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Bichos

May 17th, 2008 por Javier Cuchí

Me llaman mucho la atención -y me indignan- las reacciones administrativas -léase «políticas», en la mayoría de los casos- ante lo desconocido: casi siempre se inclinan hacia la prohibición; y la prohibición sólo puede ser soslayada mediante una declaración de guerra judicial por parte del ciudadano. Guerra judicial cansina, costosa y agobiante durante la cual no pocas veces hay que luchar también contra la propia ignorancia de los jueces. Los internautas sabemos mucho, por experiencia propia, de esa estúpida reacción político-administrativa y de la endémica esclerosis pública para adaptarse a los nuevos tiempos sociales, tecnológicos… o alimentarios.

Sí, porque hoy no voy a hablar de la red. Como hoy es Día de Internet (ya le vale al inventor) voy a hacer fiesta, igual que el 1 de mayo, Día del Trabajo, no fui a trabajar. Hoy voy a hablar de gusanitos, hormiguitas y otros insectos a los que habitualmente no les otorgamos otro papel que el de dejarlos vivir -ejem, más o menos- para que vayan cumpliendo su función en la naturaleza. Pero hay quien se los come.

Parece que en zonas de África y de América la ingesta de bichejos es común y forman parte de la dieta habitual de muchos pueblos. Incluso desde pequeño vengo oyendo que los americanos -o sea, los norteamericanos- tienen como exquisitez gastronómica las hormigas tostadas, pero no sé si será una leyenda urbana porque nunca he oído tal cosa en boca de nadie que haya vivido allí un tiempo relativamente largo. Quizá, si es que es cierto, y constituya una exquisitez tan costosa que las pocas personas que conozco en esas circunstancias, que son de clase muy media, no hayan podido acceder a tan caro manjar; entre mis amistades no está precisamente Bill Gates, no sólo por las razones que son notorias para mis lectores, sino por una obvia cuestión de encuadramiento socioeconómico.

Pero resulta que en Barcelona hubo un avispado -y, en este caso, simpático- mercader que, con base en el mercado de la Boquería, una especie de «ciudad prohibida» para los barceloneses por estar permanentemente abarrotado por la tocinada guiri, se puso a comerciar con invertebrados a título alimentario, como diversificación de su actividad de vendedor de delicias micológicas, vulgo setas. Y el hombre se lo montó tan bien y de forma tan original, que empezó a salir por la tele y a aparecer en las guías turísticas. De esto hace cuatro años.

La Administración, sin embargo, ni lee guías ni ve la televisión, por lo que, oficialmente, no se cayó del guindo hasta hace un año, cuando unos inspectores del achuntamén, adscritos a la cosa de la seguridad alimentaria, aparecieron por allí y se percataron del original comercio de nuestro héroe. Catapultados que fueron sobre la normativa en materia de consumo -y seguro que, por si las moscas, sobre las ordenanzas fiscales- se encontraron con el silencio normativo más absoluto. Consultaron, como es de ver, a la Agencia Española de Seguridad Alimentariia y Nutrición, que aseguró hallarse en la misma inopia legal, pero aclaró -ojo al dato- que tan peculiares productos no suponían peligro alguno para la salud del consumidor. Los organismos europeos también fueron debidamente pillados en bragas normativas ante la cuestión.

¿Qué hacemos?

Racionalmente, se me ocurre que podían hacerse dos cosas. La primera: nada. Si el comercio de este señor no está prohibido, se supone que no hay nada que hacer, porque hay un principio general de nuestro derecho que viene a decir que todo aquello que no está específicamente prohibido, está permitido (salvo en lo que se refiere al propio funcionamiento de la administración pública, y ésa es la principal razón para no hacer nada: al no estarle permitido al organismo público hacer algo concreto, no hay nada que pudiera hacer). La segunda, si a alguien le daba dentera dejar las cosas tal cual, hubiera sido pactar con el comerciante (que no imponerle) la pública exhibición de un letrero que dijera algo así como «La venta de insectos para su consumo alimentario no está prevista en la legislación española ni en la europea, por lo que no puede considerarse prohibida. No hay constancia alguna, por otra parte, de que su consumo sea perjudicial para la salud. Ello no obstante, el consumidor, una vez advertido de ese vacío legal, debe saber que adquiere y consume esos productos bajo su estricta y exclusiva responsabilidad, con total indemnidad de la Administración pública actuante en materia de salud e higiene alimentaria».

¿Verdad que algo así hubiera resultado chulo, informativo, buen rollo y todos contentos?

Pues no. Algún celoso guardia de la porra criado a los pechos de la maquinaria del partido y convencido de que el ciudadano común es un perfecto imbécil, debió pensar que leña al mono y que, en la duda, la más cruda: «ea, dejarsus de mariconás, y notifical-le al interfesto con toda formalidá y rigor y a todo membrete munisipá que si no deja de vender sus guarrás que se atenga a las consecuensia». «Pero… ¿qué consecuencias?», debió preguntarle algún funcionario conocedor de su oficio y con la mosca tras la oreja. Las que sean, qué coño…

Y así ha sido. Nuestro avispado -y simpático- mercader se ha envainado su proyecto para seguir, exclusivamente, en lo de antes: vender setas. Podría reivindicar su derecho en los tribunales, pero el largo tiempo de la acción contenciosoadministrativa, el coste del asunto y la siniestra imagen de unos jueces preguntándose por qué se empeña tanto alguien en vender piruletas de escorpión, le habrán hecho desistir.

Es como cuando Machado reprobaba a la Castilla que desprecia lo que ignora.

Y aún seguimos -Castilla y los que no son Castilla- así.

De la serie Sin ton ni son | No hay comentarios »

Relaciones públicas

May 16th, 2008 por Javier Cuchí

Suele decirse que no hay peor ciego que el que no quiere ver y ahí tenemos un ejemplo de libro.

Recurrentemente, la $GAE, a través de cualquiera de sus habituales turiferarios oficiales u oficiosos, se queja de la pésima imagen que tiene ante la sociedad española y clama -manda huevos- por la injusticia de esta mala fama.

Uno, que, pese a lo broncas que es, siempre intenta empezar siendo justo y benéfico, como mandaba la primera Pepa, aún a costa de incurrir en candidez supina (como la propia Pepa, es que no somos nada…), deshecha, no sin grandes esfuerzos, la idea del inmenso cinismo que esconde ese rasgado de vestiduras y en una barroca masturbación de la buena fe rayana en lo irracional, trata de imaginar que, bueno, pues que igual sí, igual en la $GAE están dolidos por parecer tan malos y realmente no saben por qué caen tan mal.

¿Es posible tanta ignorancia?

Hombre, nunca cabe descartar que haya por ahí algún pardillo suelto que real y honestamente se crea que la $GAE es fiel a aquel adorable espíritu constitucional del XIX y que se trata de un conventillo de hermanitas clarisas entregadas a la hermosa misión de dar pan a los pobres. Pero toda mi buena fe, mi buena voluntad, mi buen rollito y mi amor por la Humanidad son insuficientes para tragarme que tan beatífica idea sea, para nada, la imperante ya no sólo en los altos estamentos de la Innombrable, como algunos chungones la llaman, sino en muy amplios sectores de la beautiful de rentistas con derecho a voto en el invento. Que no, que no hay buena fe que comulgue con esa rueda de carro.

Y es que no sólo es el tema del canon, que de por sí es suficiente y más que sobrante para suscitar todos los odios y todas las justas iras de la sociedad española contra esa gente. No puede ser, de ninguna manera, que estos tíos no conciban que el canon cause tamaña irritación. Comprendo que pueda irritarles el que el haber tirado de la manta en esta materia haya causado ira social donde antes no la había (por aquello de que ojos que no ven, gabardina que te roban, como suele decirse), pero no es concebible que no asimilen la intrínseca irritación contra el canon.

Pero es que, además, los esfuerzos de esa entidad -y de las otras que se ocultan tras ella a las que su menor tamaño no hace menos detestables- por hacerse odiosa parecen dignos de la más cuidadosa planificación. Empezaron por criminalizar a la sociedad entera y no ahorraron epítetos; ya es proverbial: pendejos electrónicos, para empezar, y continuaron sin morderse la lengua calificando de «ladrones» a millones de ciudadanos de forma reiterada, tozuda y pública. Encima, eligieron como portavoces a los peores elementos que pudieron encontrar, individuos ensoberbecidos, pagados de si mismos, faltones y, encima, en muchos casos, fracasados que tuvieron un cierto y fugaz fulgor cuando el Capitán Trueno era cabo y que, desde entonces, no se han comido un rosco en su presunta profesión, pero, bien agarrados a la teta, viven de notoriamente del cuento; o, en el otro extremo, desgraciados productos de poliuretano, con un éxito artificial con fecha de caducidad pero aún en fase de presente, completamente en manos de amos cuya identidad no es visible pero sí perfectamente adivinable. Penoso.

Aún hay más. La irritación social -provocada fundamentalmente por la $GAE, conviene no olvidarlo- lleva, lamentable pero inevitablemente, a «puntas» de cabreo que provocan algunos calentones verbales en personas especialmente coléricas que, en algunas ocasiones, pudieran -acaso, que no está claro- constituir conductas civil o penalmente perseguibles con la coña marinera esta del honor y tal. La $GAE, en vez de obrar cum grano salis, como diría Guareschi, y buscar una vía de diálogo y de templar gaitas -cosa que no sé si la hubiera beneficiado, pero seguro que no le hubiera hecho daño-, se lió a repartir tortas a diestro y siniestro.

Empezó con la Asociación de Internautas calculando, en un gravísimo error de diagnóstico, que nos iba a arrugar o que, no sé si principal o subsidiariamente, nuestra tesorería no iba a poder soportar la embestida de la indemnización (ahí estuvo a punto de acertar, pero somos demasiados como para dejarnos perder la AI por 36.000 euros). El pleito, que hemos perdido en dos instancias con una argumentación jurídica de las sentencias que omite muy sorprendentemente la indemnidad que otorga la LSSI a los proveedores de servicios, está ahora en el Supremo -donde las cosas, dicho sea con todas las reservas, pintan mucho mejor- y si en el Supremo no se resolviera favorablemente, se llegará al Constitucional y, si llega a ser necesario, al Europeo, eso está más que anunciado, porque la LSSI es la aplicación de una directiva de la UE.

No contenta con el mal resultado de ese pleito, dado que está claro que no va a cumplir sus objetivos ni ganándolo judicialmente, porque, puestos en el peor de los casos, sobreviviremos a los 36.000 euros y seguiremos dando caña y con ímpetu redoblado, si es que es posible redoblar nuestro ímpetu, se lanzó a pleitear contra media red, y ha llevado a los tribunales a bloggers, a una páginas anarquista, a un sindicato y, en esa vorágine del pleito a diestro y siniestro, ha cometido la muy solemne tontería de demandar a un periódico. Hay que ver lo intelectuales que son…

Pero parece que con eso no bastaba. En otro inconmensurable ejercicio de cultivo de la buena imagen pública, levantaron despiadadamente el 10 por 100 de la caja de un festival benéfico, «Entresures», organizado por uno de los dos sindicatos de referencia, Comisiones Obreras. El festival, como se deduce de su naturaleza, no tenía ánimo de lucro pero la $GAE, recaudadora implacable en bodas, bautizos, comuniones, fiestas patronales y demás acontecimientos donde siquiera se silbe, no dio el brazo a torcer.

Y ahora, en medio de esa ensalada de tiros contra todo lo que se mueve, ya no preguntando después, sino sin preguntar nunca, se lamentan de su mala imagen y tienen el morro de lloriquear por todos los medios que les dan cancha lo malos que somos todos los ciudadanos y lo buena gente que son ello, inocentes palomos.

Pero ahora, cada vez que montan un acto público, tienen a la CNT a la puerta armando follón. Mal asunto para la $GAE: la CNT, en este aspecto, es como nosostros, los de la AI, y cuando muerde una presa no la suelta; la perseverancia, en estas cuestiones, bien lo sabemos nosotros… y la propia $GAE, es más demoledora que la acción más incisiva. Con la CNT, la $GAE va a tener música para rato… y sin poder cobrar diezmo.

Y para acabarlo de dorar, CCOO acaba de incluir una marcha contra la $GAE en el programa de festejos de su III Festival «Entresures» que se celebrará próximamente en Málaga.

Está claro: las relaciones públicas no son el fuerte de don Teddy.

De la serie Correo ordinario | No hay comentarios »

Langreanos en el mundo

May 15th, 2008 por Javier Cuchí

Leyendo el «CiberP@ís» esta mañana, me entero de la existencia de una asociación denominada «Langreanos en el Mundo» que pretende agrupar, cuando menos espiritual o intelectualmente, a los langreanos que andan desperdigados por el mundo.

Como la iniciativa incluye a sus descendientes y yo soy hijo de langreana y he mantenido desde siempre un vínculo con mis orígenes, la parroquia de Sama, tras catapultarme sobre su página web y navegar un poco por ella (no está nada mal, por cierto), no me lo he pensado dos veces y me he dado de alta en la asociación.

Ya he recibido un saludo de bienvenida de su presidente, don Florentino Martínez Roces, y de su tesorero, don Manuel Martínez Menéndez, (no, no me pedía pasta, no seáis mal pensados) y, en ambos casos, la cosa rebosa cordialidad y buen rollo. El presidente, por otra parte, conoce a mi familia y es amigo de uno de sus miembros, mi tío, precisamente. No es sorprendente, claro, teniendo en cuenta que hablamos de un ámbito geográfico y demográfico relativamente -sólo relativamente- pequeño y que mi familia materna vivió allí -y vive, claro- toda la vida.

He repasado la lista de socios y veo muchos apellidos conocidos, pero no logro ubicar a nadie en concreto. Desde luego, nadie de mi grupo de amigos, en cuyo caso imagino que lo hubiera identificado inmediatamente.

Si leéis esto otros langreanos y no os habíais enterado, ya sabéis dónde tenemos un buen punto de encuentro en lo sucesivo.

Con un fuerte abrazo.

De la serie Anuncios varios | 2 comentarios »

Agua, comida y hambre

May 15th, 2008 por Javier Cuchí

Lo del agua era una cosa muy seria. Coñes, que nos estábamos quedando sin agua. Hubo que buscar soluciones como fuera y ahí empezaron a torcerse las cosas porque los políticos -imaginativos ellos-, incapaces de asumir que al tema de los trasvases se le había dado carpetazo tras una revuelta contra el Plan Hidrológico Nacional del Travase a Punta de Pala, que tan buen resultado le dio (la revuelta, no el Plan) a Zap II para llegar a ser Zap I, se inventaron un trasvase que no era trasvase porque no se trasvasaba lo que se trasvasa sino todo lo contrario, elevado al cuadrado menos su raíz cuadrada.

Mientras se vestía de seda a la siniestra mona del Plan Hidrológico Privativo y Exclusivo de la Patria Catalana, y botifler el que no bote, el plan de alerta establecía saludables medidas -efectivas unas, sanamente simbólicas otras- de ahorro de agua. Entre las medidas efectivas estaban la prohibición de regar jardines y llenar piscinas con agua de boca; entre las simbólicas, el cierre de fuentes públicas, incluso de aquellas que funcionan con circuito cerrado y cuyo consumo de agua es mínimo, pero se entendió, con excelente criterio, que la mujer del César, además de no ser puta, debía llevar el refajo permanentemente puesto. En el ínterin, con toda la Ribera del Ebro en pie de guerra, los valencianos y los murcianos vomitando sapos y culebras de cuarenta megatones y los aragoneses con unos cuernos así de grandes, pero calladitos y firmes, que socialismo es disciplina, se empieza a construir el tubito para el trasvase que -recordémoslo- no es un trasvase (entre un trasvase y eso que han hecho o pretenden hacer hay la misma diferencia que entre «crisis» y «desaceleración», así que qui potest capere, capiat, que los sociatas controlan el lenguaje que ríete tú de todos los sillones mayúsculos y minúsculos de la Polvorienta en pleno) y se empiezan a fletar barquitos para traer agua. A todo esto, la chusma hostelera montando en cólera so oficial pretexto de que ante los turistas queda muy feo eso de que el agua venga en barco, pero sufriendo, más que por la seguridad del tráfico hídrico marítimo, por la nefasta imagen de las piscinas de cinco estrellas vacías y de los campos de golf con un desagradable color de ictericia.

Sic stantibus rebus, va y llueve. Y llueve, pero bien. Cincuenta litros por metro cuadrado aquí, sesenta allá, incluso ciento y pico acullá, que ponen a los pantanos al 30 por 100. Nos ha jodido San Pedro por partida doble: primero no hace llover y luego elige el momento más encabronante para mearse encima del tripartit. Porque, claro, un 30 por 100 del volumen embalsado sigue siendo una mierda de volumen embalsado, pero es lo suficiente, y hasta un poquito sobrante, como para levantar la alerta gorda y pasar a una más relajada. En el preciso momento en que venía para acá el primer barquito y cuando ya se había repartido el chollete de la instalación del tubo una joint venture encabezada por AGBAR.

Lo del agua, a partir de ese momento, deja de ser una cosa seria para convertirse en un vodevil. Los titulares de los periódicos barceloneses del martes 13 (vaya por Dios) eran para mear y no echar gota: apenas uno o dos manifestaban el normal alivio de saber que tendríamos agua hasta fin de año aunque no cayera una gota más (lo que, tan estrictamente hablando, también parece difícil); el resto, echando las campanas al vuelo, casi materialmente, porque ya se pueden regar los jardines y llenar las piscinas. El conseller Baltasar, batiendo su propio récord de despropósitos -tras haberse cubierto de gloria en materia de vivienda-, anuncia el alivio de las medidas, o sea, que, efectivamente, se podrán regar jardines y llenar piscinas.

De pronto, hay gente que empieza a sentirse como puta gratuita y financiera de cama y, acto seguido, el alcalde de Tarragona anuncia que prou, que aquí no se llena un puto barquito más para que la pijancia barcelonesa llene piscinas y ordena el cierre fulminante del grifo. La leche y la releche: con siete barquitos ya contratados y -si no me falla la memoria- cincuenta kilos (de los de ahora, de euros) comprometidos. Y Zaragoza, al borde de llamar a Agustina (catalana, pero de Reus, o sea, fiel al Ebro) con cañón y todo, que estalla en cólera. Y los valencianos y los murcianos (y diría que hasta el PP, si no fuera porque anda en otras preocupaciones), montando una zalagarda de aquí te espero, porque o regamos campos de golf todos o rompemos el swing. Y los regantes del Ebro cagándose en muchos padres y en muchas putas madres.

Así que Montilla decide que hay que sacar urgentemente la pata de la galleda (la pota del cubu, como le harán decir en «Polònia») y dar marcha atrás, de modo que las medidas se emergencia se aliviarán pero se mantendrá la prohibición de regar jardines y llenar piscinas. Oficialmente, claro. Veremos si el cumplimiento de esa prohibición se controla férreamente o la falta de medios que tanto nos aqueja por nuestro crónico déficit de financiación impedirá una atención extrema sobre hoteles y clubs de calzoncillismo pijo -con y sin palos- debiendo limitar la represión disciplinaria a propinarle un potente garrotazo a un vecino de Sant Cugat que riega inocentemente sus geranios.

Todos los logros que se habían alcanzado en materia de concienciación de la ciudadanía hacia el ahorro de agua -que, por cierto, había llegado a cotas de rsultados extraordinarios-, un despliegue ingente (y hasta inteligente, no me importa reconocerlo) de pedagogía de la sostenibilidad, que se va al garete porque un gobierno no puede ocultar su condición de calzonazos ante la codicia de los lobbyes hosteleros y, a la primera gota que cae, se les escapa corriendo el subconsciente. Porque ahora va a ahorrar agua Rita la Cantaora, sépase.

Damas, caballeros, personal de servicio y militares sin graduación: acomódense, dispónganse a degustar pipas y chufas y relájense de sus preocupaciones cotidianas. Empieza el espectáculo.

El espectáculo de verdad.

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Servidor es un poco cocinillas; me gusta meterme en los fogones y afrontar el desafío de llevar a la mesa platos que requieren un poquito de habilidad preparados de forma correcta y presentados de forma apetecible. Incluso he recibido algo de formación al respecto. Pero hasta aquí. No soy un gastrónomo. Es una afición que requiere, sin duda, un cierto amor por la gastronomía, pero tampoco puedo cultivarla lo necesario como para disfrutar de un nivel de conocimientos y de experiencia razonables siquiera como aficionado.

Tengo, no obstante, unos cuantos conceptos claros: la cocina es la artesanía de la alimentación. Gastronomía y alimentación, cocina y alimentación, son, a mi modo de ver las cosas, conceptos absolutamente inseparables. Cuando se separan, podemos estar ante cosas muy nobles que incluso pueden llegar a la categoría de arte, lo he dicho ya alguna vez anteriormente, de arte en la misma medida que la pintura o la música, pero, en esa misma medida, asimismo alejado de la gastronomía y de la cocina precisamente por ajeno a la alimentación. Y no se vea en ello una intención peyorativa, como no sería peyorativo decir que «La rendición de Breda» o «Tosca» son manifestaciones artísticas ajenas a la alimentación. Así las cosas, lo que hacen Ferran Adrià o Carme Ruscalleda, entre otros, y siempre en mi humildísima opinión, es arte porque procura un placer intelectual conceptualmente elaboradísimo a los sentidos del gusto y del olfato, pero no es cocina porque es una manifestación ajena a la alimentación.

Lo tengo así de claro -por más que, como todo en la vida, es discutible- y por ello siempre he mirado con desconfianza la cosa esta de la nouvelle cuisine, llevada a extremos importantes, hay que reconocerlo, por una notable generación de artistas españoles, como los dos citados y algunos más entre los que recuerdo, por ejemplo, a Juan Mari Arzak. ¿Que ellos se hacen llamar cocineros? Con justicia, porque de buen seguro que lo son, y de los buenísimos pero… no ejercen. Ellos no hacen cocina, hacen otra cosa.

Eso no quiere decir que yo no sea partidario de la evolución y de la innovación en materia culinaria. Por supuesto: la sociedad evoluciona, la actividad humana evoluciona y la alimentación, como es normal, sigue su propia evolución a partir de las otras y ello por nomencionar los avances de la bromatología que deben incorporarse necesariamente a la dieta diaria. Pese a mi gusto y preferencia por la cocina tradicional, tengo también muy claro que las recetas de la abuela son platos para días de fiesta y el plato de cada día debe ser algo no radicalmente distinto de lo tradicional, pero sí adecuado a las necesidades y usos del hombre de hoy. Hay un muy importante grupo de cocineros -de cocineros en ejercicio aunque, eso sí, poco mediáticos- que están en esa línea y que están ofreciendo un estilo culinario directamente enlazado y sin solución de continuidad con la cocina de siempre, pero evolucionada; una cocina menos contundente, menos proteica y mas fácil de digerir para el operador de un equipo informático, para un taxista o para un dependiente de comercio. Es evidente que uno no puede meterse entre pecho y espalda, en un día laborable, una fabada de las que hacía mi abuela, porque hoy nadie baja a la mina a quemarla (bueno, sí hay quien pero, por suerte o por desgracia, no es ya un sector sociolaboral relevante). La fabada de las que hacía mi abuela queda reservada para un día festivo que permita el riego de un tinto potente y el remate de una (1) pequeña copita de licor digestivo y con tiempo (meteorológico y cronológico) y entorno (interior y exterior) que faciliten una pequeña siesta y un largo paseo, sin que haya por delante maquinaria peligrosa, volante o ejercicio de responsabilidad.

Viene todo esto al follón que ha montado Santi Santamaría, un cocinero -parece que en ejercicio- no tan mediático como los que he citado pero con tantas estrellas Michelin como el que más (seis, igual que Ferran Adrià), que acaba de liar un sidral descomunal en la comunidad cocinera (o más o menos) al asegurar, en un libro que acaba de publicar, que lo que hacen los otros ni es cocina ni es nada, que son puros fenómenos mediáticos y que algunos de sus guisopos contienen incluso ingredientes dañinos para la salud. Toma castaña.

Si lo que quería era publicidad para su libro (aunque ya va bien servido con el premio de 60.000 euros que le han dado por él) «La cocina al desnudo», en lo que a mí respecta lo ha conseguido porque el 27 de mayo, fecha de aparición de la obra, iré puntualmente a mi librero habitual para comprarlo.

No faltaría más.

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Hay dictaduras brutales que, pese a serlo, no llevan esa brutalidad a su extremo más execrable; ahí tenemos, por ejemplo, al régimen chino, moviendo todo lo que es capaz de mover para salvar la vida de sus ciudadanos afectados por un terremoto cuyas cifras de víctimas engordan tremendamente a cada día que pasa y que no parece que vaya a rechazar la ayuda internacional que se le está ofreciendo; y si llegara a rechazarla, sería por un falso concepto de la dignidad que, de todos modos, estaría precedido de una suficiencia de recursos propios.

Y hay dictaduras brutales que, además de serlo, llevan esa brutalidad a su extremo más inhumano y abominable; ahí tenemos, por ejemplo, al régimen birmano, que, con una cifra de muertos que acabará alcanzando el medio millón y ni se sabe qué cifras en cuántas otras tipologías de victimario a causa de un ciclón, está poniendo todas las trabas posibles a la ayuda internacional, porque no quiere testigos ni intervenciones que obstaculicen sus salvajes designios y su toma fraudulenta y cafre del poder. Si tienen que cascar un millón de parias, que casquen, pero lo primero es lo primero.

Esto es un crimen contra la Humanidad. Esto es para coger a toda esa Junta de cafres con uniforme y llevarlos al Tribunal de La Haya a puntapiés en el trasero, a ver si les meten treinta o cuarenta años de vacaciones a la sombra. Para ese tipo de cabrones creo que la Unión Europea debiera alquilarle a Francia un tugurio bien infecto en la Guayana y dejar que se pudran ahí sin que el mundo vuelva a saber de ellos e incluso sin que ellos vuelvan a saber nada del mundo, convirtiendo el tren de vida de Papillon cuando anduvo por aquellos pagos, en una colonia veraniega de boy scouts, incluyendo una guillotina que funcionara una o dos veces al trimestre por aquello de encourager les autres. Bueno, lo de la guillotina no, no vamos a ser como ellos; pero un buen pozo lleno de mierda para utilizarlo como celda de castigo para el que se desmande, sí.

Incluso se ha hablado de meter ahí la ayuda humanitaria a vida fuerza. Y no lo han dicho cuatro matados: lo han propuesto oficial y seriamente Francia y Alemania. Personalmente, no me disgustaría nada ver a la Legión corriendo a gorrazos a esos hijoputas y repartiendo víveres, abrigo y otras provisiones a aquella pobre gente, entre ráfaga y ráfaga de fusil de asalto. Pero las intervenciones militares son caras y en Birmania no hay petróleo ni, según parece, nada que pueda interesar a los empresarios amiguetes del presidente americano, así que nada de intervenciones carísimas para sacar de la miseria a unos pocos millones de desgraciados cogidos por los cojones -al menos aquellos a quienes quedan cojones que puedan ser cogidos- por una sarta de cabrones bananeros.

O quizá, más probablemente, el negocio para unos cuantos cerdos en los que estoy pensando, resida precisamente en la sarta de cabrones bananeros. No habrá pues intervención armada occidental para proteger la vida de esa pobre gente.

Y paro de escribir sobre esto, que me dan arcadas por momentos…

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En el mismísimo centro geométrico -si así puede decirse- del mes de mayo, la paella, queridos todos, está servida. El próximo jueves será 22 y, en principio, no veo que nada se oponga a que este plato semanal vaya a ser servido en las debidas condiciones (y nada de nouvelle cuisine: al pan, pan, y al vino, como leones).

«El Incordio», no obstante, continúa su andadura diaria, así que aquí os quiero seguir viendo.

Hasta casi ahora mismo.

De la serie Los jueves, paella | 6 comentarios »

EXGAE: un nuevo frente

May 15th, 2008 por Javier Cuchí

Bien, pues sí, esta tarde se presentó EXGAE, que va a ser una plataforma de apoyo a artistas independientes que no quieren tener tratos con el monstruo apropiacionista y que desean ser los verdaderos dueños de su obra, como principal pero en absoluto único objetivo.

Me ha resultado muy grato comprobar que no estábamos los de siempre. Los de siempre éramos cuatro o cinco: Ana María Méndez, que está en el ajo organizativo de EXGAE, Carlosues, que no se pierde salto cuando hay barud en cualquier trinchera anti$GAE, Lluís Cabrera, de Taller de Músics, una o dos caras conocidas más, pero que no he sabido ubicar, y este menda lerenda que también forma parte del reparto habitual de este tipo de movidas. Pero el local -no muy grande, pero muy cuco- estaba lleno como un huevo.

Alguien me ha comentado que estaba lleno de culturetas.

- Bueno -he contestado- es que, en definitiva, son los destinatarios de la cosa.
- Sí, pero en cuanto empiecen a explicarles cómo las gasta la $GAE van a salir corriendo locos de pánico.

Ha habido explicación. Larga y pormenorizada. Experiencias de artistas, experiencias de comerciantes de tecnología y la visión de los abogados que van a constituir el núcleo asesor de EXGAE.

En definitiva, lo que se pretende es crear una especie de sistema de autoayuda asistida a través de la página web que, en última instancia, contará con asistencia letrada personalizada, pero montado todo de forma que los gastos sean mínimos, contando con la prestación voluntaria y desinteresada de los colaboradores de EXGAE, empezando por los propios abogados.

La acción de EXGAE va dirigida a todos aquellos que sean, o estén en peligro de ser, víctimas de cualquier entidad de gestión de derechos peseteros de autor. Empezando en primer lugar por los propios artistas, a quienes se va a enseñar a gestionar su propia obra, asistiéndoles técnicamente en la gestión; pero también encontrarán ayuda otras víctimas de la $GAE tal que comerciantes, hosteleros, o los propios consumidores y, en general, cualquier persona que sea víctima de los constantes abusos del lobby de la gestión de derechos peseteros de autor.

Después de las diversas charlas, se ha promovido un debate entre los asistentes, en el que me ha llamado la atención el hecho de que, pese a que la gente está claramente movilizada contra la $GAE y demás hierbas, realmente están aún muy verdes en cuanto al conocimiento pormenorizado de la problemática. Es verdad que la materia de derechos de autor es complicada y frecuentemente confusa, pero me ha sorprendido el casi total desconocimiento que tienen de ella muchos creadores. Más de uno ha descubierto hoy el cepo lobero que se esconde detrás de ciertos contratos y lo muy asfixiante que puede llegar a ser -y desde el principio- el abrazo del oso. De modo que EXGAE ha sido útil ya desde su primer instante de vida pública.

Presento aquí un par de fotografías del acto, pidiendo disculpas por su mala calidad: están realizadas desde un teléfono móvil (no he podido ir a casa a buscar la cámara decente) y su mala óptica y las condiciones de luz no favorecían precisamente grandes maravillas.

Por cierto, que me ha gustado mucho el local. Parece que es una especie de vivero de iniciativas culturales, pero desde un cierto compromiso político (independiente y no partidista, por supuesto) sobre cuyo conocimiento me propongo profundizar. Echadle un vistazo a la web y seguro que os llama la atención.

En definitiva, con EXGAE se abre un enésimo foco de resistencia. Humilde, modesto, desde luego, pero con buenas posibilidades de crecimiento y que, si se gestiona bien, puede llegar a ser un referente en el mundo de la cultura alternativa.

Estaremos sobre ello.

De la serie Pequeños bocaditos | 2 comentarios »

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