de resistencia» que permitieran afrontar de forma cooperativa la imposición de indemnizaciones, ocasionalmente cuantiosísimas, que puede llegar a sufrir un padre de familia normal con un sueldecito normal o menos que normal; habría que coordinar la presión defensiva y de contraataque cuando se sufriera cualquier tipo de agresión ilegítima (aunque fuera legal), habría que establecer seguros de defensa jurídica, etc.
Porque entre $GAEs, magufos y otras hierbas que demasiado a menudo forman corporaciones muy potentes, los autores de bitácoras estamos espantosamente solos frente a exigencias de responsabilidades frecuentemente inasumibles. El solo pánico ante la posibilidad de afrontar un pleito hace que muchos bloggers renuncien sin lucha a derechos sagradísimos, como el de la libertad de expresión, y retiren contenidos ante la simple carta de los servicios jurídicos de una empresa o sociedad que se siente «injuriada». La guerra es muy dura, pero en soledad lo es aún más: tendríamos que aprender a asumir todos un poco del sufrimiento del agredido y hacer más llevadero tanto el combate como una eventual derrota. También la victoria, en este caso, sería un poco más de todos.
¿Será posible algún día?
De la serie Pequeños bocaditos |








