Ateos, necios y genios
Llego a través de «Menéame» a una cachondada de las que podemos degustar habitualmente los seguidores de «Sin Dioses», la que sin duda es la página de referencia del ateísmo hispano, que es una carta escrita por un fanático religioso. No voy a citarla porque no va más allá y, por lo demás, en la sección Cartas desde la Edad Media de la citada página pueden encontrarse algunas mucho mejores. Pero me ha llamado la atención una de las frases con que le responde Marcelo Huerta San Martín: «por razones evolutivas estamos programados para pensar que cualquier cosa que amenace lo que nos enseñaron en la infancia amenaza nuestra supervivencia misma, de modo que es difícil que una indoctrinación temprana pueda revertirse». Una frase digna de reflexión.
Efectivamente, al ateísmo se llega después de un proceso realmente largo, costoso y difícil, sobre todo cuando, como yo, no se ha tenido una formación científica sino humanistica y sociológica (en términos vulgares: soy de letras), lo que lleva a que la ciencia empírica sea, en muchos casos, una cuestión de fe que no siempre es suficiente para imponerse a la fe inculcada desde la más temprana niñez. Y menos, desde luego, en niveles de debate de cierta altura: yo no tengo preparación suficiente para oponerle argumentos a un creacionista que me salga con la historia del ojo y del diseño inteligente. Mi autodidaxis en materia científica (científica empírica, para ser preciso) me llega para entender, dentro de lo razonable, el hecho evolutivo y la teoría -o conjunto de teorías- sobre la mecánica de la evolución. Menos mal que la tecnología se me da [algo] mejor gracias a la informática -mi pasión vigente- y a la aeronáutica -mi pasión ahora en estado latente- cultivadas durante tantos años. Pero poco más allá llego.
Ahora bien, si mi preparación científica es ciertamente deficitaria, también es cierto que la argumentación humanística y sociológica -y este sí que es mi fuerte- de la religión se cae a pedazos. Por ejemplo, la argumentación del ateísmo militante de que el dios judeocristiano es el ente más genocida de la mitología (tomo la frase casi literal de la página ateísta citada) es tan sólida como palpable en los propios textos judeocristianos. Por otra parte, preguntarse el porqué de cada dogma religioso o de cualquier norma ética emanada del mismo, aparte de ser una práctica dialéctica mal vista por las ortodoxias, hasta el punto de resultar muchas veces herética y susceptible de ser castigada con el patíbulo si la ortodoxia controla el poder civil, conlleva -cuando la ortodoxia no puede silenciar al discrepante o al dudoso- la misma invariable respuesta: los caminos del dios de turno son inescrutables. No preguntes el porqué; ya lo sabe el dios correspondiente; limítate a seguir la norma, aunque jamás hayas visto al tal dios promulgarla. Es decir, aún admitiendo, además, -como simple pero laboriosa hipótesis de trabajo- la existencia de un determinado dios, sus autoungidos ministros no son capaces de probar, siquiera, que las normas que imponen moral o materialmente, emanan de ese dios. Y, además de todo esto, las contradicciones entre los textos y la ortodoxia, cuya enormidad se incrementa habida cuenta de que prácticamente siempre la ortodoxia ha llegado a ser tal manipulando y falsificando los textos en cuestión, resultan sospechosos hasta el convencimiento apóstata.
Eso es lo que lleva a la primera etapa de la vía hacia el ateísmo: el agnosticismo. Bueno, habrá Dios o no lo habrá, pero paso absolutamente de él y, por supuesto, de todo el tinglado organizativo de la ortodoxia correspondiente. Luego se va evolucionando y se llega a la conclusión de que el agnosticismo es un paño caliente: o hay dios o no lo hay; cada cual llegue a su propia conclusión y asuma plenamente las consecuencias de la misma.
Ocurre que la educación religiosa lleva mucha ventaja a la educación científica. Desde muy niños, se nos inculcan unas creencias disfrazadas de dulces y entrañables anécdotas cuyo foco emisor suele ser nada menos que la madre, eficazmente secundada por festejos con trascendencia civil, entre los que destacan, sobre todo, la Navidad, que refuerzan esa sensación entrañable asociada al hecho religioso. La ortodoxia nos propina ahí un verdadero pelotazo. Este pelotazo puede, ocasionalmente, verse compensado: quizá un padre autoritario que obliga a asistir a esa soporífera ceremonia dominical eternamente repetida y repetitiva, en la que se glosan lecturas -encima, sesgadas- de los textos fundamentales y se repiten mantras a piñón fijo (no hay que menospreciar jamás el efecto devastador de la repetición hasta lo obsesivo, por absurdo que resulte el contenido de lo que se repite); o quizá ese cura del cole que resulta ser un hijoputa de muchísimo cuidado… o algo incluso peor. Pero aún así, la religión ha quedado tan incrustada que la idea de renunciar a ese dios que cuando se enfada -y tiene una marcada tendencia a lo colérico- es brutal (la mitología catolica sobre el infierno es abundante y tremebunda) se le aparece a uno como una enormidad. La mitología inoculada desde el amor de una madre y el terror atenazante inculcado por un clero intolerante, no se desarraigan así como así de la psiquis (psiquis, precisamente, cuya etimología griega hace referencia, precisamente, al alma, vaya por Dios… ¡Ups! Perdón…).
Por algo dicen que los curas saben latín…
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Seguimos inspirados hoy en «Menéame». En un examen de la oposición para cubrir varias plazas de auxiliares técnicos informáticos en la comunidad autónoma de Andalucía, resulta que las primeras 16 preguntas de un cuestionario de 100, versan sobre políticas de igualdad de género. Bien entendido que el resto de las preguntas sí son de informática. ¿Entonces?
No dudo de que el temario oficial incluiría este tipo de temas (de otro modo, las 16 preguntas llevarían a la nulidad de la prueba) y ahí está precisamente lo malo: ¿qué tendrá que ver, me pregunto, el tocino con la velocidad? Y no es coña, como pudiera parecer, porque los de «Menéame» han enlazado al cuerpo -en PDF- del delito.
- Oye, Pepe, que no sé qué le pasa a esta mierda de Güindou$, que no me da salida al correo electrónico y tengo al baranda en ascuas esperando el informe de Intervención sobre el contratito que le hizo al cuñado.
- Ah, pues lo siento, chato, pero yo de correo electrónico no entiendo…
- Pero… ¿cómo que no entiendes de correo electrónico? ¿No eres el informático? ¡Me cago en la puta de oros!
- ¡Agh! Has proferido una exclamación machista, discriminatoria hacia las trabajadoras sexuales, vejatoria para el género femenino e injuriosa hacia el gremio de joyeros. Ahora mismo me chivo a la Mesa Paritaria Administración-Sindicatos-Partidos-ONGs de Debate Sobre Discriminación Antifemenina y Antihomosexual en el Trabajo, en el Vecindario y en Misa Cantada
Esto es la rehostia, no se me ocurre otra expresión, porque esto es tan alucinante que casi no deja lugar al comentario. Cuando ya creemos superada nuestra capacidad de asombro, viene lo políticamente correcto a desbordárnosla a raudales nuevamente. Está claro que la gilipollez es el único ámbito en este país con unas cifras de eficiencia, de rendimiento, de productividad, en suma, que ya quisieran las empresas japonesas (las que están en Japón, claro). Alguien debería inventar algo para monetizarla, porque nuestro PIB subiría que ríete tú del ladrillo.
Pero nada, como tragamos carros y carretas, los pisacharcos, cagapalanganas y rentabaja mentales que ocupan todos los resortes de mando político en las administraciones públicas nos la van metiendo por el mismísimo culo mientras nosotros sonreímos como estos asiáticos que en las películas pintan como atontados mientras aseguran que «chinito no sabel».
Entre estos y la ESO, estamos apañados…
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Hay un señor con el que muchas veces no estoy de acuerdo -al cien por cien, prácticamente nunca- pero que dice cosas inteligentes, tanto es así que lo leo habitualmente pese a que colabora en «El Periódico». Me refiero a Juan José López-Burniol, notario de profesión, columnista habitual y observador político. Lo de hoy es uno de estos típicos casos, es decir, no estoy de acuerdo con el eje central de su artículo -la defensa de la reina en su presunta libertad de expresión pública- pero sí, y mucho, en algunos aspectos, en principio marginales, que suelta así, como de pasada, contenidos en el mismo. Y que son verdades como puños.
Primera cita impresionante, de dos orejas y rabo: «[La constatación de] El proceso de autodestrucción en que se halla inmersa España, al no admitirse tal y como es, no acertar a definir un proyecto compartido y no consumar -con una reforma constitucional imprescindible e inevitable- su marco de convivencia».
Segunda cita, de verdadero indulto al toro: «[...] El canon progresista vigente en España, cuya vulneración acarrea la expulsión a las tinieblas exteriores de lo políticamente correcto, es decir, allí donde no existe salvación posible».
Tercera cita, de salida a hombros por la puerta grande con atasco de tráfico impresionante en la avenida debido a los conductores que salen del coche para vitorear al diestro: «España no está en su mejor momento: lo que la derecha tiene de cerril tiene la izquierda de sectaria, hasta tal punto que sigue siendo cierto el viejo aserto de que no hay nada que se parezca más a la derecha española que la izquierda española».
Bueno, pues esto es, ni más ni menos, la diagnosis precisa, exacta, de cajón y en tres frases de lo que le sucede a un país que, hay que joderse, es precisamente el nuestro.
Aquí, afortunadamente, está pasando lo mismo que en la ciudad de Barcelona. Recordemos que Barcelona era indiscutiblemente guay y que decir lo contrario era herejía grave merecedora de todas las descalificaciones. Así fuimos muchos de malditos por la vida, empezando por mí, que descubrí lo del magiclick del arquero olímpico quince segundos después del tiro y no me lo callé (y porque en aquella época no había bitácoras, que si no…); hasta que, poco a poco, la gente, entre hostia de bicicletazo, tirón de bolso, pestazo de guiri, forrumazo y Guardia Urbana en stand by, fue descubriendo la realidad de la vida urbana barcelonesa y ahora es el alcalde el que tiene que correr porque, como no lo haga, estamos que nos falta el canto de un duro para devolver a los marranos a sus cruceros a gorrazo limpio. Como no me cansaré nunca de recordar, si se hizo con los de la Sexta Flota, más fácilmente ha de poderse hacer con esos cabestros atocinados.
Pues bien, poquito a poquito, tímidamente, van saliendo voces del armario en política nacional, voces que empiezan a estar hasta los cojones -o hasta el coño: ahí la paridad es total- de tanto lenguaje de gilipollas, de tanta política de gilipollas, de tanto gilipollas con mando en empresas y administraciones, de tanto analfabeto impartiendo doctrina -política, económica, moral…-, de tanto sinvergüenza pasando como prócer de altos vuelos y de tantas finales del Planeta regaladas a un perfecto impresentable. Andando el tiempo, a ver si estas voces tímidas van convirtiéndose en cagontós fuertes, claros y tonantes y va haciéndose sudar tinta china a toda la chusma esta… un poco antes de que reciban el necesario puntapié en el trasero y desaparezcan en medio de toda la mierda que contiene el vertedero de la Historia. Porque o se van ellos o nos vamos nosotros, esto que quede claro.
Por cierto: me quito el sombrero ante el contenido de la primera cita y lo mantengo en alto saludando a la tonelada de razón que se encierra en ella.
Pero que conste -lo saben mis seis o siete- que yo lo dije antes.
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Pues nada, esto es a lo que he llegado en este jueves primero de noviembre, todavía entripados todos de panellets, castañas, boniatos, huesos de santo, cava y moscatel. Habrá que sumergirse ahora en la prudencia, la templanza y la austeridad a fin de preparar el cuerpo para las agresiones alimentarias -o desalimentarias- brutales que nos obligarán a cometer -porque, de hecho, nos obligan- con motivo de las fiestas de la VISA.
La próxima paella, caerá, como es debido y si no pasa nada, en jueves y será el 13 de este mismo mes, navegando a toda velocidad hacia la culminación del segundo y más hermoso tercio del otoño, la estación más deliciosa del año. Sí, incluso en esta hormigonera barcelonesa.
Hasta entonces.
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November 6th, 2008 at 20:17
Lo de meter un tema de políticas de igualdad de género es obligado en las convocatorias de la AGE desde que entró el PSOE al gobierno, y supongo, que en las comunidades gobernadas por ellos harán lo propio. Lo que ya no es de recibo es que 16 preguntas de 100 sean sobre el dichoso temita…
Y ya puestos, no es ese el único tema que sobra en muchas convocatorias. Por lo general, también suelen encalomar un tema sobre voluntariado y ongs (!!).
Y este año, he visto diversas convocatorias, y a los ya acostumbrados temas de constitución y estado de las autonomías han metido también la corona…
November 8th, 2008 at 12:42
Javier, ayer por la tarde escribí un comentario en esta entrada que contenía un enlace pero todavía no aparece publicado. ¿Es por la moderación? ¿Lo escribo otra vez?
Gracias.
November 9th, 2008 at 12:55
Laertes, no hay moderación en esta bitácora salvo la del antispam que impide que suba un comentario con algún enlace. Quizá fue ese el problema. O igual lo borré yo sin querer en una borrada masiva de spam; tengo un problema gordo con eso.
Si eres tan amable, escríbelo otra vez, porfa.
Y recibe mis disculpas.
November 10th, 2008 at 20:55
Javier, lo he intentado un par de veces más pero parece que no es posible escribir un comentario que contenga enlaces, ni como texto ni con etiquetas html. Así que como solución voy a escribir una entrada en mi blog con enlace a tu entrada.
Y como comentas que no serías capaz de contestar a un creacionista que te salga con el tema del ojo, (complejidad irreductible creo que lo llaman) te recomiendo “El relojero ciego”, de Richard Dawkins, aunque mucho mejor en su versión original, las traducciones de sus libros suelen dejar mucho que desear.
Pero básicamente el argumento es que tal complejidad irreductible no existe. Un ojo, evidentemente, es un mecanismo complejo, pero eso no significa que no pueda funcionar sin alguna de sus partes o con partes defectuosas. Entre ser completamente ciego y ver perfectamente hay infinitas etapas: distinguir intensidad de luz, distinguir colores, ver sólo de cerca… y con ellas infinitos ojos, desde el más sencillo (una simple célula fotosensible) hasta los más agudos como los nuestros o los de las aves rapaces.
November 10th, 2008 at 21:13
[...] la “paella” del jueves pasado del excelente blog de Javier Cuchí escribió sobre el ateísmo a raíz de una [...]
November 19th, 2008 at 00:43
Muchas gracias por tu comentario y por la mención. Lo cierto es que la carta medieval en cuestión luego fue muy llorada en otros foros, en donde siguieron meneando (muy a propósito) mi presunto fundamentalismo. Es cierto que soy un poco intolerante con los necios, pero es que abundan tanto que uno se cansa…
Y por cierto, las Cartas de la Edad Media son una parte ínfima del correo que nos llega. Hoy por ejemplo recibimos uno muy simpático acusando al sitio de “fome” (que en Chile significa “sin gracia, sin interés, desangelado”) y falto de pruebas con relación a las religiones (?!). Y otro criticó la totalidad de los comentarios irónicos de María Luisa Alba Bustos sobre el Génesis con la sesuda frase: “Q boluda..!!! Mujer tenia q ser..!!! jajajaja” (lo que revela al lector como un argentino; vergüenza me da compartir país con este señor). Como estas payasadas semianalfabetas son la mayoría, es lógico que no salgan publicadas en las “Cartas”, aunque un par de ejemplares salen publicados, desde luego, para que sirvan de muestra…
December 1st, 2008 at 00:32
Lo políticamente correcto y la religión casi van de la mano, con la excusa de la tolerancia (hermosa palabra que ha sido tan utilizada y martirizada que ya ha perdido todo su sentido) resulta que hay que sonreír ante cualquier rito, costumbre o tradición aunque dicho rito sea echar sal en el ojo del vecino y por supuesto amenazarnos a los ateos con todo tipo de torturas post-morten.