¿No pasarán?
Lo explica «El Periódico» como si fuera una gracia: marabunta de turistas en las calles de Barcelona. Y, salerosamente, Rosa Mari Sanz, autora de la cosa, la empieza tal que así: «Ya no vale el consuelo para tantos barceloneses que no pueden salir de vacaciones durante puentes o fiestas (por no hablar del verano) de que la ciudad está más tranquila y es un placer aprovechar que los otros se van para pasearla, o, incluso, para hacer visitas a lugares de interés que uno ni conoce de su propio lugar. Ya no.» Ja, ja, ja, qué risa. Y lo termina así: «Pero como en Barcelona no todo es Gaudí, las escenas del alud de turistas que están pasando el puente en la capital catalana se vieron en muchas zonas céntricas de la ciudad. Como en la plaza de Catalunya, o en la Rambla, donde la marea humana no invitaba precisamente a pasear por ella, o en las playas, quizá donde algún barcelonés que ya no puede consolarse con una ciudad semivacía encontró tranquilidad. O tampoco.». Alegría de la vida, hombre.
Cachondeíto fino aparte, el comentario ilustra muy claramente que lo que yo divulgo una semana tras otra en las paellas de los jueves no sólo es cierto -supongo que nadie lo dudaba- sino que ni siquiera es exagerado: a los barceloneses nos han robado nuestra ciudad.
Tenemos, pues, que empezar a movilizarnos, a adoptar actitudes, hacer a la ciudad y hacernos a nosotros mismos inhóspitos para el guiri, que note cuán antipática es para nosotros su presencia (y esta vez no pagarían justos por pecadores): no ser simpáticos ni acogedores, no responder a sus preguntas o contestarles, señalando a una indefinida lontananza, que por allí se va a los servicios de información turística; o que pregunten en un hotel, que al final son los que sacan beneficio; o a un guardia urbano. Lo que sea, dentro de la legalidad, por supuesto, pero que les haga la vida más incómoda y desagradable (una de las cosas que me encantó de la huelga de conductores de bus es que la tocinada se quedó sin otro bus turístico que el de la empresa privada que le ganó el contencioso al achuntamén). No voy a hacerles sonrisitas a la salud del negocio hostelero.
Algo tenemos que hacer, porque esto es ya insufrible. No, «ya», no: hace mucho tiempo que esto es insufrible, y ya que el achuntamén nos vende, los ciudadanos habremos de defendernos por nuestra cuenta. Lo dije hace unas semanas: la ciudad que logró echar a la Sexta Flota yanqui tiene que ser capaz de hacer poner pies en polvorosa a la chusma de los cruceros.
O nos quedamos sin ciudad para siempre.
De la serie Rugidos |









May 4th, 2008 at 1:00
Javier, tu dales ideas que lo siguiente será en la obligatoriedad, de rotular en la lengua de imperio (británico).
Off topic(fuera del asunto, si lo prefieres): ya tengo instalado el ubuntu, y todo sobre rudedas; lo único que echo de nemos son las entañables pantallitas azules. ¡Por ahora te salvas!
May 4th, 2008 at 16:29
Viernes tarde en la cola del supermercado de mi barrio (no precisamente turístico): una pareja de mediana edad de guiris, semidesnudos y cargados con un par de docenas de latas de cerveza (Budweiser, obviamente, no sea que se contaminen con las birras indígenas). La situación generó más de una sonrisilla entre nosotros los rostros pálidos (porque ellos parecían dos gambas) y hasta algún que otro comentario jocoso (”aquests no passaran pas set, no”). En fin… “hostes vingueren, que de casa ens tragueren”.
May 7th, 2008 at 11:32
A mí no me gustan las aglomeraciones ni los sitios llenos de turistas y mucho menos la desfachatez de muchos (españoles incluidos) que acceden a restaurantes, tiendas e incluso edificios oficiales en traje de baño.
Peeeero, nos guste o no nuestra economía depende en gran medida del turismo y si los guiris dejan de venir lo pasaremos mal durante una temporada.
Que no deberíamos depender tanto del turismo: cierto; que los turistas suponen básicamente una molestia: cierto; que debamos ser hostiles y desagradables con ellos: no puedo estar de acuerdo.
Al fin y al cabo, a mí no me gustaría que me trataran mal cuando viajo a otros países.
PD: No hablemos de la obligatoriedad de rotular en diferentes idiomas, que me enciendo…