Miscelánea estival 2008 (III)
Vía «Menéame» (para variar), llego a una crónica de Victorià Jiménez, corresponsal en Londres de Levante-EMV.com, que recoge una serie de artículos de diversos rotativos británicos quejosos de que sus conciudadanos han sido víctimas de la corrupción urbanística que campa a troche y moche por la Comunitat Valenciana.
Claro, lo suyo sería leer todos estos artículos en su medio e idioma original para ver su exacto tono, pero como no soy, en absoluto, buen conocedor del inglés y, en ese idioma, soy incapaz de distinguir un tono de un rebuzno, voy a fiarme de la crónica de don Victorià, entre otras cosas porque ese es un tono habitual en la prensa británica cuando habla de la perfidia hispana.
Perfidia hispana -aunque no exclusivamente hispana- que es rigurosamente cierta, no nos engañemos. Para qué vamos a negar que aquí tenemos al empresariado más cutre y salchichero del mundo occidental -y parte del otro-, perfectamente incardinado como culo y mierda -y nunca mejor dicho- con la administración local más sucia, mafiosa y corrupta que haya parido sistema constitucional alguno. Todo lo cual cabe elevarlo exponencialmente cuando el sector afectado por la cuestión es el del ladrillo.
Tampoco es menos cierto que la pobre Comunitat Valenciana ha sido el principal campamento (que no el único, no nos equivoquemos) de lo mejorcito de todo ese gremio empresarial y administrativo -por decir algo-, cosa de la que los valencianos son víctimas, pero también, en cierto modo, culpables. Zaplana y demás hierbas no llegaron a donde llegaron dando un golpe de estado. Algún día tendré que explayarme sobre la teoría de la responsabilidad colectiva, porque aquí hay mucho presunto inocente pringado de mierda hasta las orejas y luego, cuando llega la factura, todo son ays y uys y cómo iba yo a saberlo, en un país en el que hemos hecho arte de eso de mirar para otro lado cuando interesa y de oir sólo lo que nos conviene en la interpretación que más nos gusta.
Hasta aquí bien. No, vaya, quiero decir mal; me refiero a que esto es así (y aún peor, si le entramos a fondo) y que no cabe rasgarse las vestiduras cuando nos refriegan por la cara el calzoncillo bien cagadito.
Otra cosa es que los tabloides del reino de Su Chistosa entren en el ya manido argumento de los sucios y cochinos españoles timando como perfectos pigs a pobres y desamparados ancianitos británicos, y anden por ahí clamando por Nelson y Trafalgar.
En primer lugar, el sector de sucios y cochinos españoles que timan como perfectos pigs, no tiene nada de xenófobo ni de racista: le da igual robar, estafar, timar y arruinar a un ancianito español que a un ancianito británico que a un jubiladete belga, si se tercia; aquí hay muy pocas manías y toda la pasta es del mismo color, si hacemos abstracción del aspecto del billete según su valor facial. En segundo lugar -digámoslas todas, ya de paso- parece que nuestros sucios y cochinos locales han sido eficazmente coadyuvados por sucios y cochinos súbditos de Su Chistosa establecidos aquí o allá pero metidos en igual harina, que el mercado, en Europa, está abierto a todos y la de sinvergüenza, ladrón y estafador no es una profesión que conste en el pasaporte.
Pero es que hay más. Una misma cosa puede decirse de varias maneras, como de varias maneras se puede vestir a una mona, y en esto de los pelotazos inmobiliarios sucede muchas veces como en los timos que describía Enrique Rubio, como en el tocomocho, por ejemplo, en que el timado lo era precisamente por ser mucho más sinvergüenza -aunque mucho más tonto- que el timador. Y esto es algo que habría que recordarles a muchos que ahora lloran con lágrimas de cocodrilo por su desgracia inmobiliaria. El pet de la burbuja del ladrillo ha dejado en una situación delicada -cuando no redondamente dramática- a muchas familias honradas que compraron por necesidad y de buena fe; pero también ha dejado con el culo al aire a mucho sinvergüenza de menor cuantía que se creía que todo el monte es orégano y que iba de listo por la vida, sin recordar que cuando tú le debes al banco 300.000 euros, tienes un problema gordo, pero cuando le debes 3.000 millones, el que tiene un problema gordo es el banco; por eso algún gordo directivo de Martinsa-Fadesa, después de declarar en concurso de acreedores a la empresa, se ha declarado igualmente él mismo y vete a levantarle un inventario de lo que tiene en las Caimán o por ahí, y alegría de la vida, mientras que el otro pobre imbécil, sigue sin vender el puto piso aunque ya lo está dejando a 240.000.
Al jubiladete británico se le puede ver como un pobre proletario al que tiburones sin escrúpulos le han levantado los ahorros; pero también se le puede ver como un retrasado mental que va de listillo y al que le han importado tres cojones las consideraciones de sostenibilidad, de legalidad y de vergüenza, obnubilado por la pastizara -dibujada con el fotochó- que le han puesto delante de los ojos. El inversor serio y, hasta donde puede decirse, honorable, va a un abogado o a un agente de la propiedad colegiado -con residencia lejos del punto de interés, por si las moscas- y se informa de lo que hay. El problema es que eso, además de costar un dinerito -no mucho, pero pica- le expone a uno a oir lo que no quiere oir, pero la ventaja es que el rugido del tiburón pasa a ser visto como lo que es: un canto de sirena. De sirena bastante hija de puta, por cierto.
Así que menos lobos, caperucita mediática británica. Si a vuestros jubiladetes les llegó el San Joderse, es porque se lo han buscado, exactamente igual que nuestros locales sinvergüenzas de mercadillo de saldos. Y, visto la que han armado en nuestra casa, que no en la de Su Chistosa, pues qué queréis que os diga: no sabes cuánto me alegro y cómo me recreo en su ruina y en su desgracia.
Y que los folle un pez.
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August 19th, 2008 at 20:36
No dudo que habrá más de un jubilado que había comprado de buena fe un retiro paradisíaco en la costa mediterránea y se ha encontrado con una barraca zulú y encima ilegal. Pero no nos engañemos, el boom especulativo que ha vivido la costa levantina se ha debido a los mal llamados “inversores” de aquí, del Reinio Unido y de la Conchinchina. De hecho, la madre de todos los ladrillos, Marina d’Or, no se anunciaba como un magnífico lugar donde pasar las vacaciones sino como “su mejor inversión”.
Mucho promotor engominado y putero-cubatero se ha forrado con la burbuja ladrillera pero más de un vecino, conocido, pariente, etc. invirtió sus ahorrillos en comprar un pisito nuevo sobre plano o uno de segunda mano para luego revenderlo a precio de oro. Ahora que la vacas son anoréxicas, que cada palo aguante su vela, a pesar de que el engominado, sobretodo el de alto standing, tiene a los políticos (con nuestro dinero) y a la banca (también con nuestro dinero) para limpiarle el culete.
Mierda de pais.