Negligencias
Window$ como siempre, claro, dando por el saco. Pero, lo que es más gracioso, dando por el saco, sobre todo, a su propia clientela pagana, a la luz de lo que comenta Enrique Dans. Y es que la mayoría de los usuarios W$ no escarmienta: abotargados en su pereza y en su infame ignorancia, no dudan en entregar su máquina y sus datos al primero que llega. Y si fueran sus datos, allá películas, que se jodan; el problema es que, en un indeterminable número de casos, también son los míos, porque nadie puede evitar que un tío equipado con la cosa repelente esa de Micro$oft meta ahí datos personales de terceros: desde luego -y como mínimo- una dirección de correo electrónico. Y así echan humo los filtros antispam de Thunderbird y de Gmail para cepillarse los más de quinientos mensajes basura que, en promedio, recibo cada día. No está mal, teniendo en cuenta que tanto la máquina como las cuentas afectadas son de uso privado.
El problema trasciende del interés particular. Siempre asentimos cuando escuchamos la idiotez esa de «oye, mira, yo no quiero complicaciones, yo quiero que el ordenador me haga las cosas y ya está» (por supuesto, el que me diga eso queda muerto para mí el día que me pida ayuda porque le han venido las complicaciones que con tan estúpido afán se está buscando: que vaya a un informático o a un pc-clínic y que pague a tocateja y que se joda dos semanas o tres sin ordenador y -en caso de un clínic de esos- que no se amargue después con la chapuza que de buen seguro le harán en un sesenta por ciento de los casos; además, yo, de Window$, no entiendo). Eso es como decir: «oye, mira, yo no quiero complicaciones, yo quiero que el coche me lleve y ya está; y si contamina, me da igual; y si los frenos van com-si-com-sa, mientras más o menos frene, me da igual; y si las luces traseras no funcionan, me da igual». Intolerable ¿verdad? Pues eso. Ellos son muy dueños de regalarle a Micro$oft una máquina de mil euros, son sus euros y es su propia gilipollez, personal e intransferible; pero de lo que no son dueños en absoluto es de regalarle a Micro$oft mis datos personales y eso por hablar solamente de Micro$oft, porque con ese sistema operativo, esas máquinas son como el retrete de un chiringuito: entra cualquiera con sólo abrir la puerta. Por tanto, cabrón o puta de mierda, nada de menfoutismes: eres responsable de lo que pasa con tu máquina de la misma forma que lo eres de lo que pasa con tu coche. Y si no estás dispuesto a asumir esta responsabilidad, ya sabes: vuelta al boli y chateas por teléfono.
Porque una cosa es que un delincuente te machaque la máquina pese a que hayas tomado todas las precauciones (hasta donde sea posible decir eso de «todas»), lo cual es inevitable y si te toca, te ha tocado, y otra cosa es que te importe todo tres cojones y andes regando todo el ancho de banda con datos ajenos, que es como va por ahí la mayoría. Precisamente -cito nuevamente a Dans- en su artículo de esta semana en «Libertad Digital» recogía una reciente encuesta, patrocinada precisamente por Micro$oft, de acuerdo con la cual un 58 por 100 de los internautas desconoce amenazas en red elementales como el spam, el spyware o el phishing y más de un 80 por 100 abre de manera habitual mensajes de correo basura. Ojo: internautas norteamericanos; asusta pensar en esta misma encuesta realizada en España, aunque en este país de listos lleno de merluzos que están de vuelta sin haber ido jamás, las cifras serían probablemente más suaves… ocultando una realidad tremendamente peor. Cualquier administrador de redes nos dirá (si no está afónico de tanto pregonarlo) que la mayoría de las amenazas serían de risa si no fuera por la ignorancia cutre y salchichera de los usuarios, que el nivel medio de la idiotez nacional en Alicante es altísimo, una verdadera riada de negligencia usuaria, y que el virus más gordo al que se enfrenta un administrador de sistemas es la dejadez del usuario en materia de seguridad.
Pero no es el caso de Window$ el único en el que el usuario compra una máquina (y nada barata) para que, en definitiva, no sea suya, permanezca en propiedad de un tercero: tenemos a un montón de engominados babeando como monos a la espera de que empiece a venderse el famoso iPhone para darse el gran farde en el clu náutico. Farde que, en puridad, habría de consistir en dejarse, así, en plan sobrado, no sé cuantísimos centenares de euros en una máquina cuyo dueño es y seguirá siendo su fabricante; y ya no entro en las capacidades reales que va a tener esa máquina porque la estupidez es libre (siempre que sólo le afecte a uno, claro está).
Yo no lo entiendo. Es como comprarse un coche que sólo pueda circular por determinadas carreteras y que, además, el número de carreteras restringidas pueda, en cualquier momento, verse aumentado a gusto y ganas del fabricante; o que el fabricante pudiera exigirnos el cambio de ruedas cuando le diera la gana y por el modelo que le diera la gana; o que el fabricante decidiera, unilateralmente y de un día para otro, que ya no fabrica más piezas de recambio para ese modelo y ojo con fabricarlas artesanalmente que chocaremos con su propiedad intelectual. Por qué nadie aceptaría eso en un coche y todo el mundo lo traga con un ordenador o con un móvil más o menos smartphone es un misterio que sólo se explica por lo dicho, por la idiocia infinita y/o (normalmente «y»), la ignorancia supina y/o (normalmente «y») una pereza mental de categoría burrera.
Nuestra compulsividad consumista -ahí ya tengo que hablar en primera persona porque de eso no está libre nadie- nos lleva a tragar carros y carretas y estamos pagando a peso de oro productos y servicios que son una verdadera mierda. Nos están estafando en masa y, a perfectas sabiendas -porque no lo ignoramos en absoluto aunque miremos para otro lado-, pasamos por el aro como verdaderos cabestros. No deja de estarnos bien merecido todo lo que nos pasa y lo he dicho muchas veces: pequeños y breves sacrificios realizados masivamente como boicots podrían dar resultados enormes, podríamos infartar de miedo a esos cabrones. Pero parece que la más pequeña privación, aún en lo más superfluo, es demasiado pedirle a una sociedad franca y realmente decadente. Es mejor que nos estafen, nos timen y nos engañen y que comamos mierda mal servida. Pero la mierda, al menos, que no falte.
El boicot es un pequeño sacrificio que tiene una ventaja: el sacrificado -como colectivo- elige cuándo, cuánto y con qué; de qué me privo, de cuánto me privo y cuándo me privo. Cuando no se hace boicot, el sacrificio llega, brutal, desproporcionado, inoportuno, improductivo y forzoso. No quisiste esperar un año a comprar tu casa, rechazaste retrasar un simple año tu proyecto vital: ahora te las ves y te las deseas ya no para irte de vacaciones, ya no para pagar los muebles: para pagar la hipoteca. Pero el que te vendió por 400.000 euros una mierda de piso, ya ha cobrado; el banquero, no lo dudes, cobrará también. Y tú, te jodes.
Lo dicho: lo tenemos bien merecido.
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August 28th, 2007 at 20:10
No me canso de decírselo a mis clientes, las medidas de seguridad de los programas están diseñadas para joder única y exclusivamente a los clientes legales. Porque no me explico cómo es posible que las versiones pirateadas, que tienen éstos sistemas de “ventajas” desactivados, funcionen mejor. A la cabeza me vienen montañas de estiércol de la programación como FacturaPlus y similares…