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Religión, Afganistán y 23

October 8th, 2009 por Javier Cuchí

De la serie: Los jueves, paella

La noticia me horroriza: unos padres de no sé que religión -del ámbito cristiano, pentecostal o cosa parecida- dejaron morir a su hija de 11 años, que padecía una diabetes no diagnosticada, porque nunca fue llevada al médico y ni siquiera, ya en estado grave, fue llevada a un hospital. Al parecer esa religión extremadamente brutal lo prohíbe o lo considera pecado o algo así. O, cuando menos, la visión de esos padres sobre tal religión. Al parecer, la niña agonizó acostada en el suelo mientras toda la familia le rezaba a no sé quién, una escena macabra, de verdadera misa negra.

El juez ha sido clemente con los padres y les ha infligido una condena liviana: un mes de carcel anual durante seis años. Lo grande es que ese par de malas bestias fanáticas y homicidas, no muestra ningún arrepentimiento y, encima, aún espetaron al juez -presumo que en tono admonitorio- diversos pasajes de la Biblia. Para acabarlo de redondear, el abogado de la pareja anuncia que la pena es excesiva y que apelará el fallo; en fin, hay que tolerar que cumpla con su triste deber, pero, al menos, podría callarse, que estaría más guapo.

Esa fue noticia de ayer, día 7, precisamente el día que más de 700 bitácoras expresamos nuestra protesta por las restricciones presupuestarias a la investigación en los presupuestos para 2010 (por cierto, que me encanta recoger la frase lapidaria que cierra la entrada al efecto de Enrique Dans: «Lo más peligroso en este mundo no es un tonto con una escopeta, sino un tonto con unos presupuestos»).

Realmente parece que en los Estados Unidos el tema del fanatismo religioso es muy preocupante, sobre todo porque recibe apoyos morales y materiales de las propias instancias públicas. En ámbitos racionalistas ya es folklore que en muchos estados se obliga a los chavales a estudiar la coña marinera esa del diseño inteligente, en muchas ocasiones no además, sino en sustitución de la teoría de la evolución.

En España la cosa no baja tan bestia, pero también aquí tenemos algunos problemas: de cuando en cuando, unos flipados autodenominados Testigos de Jehová niegan a sus hijos una imprescindible transfusión de sangre; y sin llegar a tanto, la Iglesia católica causa también fastidia bastante con su absurda guerra contra el uso del preservativo y con la consideración de abortivas de algunas prácticas simplemente anticonceptivas.

Cuando se llega a estos extremos, el tema ciencia-religión deja de ser un debate para entrar en los ámbitos de la razón común y el discurso debería ser -ahí sí- radical: mire usted, puede creer en todas las tonterías que le dé la gana, pero a su hijo se le va a practicar una transfusión de sangre por cojones y se le seguirán practicando mientras las necesite, por lo menos hasta que sea mayor de edad (con la mayoría de edad, adquiere prioridad el derecho que asiste a cualquier persona a negarse a recibir un tratamiento). Pero, así y todo, y frente al caso concreto, el médico no puede actuar directamente sin jugársela muy seriamente (con pronósticos favorables para la apuesta, pero no por ello deja de serlo): hace falta la intervención del juez, que, por rauda que sea, siempre tarda un par de horas y, mientras tanto, el menor afectado anda cagando cerillas en cualquier box.

También la religión da por el culo en el asunto del bien morir. Hemos visto que ya no es que las religiones se opongan a la eutanasia, por más garantías de libre decisión individual que ésta tenga en cada caso concreto, sino que incluso se han objetado los propios cuidados paliativos, que son la verdadera y más humana alternativa a la eutanasia, hasta el punto de hacer ésta innecesaria en un sustancialmente mayoritario número de casos. Recordemos que en la Comunidad Autónoma de Madrid, con un sistema público privatizado de hecho y con el Opus campando con mando en plaza, se propinó un garrotazo tremendo a la medicina paliativa expedientando a un director médico como responsable administrativo (que no judicial) de la sedación de un paciente terminal en final corta, que se diría en términos aeronáuticos, so pretexto de que la sedación pudo causar la muerte del enfermo. Bueno, para empezar, no es ya propiamente un enfermo sino un moribundo; y es cierto que la sedación puede adelantar en unas horas, quizá en algún día, la defunción, pero hay que tener en cuanta que ésta es fatal, absolutamente inevitable a plazo no corto, sino cortísimo -es prácticamente inminente- y que el paciente muere de una forma digna y sin dolor.

Demasiada superchería, demasiada estupidez, demasiado cura, demasiado magufo y demasiada mierda. Y, encima, restricciones presupuestarias a la ciencia y algunos poderes públicos (la Generalitat de Catalunya, por ejemplo) pretendiendo regularizar los timos de las medicinas alternativas (que no son ni medicinas ni alternativas).

¿Y queréis alucinar aún más? Pues mirad qué cursitos ofrece… ¡¡el Colegio Oficial de Enfermería de Barcelona!! ¡¡A diplomados universitarios!!

¿Es o no es para cagarse?

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Ayer cayó otro soldado español en Afganistán. Es triste, es lamentable, pero también son gages del oficio. A los soldados les pasan estas cosas.

Lo que ocurre es que estas cosas a los soldados les pasan en guerra, en combate. Morir repartiendo cebollas y aspirinas es cosa de cooperantes, no de soldados. Los soldados, a ver si me explico y/o nos entendemos, son unos señores cuyo oficio es hacer pupa, arrear estopa a sangre y fuego, por orden de su gobierno a través del conducto reglamentario y a beneficio de la mayor gloria de la Patria; los soldados son transmisores materiales, ejecutores, de la mala uva gubernamental. Eres muy malo, querido colega presidente de la antipática nación de enfrente, y te voy a dar un par de hostias; y como estoy muy ocupado aquí con el papeleo y tal, pues te voy a mandar a domicilio a una bandera de la Legión para que facturen por vía directa al paraíso de las huríes a unos cuantos de tus secuaces con turbante. Y ya está.

Si la nación de enfrente no es antipática y hay buen rollo, lo que se hace es subvencionar a Médicos sin Fronteras para que les lleve tiritas y topionic y para sobrellevar la convalecencia se les factura al mikimoto para que echen unas risas, si es que hay alguien a quien el mikimoto este haga gracia, pero, en fin, algo hay que hacer con el personal residual…

Lo que no se hace nunca es enviar carros de combate, cañones, morteros, helicóperos de ataque, fusiles de asalto y legionarios feroces y despiadados en plan de ayuda humanitaria, aunque también es cierto que volarle la tapa de los sesos es una manera fulminante y tremendamente efectiva de quitarle a un tío el hambre y sacarlo de la pobreza y de la marginación. Para siempre, además.

Tal pretensión, la de enviar un arsenal en plan pacífico, es una pretensión estúpida y absurda que aguantamos aquí como si tal cosa desde los años 90, en que, tras tantas décadas de ejército chusquero y cutre, tuvimos uno presentable, con casco nuevo y todo, y lo llevamos por estos mundos para que lo vieran así de bonito, a mi niño, que no veas qué gozo da. Y, mira, a los españoles nos hizo gracia y nos ocultó el timo que había detrás de tanto casco azul y de tanta paz del calibre 5.56 NATO. Porque estas misiones de paz, cuando no han sido inútiles, nos han hecho incurrir (¡ops! presuntamente) en conductas que, en caso de derrota -cuando se vence, nunca-, igual podrían haber hecho a nuestros gobernantes y oficiales reos de crímenes de guerra. Habrá que recordar, a guisa de simple ejemplo, que nuestra Fuerza Aérea bombardeó objetivos civiles en Belgrado, sólo porque a una presunta comunidad internacional no le gustaba la nariz de Milosevic. A mí tampoco me gustaba y lo celebré mucho el día que cascó, pero no sé si esto es motivo suficiente para romperle el culo a un civil que pasa con un coche por un puente al que justamente acaba de soltarle un pepino inteligente el capitán Romerales cabalgando un F-18 con escarapela rojigualda, máxime teniendo en cuenta que la Yugoslavia o la ex-Yugoslavia, o Serbia, o lo que cojones fuera, no le había causado ningún daño a la inmortal e invicta patria hispana (al contrario, aquí tenemos a no sé cuántos serbios dando puntapiés y manotazos en calzoncillos a una pelota, y a todo el mundo le hace tanta gracia, y eso que igual los tales sirvieron en artillería y, para más detalles, Arturo Pérez-Reverte). De hecho, el Gobierno español no había efectuado una previa declaración de guerra, ni el tirad vos primero, sire, ni nada

En Afganistán, lo decía precisamente ayer, estamos ocupando militarmente -ex-aequo con no sé cuántos ejércitos más- una nación soberana, sólo porque lo decidió el presidente de los Estados Unidos. El pretexto es no sé qué terrorismo, como si cuatro pastunes analfabetos pudieran hacerle nada a occidente, cuando todos sabemos que el terrorismo islámico lo financia generosamente Arabia Saudí con la que, no obstante, mantenemos unas relaciones diplomáticas de puta madre y hasta nuestro monarca hace negocietes -según dicen- con la familia allí reinante entre apuñalamiento de regente y envenenamiento de heredero. También tenemos unas relaciones diplomáticas la mar de cucas con Pakistán y con Marruecos, cuando éstos han sido los países originarios de la carne de cañón terrorista (la pasta, ya lo hemos dicho).

Así que a ver qué nos están vendiendo, a ver qué batallas nos cuenta a ministra Chacón.

Lo que en realidad hacen allí nuestros soldados -aparte de morir cuando les toca esa lotería- es proteger los intereses de unas cuantas multinacionales cuyos gasoductos y oleoductos pasan precisamente por allí. Y nosotros, los ciudadanos españoles, además de pagar el petróleo a millón, ponemos el culo, es decir, las misiones de paz (con perdón de los soldaditos, que no va por ellos ni es personal) y la pastísima que nos cuestan. Luego, para hacerse la foto reglamentaria, las pocas veces que nuestros chavales sacan la nariz del fortín, reparten caramelos y agua mineral a los niños, pero más allá de la foto, lo que hay, queridos lectores, de lo que se trata por más que la Chacón nos mienta alevosamente (y mal, además: es tan cutre como su presidente en jefe), es de sostener mediante misiones de combate una ocupación militar.

El cabo de Infantería Cristo Ancor Cabello Santana, cayó sirviendo en combate. Pero la hez de políticos que logra que hasta el aire huela a mierda, le niega incluso ese honor, honor supremo para un soldado. Ese bebé hijo del cabo Cabello no será hijo de un héroe de guerra sino víctima de un acto terrorista. No es que sea deshonroso (muchos otros soldados, guardias civiles, han muerto así y lo han hecho heróicamente, a su vez), pero… no es lo mismo.

Propio de los tiempos y de esa chusma: mearse sobre la tumba de los héroes.

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Jordi Pujol ha destapado una olla cuyo contenido no era muy secreto ni muy desconocido, porque ya hace algunos años que veníamos oliendo sus efluvios; algunos de esos efluvios se vienen oliendo casi desde el día de autos. La cuestión es que el President emérito de la Generalitat (eso de ex-President me parece denigrante para un tío que se tiró ahí casi un cuarto de siglo) vino a hacerle algo así como proposiciones deshonestas respecto del entonces presidente Suárez, más no sé qué de su sustitución por un militar. Pese a las negativas de Múgica, doy total credibilidad a las afirmaciones de Pujol, por dos razones (incluso obviando la credibilidad de Pujol, que siempre ha sido institucionalmente muy leal): por una parte, que la figura de Múgica me parece a todas luces siniestra y su historial como Defensor de no se sabe quién -eso tendría que aclararlo él- avala esta desconfianza mía; por otra, que casi desde el mismo día del 23-F se supo de una cena que se celebró -creo recordar- en algún lugar del Empordà y en la que participaron, entre otros pájaros, Alfonso Armada y Enrique Múgica. Esa cena ha sido tan documentada que bien podría darse por histórica, por hecho probado. Otra cosa es lo que se habló en ella, aunque es más fácil adivinar de qué no se habló, precisamente: de ballet clásico.

El 23-F ha sido siempre una nebulosa en prácticamente todos sus detalles, pero a medida que pasan los años y que se van sabiendo más cosas, parece que había muchísima gente en el ajo y que buena parte de esa gente formaba parte -teóricamente- del bando agredido. Como tantas cosas en la [llamada] democracia española, podríamos estar frente a un nuevo timo que sólo se tragaron, primero, los chusqueros [que se creyeron] protagonistas y, después, la mayoría de los ciudadanos, cegados e intoxicados de una propaganda asfixiante que no dio el menor pie a preguntas ni a la consideración de versiones alternativas a la oficial.

Pienso, por ejemplo, que han hecho falta más de veinte años para que pudiera efectuarse con cierta libertad una pregunta que a todos se nos ocurrió desde el primer momento: ¿qué cuento es este de que Tejero irrumpe a las 18:30 en el Congreso y el Rey no aparece en televisión hasta pasada -bien pasada- la una de la madrugada? O esta otra no menos interesante pregunta: ¿qué clase de golpista fue Milans del Bosch, que se la envaina a las primeras de cambio cuando el monarca presuntamente golpeado así se lo ordena? Y así hasta muchísimas preguntas que podrían formularse.

La torta que le ha dado Pujol a Múgica queda perfectamente incardinada en una historia en la que demasiada gente cena con demasiada gente y poco sabemos de lo que se habla en esas cenas; incluso nos preguntamos si realmente estamos al cabo de la calle de todas las cenas que llegaron a celebrarse.

La pregunta nunca contestada sigue siendo a quién representaba Armada y qué le propuso -u ordenó- a Tejero para que éste lo enviara a tomar por el culo, rompiendo con ello el hilo -al parecer previsto- de los acontecimientos. Seguimos sin saber qué papel representó el comandante Cortina, a la sazón miembro del CESID, en aquella trama. Aunque fue absuelto, ¿no sería un agent provocateur? ¿No habría sido absuelto precisamente por eso mismo?

Preguntas, preguntas y preguntas, pero ya es algo que podamos, por lo menos, formulárnoslas. Hace no tantos años, hasta eso era imposible.

De toda esta historia, al único que me creo -aparte de a Pujol en la cuestión concreta tratada- es al propio Tejero -muchísimo menos tonto de lo que se le ha pintado- cuando aseguraba -y creo que todavía asegura- que «a mí aún tienen que explicarme en qué consistió el 23-F».

Me lo creo a pies juntillas.

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Queridos, sírvanse sentarse a la mesa que esto ya está listo.

El próximo jueves será 15 de octubre. ¿Y qué pasará el próximo jueves? Buena pregunta. Estaré en Asturias. Todos los días laborables de la próxima semana estaré en Asturias haciendo una cosa. Técnicamente, es decir, a efectos de mi trabajo habitual, estaré de vacaciones pero, en realidad, estaré trabajando, si bien no para la Generalitat de Catalunya. Bueno, ya os explicaré. El caso es que no sé qué pasará con mi tiempo. En principio, llevo la agenda muy apretada pero lo peor, a los efectos paelleros y bitacorarios en general, no es tanto el riesgo de no disponer de tiempo, sino que yo, cartesiano y metódico hasta la mismísima raíz del pelo, me desenvuelvo muy mal cuando la rutina se me trastoca.

El hecho es que, en todo caso, me llevo el ordenador -lo necesitaré- y tendré conexión en el hotel. Si, además, tengo tiempo y la ruptura de hábitos no me funde el chip, habrá «Incordio»; y si hay «Incordio», os garantizo la paella, porque le daré prioridad en todo caso.

A ver si, de todos modos, la gilipollez imperante me echa una mano y me obsequia con tres o cuatro acontecimientos que constituyen estupideces, indignidades o botarateces de marca mayor para ponerlas aquí a parir.

Que es lo que toca.

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Un comentario

  1. Monsignore Says:

    Quid bono?

    ¿Por qué Pujol - precisamente Pujol - destapa una olla de truenos en la que hay malos (y buenos) oficiales, el sumario está cerrado, el juicio de la Historia emitido, los culpables castigados y los protagonistas asimilados al acervo popular?

    Es de todos conocida la tirria pujolista a su predecesor. Y precisamente este predecesor es al que muchas fuentes señalaron - y siguen en ello, sin publicidad, sin alharacas, sin buscar reivindicaciones ni condenas - como ideólogo de un “golpe” de guiñol, que debería reconducir al país… al mismo punto en que se encontraba.

    Vamos para los treinta añitos del cipostio este, y aún siguen sacándole jugo. A eso se llama aprovechar la inversión.