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La, la, la, lolailo

May 6th, 2008 por Javier Cuchí

La de Dios es Cristo se ha liado con el famosísimo «La, la, la» de Massiel que llevó a la gloria de las menudencias a aquel franquismo de lo pequeñito y rácano que excluido y autoexcluido de las empresas europeas de envergadura, veía gloria imperial a raudales en el gol que un tal Marcelino le metió a no sé quién, no sé si ingleses o rusos (antes había habido otro de un Zarra a no sé si rusos o ingleses) o un campeonato boxístico de aquí o allá a cargo de un cubano importado (era bueno, Legrá, todo hay que decirlo) o un aizkolari zumbado cuya técnica brillante consistía en quedarse quieto como un pedrusco en medio de la era hasta que el contrario cometía la imprudencia de acercarse para recibir un hostiazo de treinta megatones (hasta que el contrario aprendió que aquella mole se cansaba pronto y que bastaba con tenerlo bailando tres o cuatro asaltos para que el otro sacara tres palmos de lengua y, a partir de ahí, la masacre) o en el triunfal cuarto puesto de Mariano Haro en una carrerita de los juegos calzoncilleros de 1972. Con esto, Marisol y un bizcocho, el régimen iba tirando tan tranquilo porque los españoles eramos, en conjunto, igual de cagones y de apalancados que ahora (si acaso, un poco menos gilipollas, pero no estoy seguro) y si el viejo no llega a morirse solo aún lo tendríamos encima como dos y dos son cuatro.

Lo del «La, la, la» fue el culmen de la gloria franquista. Yo creo que solamente la ocupación de Gibraltar hubiera supuesto un hito mayor para aquel pobre país que se creía en serio -pero no demostraba nada- que tenía dos mientras los demás tenían UNO. Y es que lo de Eurovisión, por más que hoy cueste creerlo, se tomaba en serio. Pero en serio de verdad. Ni una final calzoncillera vaciaba las calles como el festival de la pachangada televisiva de esa Europa que nos dejaba estar a ratos en un rincón si no enredábamos demasiado. Consecuentemente, nuestra televisión había hecho repetida y pertinazmente el ridículo, pese a enviar a lo mejorcito de la cabaña (Conchita Bautista -a quien los menores de 40 ni habéis oído nombrar- llegó a ir dos veces y no sé si pasó de penúltima o algo así) y eso que, en un par de ocasiones, lo mejorcito de la cabaña fueron cracks de verdad (Raphael Ropopom-póm, que llenaba sitios grandes en países de muy lejos, y Julio Iglesias, que aún no estaba en lo más alto pero que ya volaba en cotas respetables). Y un día va y gana una jovencita -pero muy jovencita: dieciocho o dicinueve años, tendría- cantando una canción marchosilla y, encima, dejando con un palmo de narices ¡oh, placer supremo! a la érfida Albión, que no estaba representada, precisamente, por un mindundi: Cliff Richard (cantó, por cierto, una canción que se llamaba «Congratulations», que me huele a mí que se vendió más que el «La, la, la» de Massiel y de la Calva y Arcusa -vulgo, Dúo Dinámico- ya no sólo en el hereje extranjero sino incluso en la propia España).

De todas maneras, aquella gesta no estuvo exenta de un long tail de marro. La representación española de aquel año se había asignado a Serrat (con la misma canción: «La, la, la» que, por cierto, me disgustó mucho menos cantada por Massiel porque debo decir -¡oh, abominación!- que a mí Serrat no me gusta: ni lo que canta ni cómo canta) y no sé qué coño pasó -porque salvo los propios primerísimos implicados, aún no lo sabe nadie- pero parece que una semana antes de celebrarse el trascendental certamen, Serrat exigió cantar en catalán, a lo que la autoridad competente se negó en redondo (esto era común en la época y me temo que sigue siéndolo a poco que rasques) y cabe imaginarse el follón que eso supuso, de modo que hubo que hacer las cosas deprisa. El resto es conocido: Massiel va y gana, con lo que el triunfo del régimen es doble: se mete Eurovisión en el bolsillo y le da un corte de mangas a la chusma rojoseparatista.

Sí que por aquella época se oyo hablar así, en voz bajita, de apaño. Pero, claro, lo oí hablar en mis círculos, en mis ambientes, y éstos estaban en Cataluña. No hice (ni haría hoy tampoco) el menor caso: yo era muy jovencito (iba para 13 aquel año) y, por otra parte, ya se sabe que los de la ceba respiran siempre por la herida; bah, en eso son casi profesionales. Ni caso, ya digo.

Pero he aquí que reportaje de la «Sexta», que aún no se ha emitido (está previsto para el jueves, creo) mete -aseguran- el dedo en la llaga y, de algún modo, dice o insinúa que aquella victoria fue trampa y que el franquismo sobornó a diestro y siniestro para alzarse con la victoria.

Hombre, por una parte, no me extrañaría; la impremeditada experiencia sobre el mundo titiritero a que nos ha llevado la guerra del canon nos tiene a habituados al mejunje y al apaño que rodean sistemáticamente a este mundillo, de modo que la posibilidad que, según parece, insinúa o afirma la cadena televisiva citada, no debería sorprendernos en sí misma. Pero, por otra parte, estas cosas hay que probarlas o, cuando menos, aportar piezas de convicción de una cierta solidez, más que nada porque la primera perjudicada es, seguramente, la más inocente, Massiel, sobre la que estoy completamente convencido de que, si hubo apaño, ella no tuvo nada que ver. Pues bien, es su imagen, su fama y su profesionalidad la que, sin comerlo ni beberlo, sale escopeteada y, caramba, un respeto.

Más a la palestra habría de salir el señor Suárez Yllana a defender, como hace siempre -lo cual le honra-, la fama de su padre, ahora indefenso por causa de una cruel enfermedad, cuya culpabilidad, si realmente hubo trampa, sería necesariamente plena, pues él era, en la época, el director general de Televisión Española. Aunque también es comprensible que no diga nada hasta haber visto el reportaje y oído qué se dice en él, en fin, concretamente.

Por lo demás, también doy plena credibilidad al rebote de Massiel que acusa a la «Sexta» de promocionar de esta manera al engendro este, que, metiéndole un gol de los que hacen época, coló en TVE procedente de su propia producción. Ya les vale.

Lo divertido es ver al Cliff, a estas alturas, protestando de que haya tenido que pasar toda su vida de segundón por causa de una trampa. Nos ha jodido: ¿toda su vida fue aquel festival de Eurovisión? Porque si es así, macho, anda, que te den el premio, no sea que te abras las venas porque, para Massiel, no fue más que un lanzamiento, fue solamente el principio de una carrera larga y, hombre, para lo que hay por aquí, no exenta de una cierta calidad.

El tiempo siempre acaba poniendo a cada cual en su sitio, y con o sin Eurovisión a toro cuarenta años pasado, Massiel ya nunca dejará de ser la Tanqueta de Leganés (Serrat, precisamente, dixit) y el Cliff nunca dejará de ser.. un segundón.

Ajo y agua.

De la serie Correo ordinario |

Un comentario

  1. Jordi Says:

    1969: Beatles, Rolling Stones, Creedence Clearwater Revival, Jimi Hendrix, Janis Joplin, The Who, Santana, Led Zeppelin, etc., etc., etc. y en Eurovisión ganaba la Massiel ésta. Y luego se quejan del Chikilicuatre…

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