Arroz de nuevo
De la serie: Los jueves, paella
No sé qué les pasa a las paellas últimamente, pero parecen presas de una maldición. Cero patatero en las dos últimas semanas, y en esta misma ha faltado el canto de un duro. Aún así, la paella llega en hora extrema. Yo no creo en brujas ¿eh? pero a veces parece que haber, haylas.
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Cada vez que hablo del Sáhara o pienso en él, me entra una mala leche acojonante y, sobre todo, un complejo de culpabilidad que no puedo con él. Y no porque tenga una culpa directa, no; cuando Solís y demás caterva de sinvergüenzas entregaron el Sáhara a los marroquís en acto de felonía y traición a España y a un pueblo que, pese a esa traición, siempre ha tenido a honor y gala su historia común, su pasado español, hasta el punto de que la lengua española es cooficial en la RASD y es asignatura obligatoria en su precario sistema de enseñanza de los campos de refugiados, cuando pasó esto, digo, yo tenía veinte años, ni siquiera era mayor de edad, por aquel entonces, mi capacidad ciudadana -como la de todo quisque- era nula y, sin embargo, aún recuerdo la sensación de rabia y de impotencia que me acometió cuando aquella tierra hermana fue regalada, vendida por un plato asqueroso de lentejas putrefactas, al enemigo marroquí.
La culpabilidad viene, más propiamente, de acordarme de Santa Bárbara solamente cuando truena, solamente experimento un bochorno descomunal cuando veía al vigente monarca borbónico abrazarse como un hermano al reyezuelo enemigo o cuando lo veo tratarse de tío a sobrino con este de kabileño de ahora; me avergüenzo hasta la última zurrapa calzoncillera cuando veo a todos los presidentes del Gobierno de todos los partidos irle a lamer el culo al moro: Suárez, Calvo Sotelo, Felipe González, Aznar (quizá el que menos, pero también) y, bueno, qué decir de este de ahora y de su tropa infecta.
Ahora tenemos un problema en las islas Canarias. Una señora, Aminatou Haidar, ha puesto en un brete a la débil y torpe diplomacia española, acorralada entre las intransigencias del reyezuelo de abajo y las exigencias del Emperador del Orbe, que parece que todo lo tolera, todo lo transige, menos, precisamente, la propiedad intelectual y el moro del Mediterráneo ulterior. Y el otro, el chulillo de verbena que se quedó sentado en la silla cuando pasaron los marines y que hizo volver de Irak al sargento Arensivias, ahora mea colonia con el massa yanqui, y obedece ciegamente a las majors, se despantaloniza ante el moro, y lo que se trajo de Irak lo reexpidió -corregido y aumentado- a Afganistan, una guerra de mierda sin victoria posible (y sin objeto conocido) que nos ha costado ya una montaña de muertos… y de pasta.
Tengo curiosidad por ver como se resuelve esto, porque esta señora parece decidida a cascar si no la dejan ir a El Aaiun como saharaui, sin rendirle pleitesía al reyezuelo enemigo. Y yo tengo para mí que si Aminatou muere, algo va a cambiar, muy radicalmente, en el problema saharaui. Veremos si la mediocridad imperante puede imponerse a la enormidad del sacrificio. Bueno, aquí sí; como aquí nos circula pipí por las venas, es posible que nos importe un pimiento. Pero allá, en los campos de refugiados, están decididos a montarla gorda: si les hacía falta un símbolo, están muy cerca de tenerlo, y este símbolo se les podría atragantar bastante a los felones y a los tiranos con fez.
Es otra factura que tenemos pendiente para nuestros gobernantes: el pueblo español, yo creo que en masa, tiene un pedacito de su corazón en el Sáhara. Creo que esa vergüenza que siento yo, la sentimos todos los españoles de bien -que lo somos todos menos los políticos y cuatro sinvergüenzas adicionales- y creo que es un clamor -silencioso, pero clamor- la exigencia de que la política española cambie radicalmente en lo referente a este problema.
Pero quien manda, manda.
Y Zapatero, obedece.
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El Tribunal Europeo de los Derechos Humano le ha atizado una buena hostia al Estado español, que tendrá que pagar más de 75.000 de nuestros euros por haberle denegado a una señora su pensión de viudedad por el hecho de que ésta se había casado por el rito gitano. Se ve que los oficiantes del rito este no están debidamente homologados.
Lo que no entiendo es por qué se ha llegado a esta sentencia, dado que, desde 2007, basta cualquier prueba suficiente de convivencia para acreditar el derecho a viudedad, aunque esta convivencia se haya establecido por el rito tlaxcalteca; no entiendo por qué a partir del 2007 el Estado español no se allanó y concedió a la señora en cuestión su merecida pensión. Porque imagino que estos dos añitos de pleito estúpido nos habrán costado, nuevamente a nosotros, los ciudadanitos, una pasta en costas.
Yo siempre he aconsejado a mis familiares que viven en pecado -que son unos cuantos, si me pongo a contar, vaya gremio de réprobos, amigo Monsignore- que, bueno, ir por libre está bien, pero que cuando hay un pisito, un coche, unos hijos, un trabajo estable que devenga pensiones y cosas y tal y demás, no cuesta nada tragarse el sapo e ir al juez a que certifique el contubernio, por aquello de que la prueba es fehaciente e incontestable. Incidentalmente, valga decir que si a la conciencia le importa tres cojones, el trámite ante el cura es bastante más sencillo y rápido (siempre que se consiga eludir ese antipático cursillo que creo que ahora es moda, pero creo que es fácil rifárselo), aunque no más barato: el de la sotana siempre conseguirá que soltéis una pasta para flores, para el organista o para cualquier otra chorrada en la que él llevará un porcentaje seguro. Pero bueno, allá cada cual: lo importante es tener la papela con el sello, las firmas y el resto de la cagarela. Os lo dice un funcionario.
Porque, luego… vamos a ver. En primer lugar, por más quintales de certificados de empadronamiento que aporte el viudo o la viuda a la solicitud de pensión… bueno, sí, esto algo dice pero… que lo estudien más altos y severos organismos. ¡Ah! ¿Hay hijos? Bueno, sí, pero eso… que lo estudien más altos y severos organismos. Y como se trata de que el Estado le suelte pasta no a la $GAE o a Micro$oft, sino a un honrado ciudadano que está pasando por un mal momento, las complicaciones burocráticas son de campeonato. Denegaciones y más denegaciones (basadas en las estupideces más abyectas), pero el caso es marear la perdiz a ver si este ciudadano de mierda se cansa de dar la tabarra y no nos revienta el presupuesto, que para las fiestas de este año queremos traer a Alejandro Sanz, que el pobrecito se está mueriendo de hambre y eso que los impuestos los paga en Miami (y es que el fisco norteamericano depreda que te cagas, chaval). En cambio, un certificado del registro civil, obra el milagro. Hostia, pues la cabrona esta sí que está casada de verdad. Bueno, oiga: ¿trae usted la póliza oblonga? ¿Sí? Mierda, los del 012 se podrían meter sus consejitos por donde Olano (es broma: el 012 es la cosa más inútil de toda la administración pública -al menos en Catalunya- que ya es decir; sobre todo porque son parias con contrato basura de una empresa externa que no tienen ni puta idea). Bueno, pues nada, tenga ahí tiene la resolución favorable a su mierda de pensión, váyase a tomar por el culo y que pase el siguiente.
Pero resulta que pese a tan sabios consejos, hay quien no los sigue y pretende ejercer su jodido derecho a obtener una pensión de viudedad dada una convivencia pura y simple, sin papeles, ni bendiciones, ni jueces tocando la campanilla. El Tribunal de Estrasburgo acaba de decir que esta pretensión es perfectamente justa.
Mientras tanto, lo que habrá sufrido esta mujer mientras le han dado la razón es mejor no pensarlo; sólo porque algún imbécil con mando en unidad administrativa ha pensado que si no te casas ante el cura o ante el alcalde, decenas de años de convivencia, de esfuerzo conjunto, de compartir penas, alegrías, triunfos y derrotas, de trabajar juntos para levantar a los hijos y todas las demás fruslerías, no conforman una familia.
País de inútiles y de pencos. Y de idiotas, que es lo peor.
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Alguna que otra vez se hace bien alguna que otra cosa y puede llegar a suceder que en Catalunya haya alguien que piense de verdad en las necesidades cotidianas de los ciudadanos en vez de gilipolleces patrióticas. No es que pase con mucha frecuencia, pero alguna vez llega a darse el caso. Parece que estamos en ello (si la demagogia parlamentaria ad usum no se carga el invento).
En esta región -mi región, a reserva del rinconcito cardíaco del que gozan Asturias y en menor, pero cierta, medida, Aragón- el Gobierno ha cerrado un proyecto de Ley, la Ley del Código de Consumo de Catalunya, que, entre otras alegrías y hanzos, nos va a traer la obligación para los prestadores de servicios de dar servicio de atención al cliente mediante teléfonos gratuitos. Se acabaron en Catalunyalos 902, por lo menos para las empresaas que ofrezcan servicios básicos (luz, agua, gas…) aunque la noticia no dice nada de las empresas de telecomunicación que operen a nivel nacional. Pero ya es algo, coño, ya es algo. Justamente pocas semanas después (un mes y medio después) de que la Audiencia Nacional nos negara lo que el Gobierno de Catalunya ahora nos da. Lo más bonito es que la ley catalana les va a obligar, además, a tener oficinas físicas. O sea, si las empresas siguen utilizando -aunque sea gratuitamente- al clásico autista telefónico, siempre podremos ir a la oficina -al menos, una por comarca- a pegar la bronca física. Claro que también pueden poner a otro autista en la oficina, pero los gritos y una cierta sensación de incidentalidad -nada de violencia, por Dios- será notoria y patente. Oye tú, no les contrates la luz a estos cabrones que el otro día, en su oficina del Baix Llobregat, había no menos de doscientas personas cabreadísimas que, menos guapos, les llamaban de todo.
Así que si el teléfono lo van a pagar los piratas estos y no nosotros, los clientes, quizá vaya a resultar que, milagrosamente, el número de operadores se multiplique y no haya que estar veinte minutos -a lo mejor, ni veinte segundos- para que haya uno disponible. Aunque conviene no fiarse: utilizando -como se utilizan- tecnologías VoIP, el gasto de teléfono sale tirado (si no… ¿de qué iba la Telefónica a darnos tarifa plana en todo el territorio nacional?), o sea que igual siguen en las mismas para joder al cliente y que les dejen en paz. No sé si la ley tendrá en cuenta esa posibilidad; si no, ahí queda la sugerencia para el trámite parlamentario (si es que quieren que sea realmente útil).
A ver si le echo la vista encima al literal del proyecto y saco el agua clara sobre la afectación de este asunto sobre las empresas telecos que, aunque no son las únicas, sí son las que más dan por el culo en esta concreta temática.
Ya os iré informando.
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Había más temas, pero si quiero que esta paella salga en jueves, aunque sea in extremis tengo que ir cerrándola ya. El próximo será 17, justo una semana antes de las fiestas de la VISA. ¿Y qué pasará durante las fiestas de la VISA. Hombre pues, en principio, tanto el jueves 24 como el 31, mi intención es que haya paella. Y, por supuesto, también el 7 de enero. Aunque no os creáis: el 7 de enero habré de hacerla en seco, porque no creo que los días anteriores me dé tiempo para prepararla, así que igual llega justita, como esta. Pero, bueno, intentaré cumplir de un modo u otro.
De momento, a ver si consigo reencontrarme con la seriedad.









diciembre 11th, 2009 at 0:26
Javier, esperaba conocer tu opinión sobre la que se ha liado con los “turistas solidarios” y los locos del turbante. Esperaré.