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Sinvergüenzas y cortitos

May 8th, 2008 por Javier Cuchí

Ando hoy de poco humor y mal cuerpo; una pequeña indisposición, ligera pero fastidiosa (los cambios bruscos de presión me sientan fatal) me ha llevado de culo en el trabajo esta mañana y algo hecho polvillo esta tarde. Esto puede excusar la tardanza de una paella, pero no su suspensión, de modo que hoy la tenemos para una cena tardía. Allá vamos…

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Leo que el sector financiero, banca y cajas de ahorro, han pedido al Gobierno que eche mano del fondo de reserva de la Seguridad Social (el respaldo financiero de las pensiones) para paliar la crisis inmobiliaria. Si no fuera porque estoy al cabo de la calle de la poca vergüenza del gremio, no me lo podría creer. Pero sí, me lo creo perfectamente.

Esto es terrorismo, no tiene otro nombre. Esto es tomarnos a los ciudadanos por el pito del sereno. Esto es delincuencia financiera, sin más. Esto no se resuelve si no se mete a gente en la cárcel.

Ya veía venir yo hace tiempo -y antes que muchos- que la especulación y el latrocinio de las inmobiliarias y de la banca íbamos a acabar pagándolo nosotros; y, efectivamente, tan pronto le han visto las orejas al lobo, ese hatajo de cabrones, que antes no quería ni oir hablar de vivienda social, ahora pide que el Gobierno haga mucha para que ellos puedan seguir medrando. Parafraseando en latín macarrónico el famoso aforismo, quod pringatus non dat, governum socialistorum praestat. Además, amenazan (así: amenazan y todo) con las cifras del paro si no se les subvenciona a saco y no se cortan en insinuar el problema de orden público que puede significar el hecho de que la mayor parte de la nueva legión de parados va a estar nutrida por inmigrantes de mínima cualificación (peonaje inabsorbible por otros sectores de actividad); manda huevos: unos inmigrantes a los que trajeron esos mismos cerdos a los que no bastaba enriquecerse con la especulación de la vivienda sino que tenían que especular también con carne humana para amasar beneficios astronómicos.

Pero se ve que eso no es suficiente: ahora hay que sacar del pozo a toda la hijaputancia a costa de nuestras pensiones. No de sus inmensos beneficios, no: de nuestras pensiones. Beneficios -para ellos, por supuesto- por todos los lados, porque el negocio es redondo. Primero, con nuestra pasta se financian sus sucios negocios para que sigan amasando fortunísimas (y, de paso, defraudando a Hacienda, cepillándose espacios naturales, o reventando el equilibrio demográfico de las poblaciones donde aterriza esa chusma); después, cuando la Seguridad Social no pueda atender nuestras jubilaciones y el Gobierno de turno, en un gesto de magnanimidad, se avenga a integrarlas en los Presupuestos pero, claro, pagándonos pensiones muy por debajo de lo que nos correspondería de acuerdo con lo cotizado a la SS, entonces aparecerá la marranada capitalista comprando nuestras viviendas por dos pesetas al mes, la misma vivienda que nos hemos pasado toda la vida laboral pagando (¡y no queríamos alquileres!) a precio de oro tanto en capital como en intereses. Algunos llegarán a darle post mortem la vivienda al banco o a la Caixa al simple valor del capital pendiente de pagar del préstamo hipotecario.

Menos mal que parece que Solbes no ha picado. No ha picado, al menos de boquilla; me sorprenderá -y mucho- que vaya a dejar colgada a la chusma esa y alguna estará tramando. Hay, pues, que vigilar muy atentamente los movimientos de toda esa pandilla y no presumir ninguna inocencia. Ninguna.

La de ciertos cabrones, ni aún demostrándose.

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Han sido detenidos 31 policías locales de la localidad madrileña de Coslada (de una plantilla total de 159, lo que hace que los pájaros en cuestión representen el 19,5 por 100 de la plantilla, prácticamente uno de cada cinco, que no está mal) acusados de extorsión, lo que, en román paladino del siglo XXI y parte del XX, viene a significar «prácticas mafiosas».

Es desagradable, es triste, es indignante, pero estas cosas pasan. No es bueno que pasen, pero es menos malo si se diagnostican y se corrigen. Y ahí está el problema.

Toda esa peña llevaba, al parecer, años con su negocio y, como suele suceder en estos casos, todo el mundo lo sabía, todo el mundo estaba al cabo de la calle. Pero los políticos cobardazos se escudan en que no había denuncias. Lo sabía todo el pueblo (y ellos también, claro) pero no había denuncias. Como para denunciar a una tropa de esas y que la denuncia no prospere (porque el posible denunciante nunca sabe quién se esconde detrás de una mafia). Incluso aunque la denuncia prospere: en la noticia de «Libertad Digital» que señala que la cosa era tan sabida que hasta una candidatura a las municipales del 2007 la denunciaba, el dirigente de esa candidatura, Agrupación Republicana de Coslada pide al citado medio que oculte su nombre por si luego el jefazo de la trama (el jefe de la poli local, nada menos) es puesto en libertad. Esto ya es la rehostia: que incluso con detenciones practicadas un ciudadano deba temer por su integridad si se le identifica por denunciar a unos delincuentes, es indignante.

En Coslada había hoy ambiente de linchamiento y no es para menos: parece que toda la hostelería del lugar vivía sin vivir, atenazada por el miedo al Ginés y a sus treinta muchachos. Por cierto que la Policía Nacional pudo destapar la olla tras la desarticulación de una trama rumana de prostitución que, según parece, tenía tratos con los munipas en cuestión.

Pero es tan vergonzosa la situación -en este tema y en muchos otros, en Coslada y fuera de Coslada- que reproduzco un párrafo íntegro de «Libertad Digital» para que os hagáis una idea de cómo está el patio (y de cómo está, en realidad, en muchísimos lugares de España): «Precisamente, Murillo ha señalado que el Ayuntamiento había recibido quejas verbales de dueños de bares yd e vecinos sobre la actuación de algunos policías locales, pero no se interpusieron denuncias, por lo que el Consistorio no actuó, a pesar de que sabía que las actas de inspección no se cumplimentaban adecuadamente». O sea, había constancia de quejas y se sabía que las actas de inspección eran una filfa, pero, así y todo, los políticos municipales miraban para otro lado. ¿Y aún osa decir la Policía Nacional que no están implicados? Pues, cuando menos, por encubrimiento, podría pensarse. A ver qué opina la fiscalía, a ver si también mira para otro lado, que ya parece el deporte nacional.

La administración municipal española es, en su conjunto, un cenagal tan acojonante que no hay por dónde cogerla. Parece claro que los ayuntamientos deben ser férreamente supervisados y que eso de la autonomía municipal -y yo ya he defendido durante muchísimos años- no es más que un refugio de especuladores, de mafiosos, de ladrones y, en el mejor de los casos, de políticos oportunistas. Daba vergüenza ver declarar al ex-alcalde de Andratx intentando justificar que una nave agrícola le salió un chalet de lujo así, como por casualidad, con toda su buena intención: «Yo no sabía que en una granja no se podía poner un lavabo de mármol». Manda cojones. No hablemos ya del caso Marbella y ni siquiera pensemos en las decenas y decenas de Marbellas que hay por ahí, no pocas en Cataluña, donde no se ha tirado ni un puto milímetro de la bestialmente gruesa manta que tapa muchísimo chanchullo.

Y es que no hay denuncias, hombre…

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BREVES

Leo por ahí que las enfermedades venéreas se están multiplicando entre la población joven. Ah, bueno, qué susto: yo ya no soy joven desde hace tiempo.

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Con razón suele decirse que, aunque no se crea en meigas, haber, haylas. Y para que no queden dudas, el Ayuntamiento de Lugo se gasta la pasta pública en que una magufa enseñe a la muchachada a preparar filtros de amor. A ver si los chavales van a volver a estas alturas a la aspirina con cocacola de mis años mozos…

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El Ministro de Justicia me descojona de risa, primero, en su pretensión de que el desastre denunciado días atrás por el Consejo Genral (otro que bien baila) es poco menos que coyuntural; segundo, cuando dice que eso él lo arregla con informática a todo pasto. Eso es: ordenadores con guor y a seguir trabajando como hace cien años a la salud de la Rosa de España, a la que Micro$oft ha ascendido a nivel europeo. Guau.

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Lidia Falcón, fundadora -creo- y presidenta -creo- de una cosa llamada «Partido Feminista», sostiene que la custodia compartida es una forma de violencia de género. Esta mujer no tendría que morirse nunca, de verdad…

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De verdadero descojono (aunque no sé si de risa o de pena) los premios a la publicidad engañosa de Ecologistas en Acción (gracias a «Menéame»). De descojono lo merecidos que son, no el hecho de que los den, que quede claro. Impagables el Premio Cenutrio y el Premio Tortilla de Silicona.

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Pues hasta aquí, tardecito, pero con la dicha buena, ha llegado esta edición de la paella. El próximo jueves, 15 de mayo, San Isidro Labrador, patrono de la Villa de Madrid (vaya mayos que se raspan los gatos) y patrono también de los agricultores, pese a la artificiosa competencia de un tal Sant Galderic que no sé quién, cocido de garnacha, probablemente, les inventó a los pobres payeses catalanes. ¡Cómo iban los descendientes corporativos del bon cop de falç a compartir patrono con los madrileños!

Aquí estará ese día, si no se rompe nada, la paella. Pero no olvidéis que, en el ínterin, «El Incordio» continúa; aunque la paella tenga fieles propios y exclusivos, la casa en la que se aloja es común.

Nos seguimos viendo, pues…

De la serie Los jueves, paella |

Un comentario

  1. Jorge Delgado Says:

    Le juro, D. Javier, que no soy violento, pero como este gobierno (o cualquier otro) se atreviere a tocar un solo céntimo del Fondo de Garantía de las Pensiones para regalárselo a esa panda de piratas de tierra firme, es para montar una zapatiesta que el 2 de Mayo pareciese una merienda campestre a su lado.
    Aunque, sabiendo con los bueyes que aramos, seguro que nos dan bien por donde amargan los pepinos y no se enciende ni un cirio.
    Es que es para liarse a garrotazos directamente con el individuo que ha lo ha propuesto, a ver si se le quitan las ganas de decir estupideces.

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