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Taxipocalípticos

August 8th, 2008 por Javier Cuchí

Ya estamos otra vez a vueltas -a vueltas de botarates- con el tema de los videojuegos. Esta vez le ha tocado a uno que se llama Grand Theft Auto IV, un juego de acción en el que, según cuentan, se trata de ir haciendo barbaridades en el medio urbano y se gana, o se obtienen más puntos, o lo que sea, contra más bruto sea el jugador.

El caso es que en Thailandia el distribuidor ha retirado el juego del mercado después de que un imbécil -además de otras cosas peores- apuñaló con ensañamiento a un taxista emulando un momento del juego, según «Libertad Digital». En otra parte, no obstante, he leído que el tal imbécil asesinó al taxista, más que por emular los aconteceres del juego, para poder disfrutar de ellos, toda vez que el asesinato tenía como finalidad hacerse con la recaudación de la víctima para poder adquirir la última versión del juego.

Hasta aquí, pues, uno de tantos acontecimientos brutales que, por centenares, quizá por miles, acontecen a diario en este mundo, unas veces con cierta relación a un juego determinado, otras con cierta otra relación a películas de cine, otras más con cierta relación a series televisivas, y la inmensa mayoría de ellos, con total relación a cosas como la pobreza, la injusticia social, la demencia, la incultura, la poca vergüenza, el puro afán de lucro y sigue contando, sea todo ello alternativa o acumulativamente.

Sufrimos también, resignados, la culpabilización que se hace de los videojuegos -o del videojuego en concreto- cuando el acto execrable tiene relación con uno de ellos. Ya pasará. También hubo una época en la que se decía que los delincuentes aprendían de las series de televisión. E imagino que, en las primeras etapas del cine, cuando sus géneros empezaron a definirse, alguien acusaría a las películas policíacas de lo mismo. Es un fenómeno común de la estupidez humana: acusar de lo indeseable a aquello que resulta antipático, a aquello que resulta más aparente y próximo o, más sencillamente, a aquello que se odia o se desprecia por pura ignorancia, ya se sabe, lo de la zorra y las uvas, en vez de analizar -con espíritu autocrítico, además- las causas profundas del problema.

La novedad, en el caso concreto, es que alguien se base en un hecho acontecido en un lugar tan lejano, geográfica, social y culturalmente, para exigir la retirada del juego en cuestión aquí; y más novedoso aún es que esta petición surja de un colectivo formalmente organizado -del que cabría suponer que sus actos emanan tras una detenida reflexión de sus órganos rectores- en vez de, como es común, de un clamor populachero o mediático de baja alfabetización o de formación intelectual asaz cutre; en otras palabras, quien se ha hecho cargo, asumiéndolo como propio, del clamor censurante -nada exento de cretinismo-, ha sido la Federación Catalana del Taxi, cuyo secretario rechaza tópicos (sic) sobre taxistas que, según él, inducirían al eje central del juego que, siempre según él, consiste en matar taxistas. El ínclito secretario considera asimismo normal (sic) que el Institut Metropolità del Taxi solicite o promueva o vete a saber qué, la retirada del juego. Hala, con dos cojones.

Redondeando el esperpento, no sorprende que un elíptico colectivo de aficionados a los videojuegos tome un montón de noticias sobre tropelías cometidas por taxistas -básicamente atropellos de seres humanos- y soliciten la retirada del permiso de conducir al entero gremio del taxi basándose en la indudable peligrosidad que esas noticias probarían. Absurdo, claro, pero no más que la petición de la federación esa del taxi.

Se ha dicho muchas veces, en esta bitácora y fuera de ella: los videojuegos, como cualquier otro fenómeno próximo a la comunicación, tienen una cierta capacidad para llamar a la emulación, igual, es verdad, que las películas o las teleseries, pero eso no es determinante. Todos hemos sido testigos o víctimas, circulando en automóvil, del imbécil que nos cierra o que circula zigzagueando como un cafre a toda velocidad y muchos hemos pensado «ahí tienes a un hijo de puta que se cree que esto es el Carmaggedon». ¿O no? Pero todos sabemos que la culpa no es del Carmaggedon sino del hijo de puta mismo porque, además, muchísimo antes de que existieran los videojuegos ya había hijos de puta en las carreteras.

Lo que sí resulta determinante es la capacidad para discernir la realidad del juego y esa es tarea de la educación. Que muchos jovencitos vayan por la calle comportándose como personajes de videojuegos, que crean que la ultraviolencia gratuita y no finalista es un fenómeno normal, algo inherente al vivir cada día, y así, por puro placer o ni siquiera por eso, por el mismo impulso que llevó a la generación de sus padres y de sus abuelo a encender el primer cigarillo a los 14 años, le propinen una paliza brutal a cualquier chaval del cole, no es culpa de los videojuegos sino de los cabrones de sus padres o del estúpido sistema educativo que no permite a los profes enseñarles correctamente dónde está la frontera entre el juego y el comportamiento socialmente corrrecto. Es en la clara señalización de esa frontera donde está el secreto y la solución, no en secuestrar videojuegos… o en poner YouTube bajo censura previa o en cerrar páginas de la red.

La censura, no me cansaré de decirlo, es cosa de impotentes mentales y contra esa pichaflojez no se ha inventado aún Viagra alguna. Todo mensaje que pueda considerarse socialmente tóxico puede compensarse con un mensaje correcto más potente; la censura no induce más que a la solidaridad con el/lo censurado y a una mayor promoción de su contenido. La censura, a ver si nos enteramos, es contraproducente. Social e intelectualmente contraproducente. Y políticamente, a la larga, también lo acaba siendo.

En cuanto a los taxistas -concretamente, los de Barcelona- y a los tópicos -o no tan tópicos- sobre ellos, ya escribiré yo largo y tendido el jueves menos pensado.

Y yo no uso videojuegos.

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3 comentarios

  1. lamastelle-violento Says:

    Ayer mismo, sin ir mas lejos, un loco ataco a un molino de mi propiedad. Exijo la retirada de todas las copias del Quijote, para que este desagradable incidente no se repita. Y ya puestos, que se me indemnice por tener que escribir esto, ya que a la distribuidora del juego no creo que le devuelvan un duro cuando el juez de turno declare ilegal la retirada del juego…

    Postdata. Yo, de pequeño, jugaba con Pipo descubre las matematicas…y ahora soy defraudador de impuestos.

  2. Ryouga Says:

    “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”.Albert Einstein.

    Hoy sabemos que nuestro universo,aunque expandiéndose tiene un final, estos taxistas demuestran que de tener limite la estupidez humana estamos lejos de conocer cual es su limite.

    La lastima es que no se le ocurre a nadie censurar el futbol con la de muertes que ha habido entre subnormales vestidos con camisetas de colores.

    Hace un tiempo tambien lei una entrevista a noseque mando de la policía de Vigo (creo) acerca de un video en YouTube en el que se podia ver a unos animales haciendo carreras por el centro de la ciudad (actividad bastante común sobre todo las noches de fines de semana), la respuesta me dejo perplejo, comento la necesidad de censurar vídeos en el portal, ni una palabra acerca de detener a esos animales, se ve que esos vídeos dejan en evidencia su fracaso a la hora de controlar las calles (o sea su trabajo,pero ojos que no ven…)

  3. Guillermo Says:

    Y ya puestos, habría que prohibir el fuego (quema), el agua (la gente se ahoga), las piedras (se pueden usar para tirar a la cabeza de alguien), las cuerdas (algunos la usan para ahorcarse), y un sinfín de cosas que nos rodean y que con un mal uso pueden matar o hacer daño, y bien empleadas nos facilitan la vida, pero como bien dice Javier se culpa al objeto como causa del mal, y se soslaya el verdadero problema, la persona.