El Incordio


Búsqueda





Europa Central
(CET - UTC+1)







El autor


    Javier Cuchí
    Contacto
    Barcelona, 2004-2010

    Todos los contenidos de esta bitácora están registrados

    Safe Creative #0710050011726

    Licencia
    Creative Commons


    Creative Commons License




Internautas TV





Entradas recientes

Noticias de la AI







Entidades y campañas

La tira Ecol


    Tira Ecol




Mis fotos

Calendario de eventos









Bájate el libro
«Los piratas son los padres»
desde el servidor de EXGAE
(Archivo en PDF)



Un excelente cava catalán
¿Por qué?





Sindicación




Situación actual en


"



La paz difícil

October 7th, 2008 por Javier Cuchí

Hace pocas fechas, Richard Stallman cargaba contra el cloud computing (consiste, en términos simples, en que las aplicaciones y la información inherente se hallan en un servidor y no en el ordenador del usuario) acusándolo de constituir un procedimiento mediante el cual las grandes corporaciones acopian ingentes cantidades de información personal y empresarial sin que sea posible fiscalizar el uso que dichas corporaciones hagan de toda esa información (que Stallman intuye o vaticina perversa). Remachó ayer o anteayer tachando de estúpidos -más o menos- a los que usan Gmail por suministrar todo ese ingente caudal de información a Google.

Como podemos ver en el enlace, Sergio Montoro se compadece de Stallman por anacrónico y desfasado (los adjetivos son míos) y sí que a veces parece que la revolución que él mismo inició ha ido más deprisa que él y le ha rebasado… a veces pasándole por encima. Talmente da la impresión, de vez en cuando, de ser una especie de anacoreta vestido con harapos clamando en medio del desierto.

Siempre he defendido, no obstante, que esta patetización de la imagen de Stallman (muchas veces ofrecida por él mismo) no debe hacer caer en saco roto sus avisos. Otra cosa es permanecer en el limbo virgen de la pureza absoluta, porque eso nos lleva poco menos que a una isla desierta, pero hay que poner la oreja cuando el apóstol del software libre se pone apocalíptico.

El cloud computing parece que va a ser el futuro, estoy con Sergio Montoro, aunque estas cosas hay que decirlas con muchas reservas, que después pasa lo que pasa. Pero es verdad que algo tendrá el vino cuando lo bendicen y si Micro$oft y Google andan por las nubes, es lógico pensar que todos -o la mayoría, una inmensa mayoría- acabaremos (o acabarán, quién sabe) ahí. Luego, posiblemente, habrá modelos distintos, y unos lo harán gratis, otros pagando y a lo mejor hasta habrá quien dará dinero encima, vete a saber, pero, no rompiéndose nada, es más que previsible el ascenso general a la nubosidad variable.

Esto significa que los temores de Stallman no son infundados porque el volumen de información que llegarán a poseer de cada uno de decenas y, posiblemente, centenares de millones de personas es, sencillamente brutal; tanto que parece inconcebible. Y, sin embargo, si las cosas se dejaran así, estaríamos ante un Gran Hermano mucho más sutil y sofisticado que el de Orwell, sobre todo porque podemos ser completamente inconscientes -y, por ende, fácilmente insensibilizados- de esa vigilancia.

Esto significaría, por ejemplo, que todos estos choques que estamos viviendo en estos momentos entre lobbys y ciudadanos por preservar la intimidad de los datos en red, por interponer a los jueces ante cualquier pretensión tiránica de hacerse con nuestros datos para mantener el control de lo que hacemos en Internet, sería como presenciar una lucha a garrotazos mientras el enemigo de verdad calienta los motores de su sofisticadísimo cazabombardero stealth.

Y es que la tentación por ir de cabeza al cloud computing es enorme y, de hecho, la estamos ya viendo y experimentando. Estamos ya acostumbrados a usar unos servicios de este tipo desde hace mucho tiempo: el más primario, el del correo electrónico, tan antiguo -o más- como el acceso a Internet tal como lo conocemos hoy. Lo primero que tenía que habernos mosqueado -y sólo mosqueó a unos pocos iluminado- fue la enorme e innecesaria cantidad de espacio que empezaron a regalar los grandes proveedores de correo electrónico gratuito (Google, Micro$oft, Yahoo…). No hacen falta 5 o 7 gigas de capacidad para el correo electrónico; razonablemente bien gestionado, un usuario de correo electrónico va sobrado con 100 o 200 Mbytes. Tales enormes capacidades no van destinadas sino a que el usuario utilice su cuenta de correo electrónico como un almacén; y muchos lo utilizamos como un almacén ciertamente.

Pero es que, además, sus respectivos entornos ofrecen mayores posibilidades para nuestros datos. No conozco muy bien, como ya se supondrá, el entorno Micro$oft, pero sí el de Google (y no me importa reconocer que lo uso intensivamente) y tengo un pequeño mundo mío metido en iGoogle, combinado con Gmail, con Maps y con un cierto etcétera. La calidad de los datos míos que tiene la empresa no es, hoy por hoy, importante, nada que no sepan mi banco, mi compañía de seguros y Teddy Bautista, pero la cantidad sí y la cantidad tiene también su importancia.

A partir de ahí, cabe pensar con más detenimiento en las advertencias de Stallman que quizá estén arrasadas por el curso de los acontecimientos, pero que alertan sobre peligros ciertos y reales.

Debemos empezar a promover, desde todos los ámbitos de la red, acciones conducentes a preservar nuestros datos. No podemos contar con frenar en seco la tendencia -que veo imparable- al cloud computing, pero estamos a tiempo de exigir -y forzar- a los poderes públicos para que se adopten una normativa que permita poner coto a los malos usos de esa información sin que ello suponga que esos poderes públicos interfieran en nuestros datos, ni directamente ni como cómplices -quizá necesarios, ojo- de estas empresas. En cualquier caso, habrá que empezar a estudiar (y posteriormente divulgar) técnicas de autopreservación.

Veo útil el entorno Google; probablemente lo seguiré utilizando en el futuro, quizá aún en mayor medida que ahora, pero no me harán soltar fácilmente mi disco duro. Incluso al contrario: comienzo a pensar seriamente en la posibilidad de instalarme un disco duro que jamás llegue a estar conectado ni directa ni indirectamente a la red. Un poco de prudente paranoia no es mala.

Un nuevo reto, una nueva batalla, un nuevo problema… quizá una nueva guerra. Habrá que ajustarse el casco y el chaleco antifragmentación; y habrá que acostumbrarse a un nuevo frente de características completamente distintas, posiblemente, a las que estamos habituados.

No veo posible la paz para los ciudadanos.

Posted in Uncategorized |

2 comentarios

  1. Celu Says:

    No creo necesario un nuevo disco duro, ya que podemos restringir lo que compartimos; además, la contraofensiva lógica sería proporcionar información falsa; mucha gente lo hace en los sitios que les piden datos que ellos consideran sensibles. Es algo Darwiniano; si ellos aumentan su capacidad de informarse, nosotros contraatacamos con información falsa.

  2. josempelaez Says:

    Empleo los servicios de Google porque me parecen muy útiles, y no me importa que alguien más sepa cosas que ya saben otros muchos: amigos, compañeros, banco, aseguradora, Hacienda…. Me parece que Stallman se aleja varios pueblos del mundo en el que vivimos, aunque sepamos que no es lo mismo una información dispersa que bien relacionada.

    Ello no quiere decir que no use varios discos duros “privados”, que a veces no aporte datos erróneos, y que en ocasiones no navegue de forma “anonimizada” por lo que dice Celu.

    Además, hasta donde conozco, los nuevos navegadores van a facilitar bastante esta posibilidad, que ya estará al alcance de todos los usuarios. Consiero que la postura de Google es más razonable y práctica que la de Stallman.