Bandolerismo teleco
Hay un revuelo importante en todos los ámbitos -en la red y fuera de ella- con la idea de la señora Redding, la comisaria europea de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información, de implantar en Europa el sistema norteamericano de tarifación de telefonía móvil que consiste en que el uso de una red tercera por parte de un abonado de telefonía móvil se le cargue directamente a él en lugar de ajustarse entre compañías, es decir, pagar por recibir llamadas efectuadas desde otro operador. Algo parecido al roaming es decir, a las llamadas al extranjero, en las cuales el que llama paga como si llamara dentro de España pero el que recibe -en el extranjero, claro- paga la diferencia del sobrecoste por llamada internacional.
Se discute si esto será más o menos rentable para el usuario medio y se recuerda que en España pagamos las tarifas más caras de Europa y que el sistema que propone Redding podría llevar, incluso, a algo tan apreciado aquí -tanto, que lo pagamos a precios desproporcionados y abusivos- como la tarifa plana. También se recuerda, en sentido inverso, que la telefonía móvil norteamericana -en la que funciona este sistema- es comercial y tecnológicamente menos dinámica que la europea y que esto haría el sistema poco apetecible para las operadoras de la orilla oriental del Atlántico.
También nos preguntamos muchos usuarios qué ocurriría con el spam telefónico que sufrimos constantemente -mayoritariamente a cargo de corsarios y negreros que actúan precisamente en interés de las propias operadoras- y si se arbitraría algún sistema fiable para identificar primeras llamadas, es decir, las procedentes de personas que se ponen en contacto con nosotros por primera vez.
Se dice que la implantación de la cosa esta llevaría a un descenso de las conversaciones -tanto en establecimiento de llamadas como en su duración- y a un incremento de los SMS, fácilmente comprensible: «Buenos días, soy Fulano; te voy a llamar en unos minutos. Descuelga el teléfono, por favor». Lo que me pregunto es si con los SMS se aplicaría también la misma norma de pago por el destinatario porque el SMS -al menos hasta hoy- no es soslayable.
Se dice, se dice y se dice pero, en realidad, puede decirse misa cantada. Aquí -en Europa y en España- se va a hacer lo que digan las telecos. Sobre todo en España, donde con un Francisco Ros -claro factótum de Telefónica- haciendo lo que le da la gana en todas las instancias gubernamentales y una Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones a la que el interés del ciudadano se la pela totalmente y que sólo está pendiente de proteger y mimar los intereses de las operadoras, los ciudadanos no somos sino siervos que tenemos que pagar lo que se nos manda por un servicio que, muy frecuentemente -con dolorosa y cansina cotidianidad- es una perfecta mierda, donde se nos hace impunemente objeto de slamming, donde los servicios (¿¿¿servicios???) de atención al cliente no son sino una total basura que no sirve sino para sacarnos fraudulentamente aún más dinero sin satisfacer en absoluto nuestras consultas y nuestras reclamaciones, donde se nos esclaviza y se nos encadena a una compañía -cualquiera de ellas- que se rifa descaradamente todas las normas y no nos da de baja sino tras largos y costosos trámites que se hacen durar en ocasiones incluso meses…
Estando así, que no nos vendan tonterías de que de tal manera o de tal otra la factura del móvil (o del teléfono, o de internet) nos va a salir más barata, porque es mentira, falso de toda falsedad, puro fraude político y económico. Aquí, se haga lo que se haga, no habrá otro resultado que el encarecimiento de eso que estúpidamente llamamos servicios y el incremento brutal de los beneficios de las compañías correspondientes (generalmente, las mismas tres o cuatro). Aquí estamos encadenados a un oligopolio: ni mercado libre ni zarandajas. Aquí había un monopolio que nos robó lo que quiso bajo la manta protectora del Gobierno; otro Gobierno, posteriormente nos robó expoliándonos la red que se había pagado con el dinero forzoso de todos y regalándosela a la compañía del amiguete; después, llamaron a dos o tres más para que se apuntaran al comedero sin haber invertido un solo euro.
Aquí no hay mercado ni prestación de servicios ni nada de nada. Aquí hay una serie de compañías que se han repartido no un mercado -que no existe- sino un país; han establecido que este país tiene que proporcionarles unos ingresos -para disimular los cuales hace ver que presta un servicio- y punto pelota. Igual que la mafia. Y entre estos y el gremio sin ánimo de lucro -que nos cuesta otra buena pasta- como caixas, $gaes y similares, que son los amos de la otra mitad del país, los ciudadanos no somos sino máquinas de mantener zánganos.
Esto es lo que hay y esto es lo que habrá, al menos hasta que demos una fuerte patada en el suelo -o donde no es el suelo- pero está el personal demasiado sobrado y sangre de horchata para que eso sea un futurible razonable. Por lo tanto, que no nos venga doña Viviane vendiendo tonterías. Sospecho que si aquí no se ha montado el tinglado como en yanquilandia es porque a los de aquí -a los zánganos de aquí, por supuesto- no les ha convenido. Se les puede convencer de que es conveniente y entonces habrá, sin duda, sistema yanquilándico, pero no porque vaya a beneficiar al usuario -que no le beneficiará- sino porque beneficiará al oligopolio.
Luego que vengan diciendo que a la UE no pueden detenerla solamente ochocientos mil irlandeses. Que nos dejen votar a todos los demás -bueno, a los españoles da igual, porque el voto español es gilipollas sistemáticamente- y verán lo que le pasa a su preciosa UE de bandoleros.
Resignación, templanza y a seguir tragando…
De la serie Correo ordinario |








