Jueces, precios y toros
De la serie: Los jueves paella
Vaya, vaya, parece que he podido recuperar la seriedad y la regularidad. A ver cuánto dura. Queridos lectores, damas, caballeros y militares sin graduación, hoy es jueves y toca paella. Como esta.
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¿Soy marciano? ¿O son otros los marcianos? ¿Vivimos en el planeta Marte y yo no me he enterado? A veces, de verdad, lo parece. Uno abre tan tranquilo un periódico -material o virtual- y tiene que leer -dos veces, para creerlo- noticias como la de que un padre ha sido absuelto de un delito de maltrato por haber sacado a su hija a viva fuerza de un botellón. La niñata tenía trece años y llevaba encima una cogorza de capitán general.
Bueno, pues absuelto, menos mal. Pero esto, claro, no es lo sorprendente (aunque me pregunto si en este orden de materias queda aún algo que pueda sorprendernos): lo sorprendente es que haya llegado a sentarse en el banquillo. La película de los hechos, sucintamente, parece ser más o menos esta: los padres están separados y la enana vivía con la madre, que tiene -presumo del contexto- la guarda y custodia de la hija; el padre la pilla en un botellón y ya la ve cargadita, de modo que insta a la mocita a irse a casa de su abuela (no a la propia casa del padre, imagino, porque, manda cojones, éste podría haber sido acusado de secuestro, en tal caso) a dormir la mona; la mocita lo manda a la mierda y el otro la trinca por los sobacos y se la lleva a la fuerza, con lo que la pedorra monta una pataleta en plena calle de aquí te espero, hasta tal punto que el padre no llega a poder llevársela y tiene que recurrir al telefonazo a la madre para que se haga cargo de la niña, como así fue. Como consecuencia del espectáculo, el padre es habido por la justicia y llega a ser acusado y juzgado por un delito de maltrato, pidiéndosele penas se siete meses de prisión (el fiscal) y de ocho meses (el acusador particular de la gilipollas en cuestión). Como siempre pasa en estos casos, lo de menos es el enchiqueramiento (si el hombre no tenía antecedentes no hubiera ingresado de ningún modo en el trullo) y lo importante y lo joditivo es toda la cagarela de adenda penal: el alejamiento, la privación temporal o permanente de la patria potestad, la gracia de los antecedentes penales, etc.
¿Estamos todos locos o qué?
Se dirá: bueno, hombre, el juez tiene que actuar según la ley le obliga. Y yo respondo lo que ya he respondido alguna vez: para aplicar la ley a saco y no tener en cuenta otras consideraciones (como la de la pena del banquillo, que ya la estudiaba yo hace trreinta y cinco años) no nos hacen falta los jueces y sus costosísimos -por más que relativamente bajos- sueldos: con un PC, incluso armado con Window$, ya vale. En vez de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, la Ley de Excel v. 7, fórmula algebraica a piñón fijo, y listos.
Pero también es cierto que si no hubiera leyes estúpidas -tanto que, a fuerza de estúpidas, llegan a ser redondamente antisociales- sería mucho menos preocupante si sentado en el estrado hay un juez o una hoja de cálculo. En este aspecto, el daño causado por la gilipollez gubernamental vigente es enorme. Y lo malo es que, siguiendo la tradición, el día que la oposición llegue a gobernar, mantendrá legalmente incólumes todas las trapazadas del anterior. Hombre, es verdad que un sistema no puede ser estable si cada vez que hay un cambio de partido en el gobierno se deshace todo lo hecho por el anterior, pero hay cosas que claman al cielo.
Como este tema del aborto. Primero, la gilipollez imperante intenta que una menor pueda abortar sin consentimiento, ni siquiera conocimiento, de sus padres. Naturalmente, todo el mundo con dos dedos de frente se les echa encima: pero ¿cómo coño se os ocurre esta atrcidad? ¿Que una nena de dieciséis años pueda someterse a algo tan grave como un aborto sin que sus padres ni siquiera se enteren? Pero ¿qué coño os habéis fumado? Como afortundamente esa gente no tiene la mayoría absoluta, tuvo que bajar del burro, pero ojo, hasta bajando del burro la gilipollez que no decaiga. Bueno, va: podrán abortar sin consentimiento de los padres, pero éstos habrán de ser notificados de la cuestión. Muy bonito, hombre, muy bonito: ¿en qué mundo viven estos tíos? ¿Es que ignoran la capacidad de presión que tenemos los padres sobre los hijos? ¿Es que no se dan cuenta de que padre notificado es padre consentidor o inconsentidor pero según su voluntad y no la de la nena y menos aún la de terceros? Claro que se dan cuenta. Pero es que a ellos les da igual. A ellos les importan tres cojones los derechos de los padres, los derechos de la nena y los peces de colores: lo que quieren ellos es una portada simpática en «Público» y el aplauso -ergo el voto- de todos los merluzos bobalicones disfrazados de progres de mercadillo de segunda mano que son legión en este país. Ya hemos visto en tantos otros ámbitos cómo los ciudadanos les importan una mierda, lo mismo que les importa una mierda la Constitución, la HIstoria, la Cultura (la de verdad, no la del Teddy Bautista) y todos los demás valores que conforman una comunidad. Si lo que les mantiene en el machito es la gilipollez, pues venga gilipollez -total, ya les gusta- aunque con esto se amenacen los cimientos mismos de la convivencia y se deje a todo un país sin unos valores comunes que conformen el carril por donde ha de discurrir la convivencia y el proyecto de futuro.
Malditos sacos de mierda…
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Otra muy buena: los productos alimenticios bajan de precio un 10 por 100 esta Navidad. También leía hace tres o cuatro días -lamento no recordar dónde, creo que fue en Menéame, pero no estoy seguro- algo parecido a que ha explotado la burbuja del jamón debido al exceso de stock y que, oscilando entre calidades, el desplome de los precios podría oscilar -cito de memoria- entre un 40 y un 60 por 100. Nada menos.
Luego voy al mercado o miro la cuenta del supermercado y no sé de dónde coño sacan tantos diezporcientos, cuarentaporcientos y sesentaporcientos, porque yo veo que la cosa se mantiene más o menos como antes, o sea, más bien subiendo que bajando. Quizá sí que suba un poco menos, pero subir, sube.
A lo mejor es cosa de las estadísticas, ya sabes, aquello de que uno se come un pollo y otro mira babeando, pero según la estadística se han comido medio pollo cada uno. Sí, y la renta per capita, y el PIB y la carabina de Ambrosio. Igual en Aragón o en Cantabria están regalando la comida y en Catalunya la cosa sigue como siempre, pero, promediando, sale que eso que pagamos un 5 por 100 más caro resulta que nos sale un 10 por 100 más barato.
Yo no sé si los que hacen estos números ven más allá de los cristales de sus oficinas. A mí me gustaría que estas cosas me las dijeran las amas de casa (si es que todavía queda de eso) o la gente que compra cada día o cada semana. Yo os juro, lo dicho, que voy al mercado y no me entero. Di que como tenemos la suerte de trabajar los dos y, dentro de nuestros niveles y límites habituales, por un 10 por 100 de más no dejamos de comprar, aunque por un 10 por 100 de menos tampoco ahorraríamos para un apartamento en Torrevieja como los que regalaba Televisión Española; en realidad, si es por la partida alimentaria, mientras no venga un corralito, comeremos razonablemente todos los días. Pero me fastidia que me tomen por tonto.
También podría ser que, más que una bajada de precios, la compra se orientara a otras tipologías de producto más barato: por ejemplo, las marcas blancas; o, por otro ejemplo, pasar de los productos frescos a los congelados o de los congelados de marca envasados, a los congelados a granel. Esto sí que lo veo desde mi propia percepción: el gasto puede haber descendido un 10 por 100. Pero el gasto es una cosa y los precios son muy otra.
Claro que toda esa invasión de abaratamientos puede tener su explicación: hay que vender que a los jubiladetes -masa ingente de votantes sociata- no se les va a dar este año su paguilla -la compensación por la desviación entre la inflación prevista a principios de año y la real a finales- sencillamente porque no ha habido tal desviación o, incluso, ha podido haberla negativa. No, claro, no les van a reducir la paga, pero tampoco va a haber esa pequeña alegría anual. Y es lógico claro: si no hay nada que compensar, no se compensa. Pero la gente funciona por instintos y la paguilla ya estaba consolidada, luego su carencia generará un aire de mala leche. Es lo mismo que pasaría si -como yo no me cansaré nunca de propugnar- no hubiera retenciones de nómina ni de percepciones económicas y en primavera a pagar todo el mundo a tocateja el 100 por 100 de sus impuestos. Verías qué caras. Pero verías también como el dinero público dejaría de ser de nadie y a más de uno le iban a mirar las cuentas con lupa.
También hay que vender el brutal incremento de la presión fiscal -sobre todo, la municipal-, porque desplomado el tocho, a muchos ayuntamientos que se creían que todo el monte era orégano les ha contraído anorexia la vaca, y hasta se han empezado a ver, por primera vez en la historia, EREs de empleados públicos. Único aspecto positivo de la cuestión: desesperada por recaudar -porque se está tirando de gasto público que ya veremos a dónde nos va a llevar esto- la Agencia Tributaria se ha decidido a emprender, por fin, la persecución en masa de morosos y defraudadores.
En este ámbito, creo que los internautas nos vamos a divertir especialmente.
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Quizá os hayáis dado cuenta de que hay cierto tipo de temas que no saco a relucir aquí. O los saco rara vez o los trato de refilón. No es propiamente que tenga miedo de hacerlo, es, simplemente que son asuntos en los que la gente lo tiene todo tan claro, en un sentido o en otro, que siento que ponerlo a debate es algo tan farragoso como inútil. Ya sé que, entre españoles, nunca voy a convencer de lo contrario a un convencido de algo, pero siempre quedan los indecisos, a los que puede venirles bien algunos elementos más de reflexión. Sin embargo, hay temas en los que el número de indecisos es prácticamente igual a cero y hablar de esos temas es como echarle más leña a un fuego que arde sin calentar a nadie.
Uno de ellos es el de los toros.
El debate sobre los toros ha llegado en Catalunya a su punto culminante, entendiendo tal cosa, como es frecuente: debate encabronado en el mundo político y bastante indiferencia en la calle. Porque en la calle, hay partidarios de los toros que en su vida han pisado un coso y detractores de los toros que se limitan a no ir a verlos ni aún teniendo, eventualmente, fácil oportunidad para ello. Ni que decir tiene, también está el sector fan de ambos lados y éstos son los que van a la greña, habiendo conseguido los detractores llevar la cuestión al Parlament catalán instando su prohibición mediante una proposición no de ley respaldada por 150 o 180.000 firmas. El problema adicional es que el debate está adulterado porque, debajo de los toros, se esconde un problema de españolismo -supuestamente taurino- y de antiespañolismo -desde los promotores de la supresión-, lo que envenena aún más la cosa. Efectivamente, parece ser que ayer llegó a salir Hitler a relucir en un debate creo que televisivo.
Ya digo, es un mal rollo porque, con las cosas tan extremas, llegan a salir las inevitables contradicciones y pasadas, de unos y de otros, los temores, las desconfianzas… Personalmente me parece un disparate comparar a Hitler con los prohibicionistas; pero también me parece una barbaridad que éstos tachen a los taurinos de torturadores en el mismo tono y con la misma mala leche que si se refirieran a Pinochet.
Yo -ya sabéis que la honradez intelectual por encima de todo- estoy en el bando taurino. De portabotijos, porque no soy propiamente entendido y, además, apenas voy a los toros por dos razones: primera, porque el precio de la localidad es prohibitivo y, segunda, porque a mi mujer no le gustan y en mi círculo de amigos sólo hay una pareja de aficionados a la fiesta y cuesta mucho coincidir con ellos; se puede ir solo a los toros, claro (como también se puede ir solo al cine o al teatro), pero parece que no es plan. Por tanto, todo mi taurinismo consiste en pillar -cuando me entero de que echan alguna de las escasas y más bien mediocres corridas que echan- alguna que otra retransmisión televisiva de cuando en cuando. A todo lo más que llegaría sería a pagar -si el precio fuera razonable- por una corrida en un canal TDT, siempre que no fuera necesario abonarse full time. Y aún así: por la tele se ve generalmente mejor que en la plaza, pero no es lo mismo. Me parece que a los futboleros les ocurre algo parecido: no hay nada como el estadio.
Claro, como toda afición poco cultivada, mi cultura taurina es escasa. Pero el Parlament de Catalunya me podría arreglar el problema si prohíben las corridas en nuestra región. ¿Por qué? Pues porque, inmediatamente, iban a organizarse excursiones a cascoporro para ver toros en Francia, en Valencia (región) o en Aragón; excursiones que, en algunas de sus modalidades, serían asequibles, dentro de lo que cabe. Consecuentemente, no necesitaría hacerme acompañar, porque en el propio autocar ya encontraría ambientillo y de ese ambientillo resultaría un acrecentamiento de mi cultura taurina. O sea que los antitaurinos podrían realmente acabar haciéndonos un favor a algunos aficionados de medio pelo que deseamos serlo de melena larga (además de darle un buen golpe al puto turismo que nos agobia). Quién sabe: con el tiempo, a lo mejor dejaría la Asociación de Internautas para dedicar todos mis esfuerzos en pro de la Peña barcelonesa -que no barcelonista- «Taurinos en el Exilio». Es broma: que no corra el Teddy a preparar una línea de subvención que favorezca y facilite el desarrollo de la afición taurina entre los internautas catalanes.
Veremos finalmente qué pasa. Contemplo todo este tema con desapasionamiento, sobre todo porque lo dicho en el párrafo de arriba no es enteramente sarcástico, al contrario, estoy seguro de que las agencias de viajes van a encontrar ahí un nicho de negocio indudable. Además, como seguro que la partida habitual de un montón de autocares repletos de taurinos que se dirigen a Castellón, a Zaragoza o a Amiens a ver una corrida va a cabrear a más de uno, a la afición se une el morbo del hermoso deporte de tocar los cojones. Por otra parte, también tengo muy claro que desde aquí tampoco van a cargarse la fiesta de los toros; incluso, si me apuras, no hay como un poco de adversidad para que aumente la calidad por pura selección natural; todos sabemos la mal que está el ganao en los últimos doscientos años, así que un empujoncito no va a vernir nada mal.
Bocata, bota de vino, cámara de fotos (esa que no falte) y… va por usté, maestro.
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Bueno, pues esto ya está en su punto. Todos a la mesa.
La próxima paella será en día poco paellero, precisamente: el 24 de diciembre, uno de los centrales de las fiestas de la VISA. En principio, la idea es hacerla, a pesar de todo y creo (creo) que voy a poder. Lo único, que como la Nochebuena también se ha sanferminizado, más de uno la va a leer por partida doble, pero ahí ya no puedo hacer nada.
Que os vayan siendo leves las tripadas pre-festivas -que desde hace tiempo van siendo ya peores que las propiamente festivas- y si alguno sale a la carretera, se servirá producirse con circunspección, prudencia y la priva, a la llegada, no a la salida.
No está el asunto como para ir perdiendo parroquianos tontamente…









diciembre 17th, 2009 at 14:25
El asunto de los toros debe decidirse democráticamente; osea, que se vota, y punto. Respeto la opinión de cada uno y, como decía Voltaire, ‘Odio lo que dice, pero respetaría hasta la muerte su derecho a decirlo’, pero no la puedo compartir, por más que suela estar de acuerdo con casi todo lo que dice. Así pues, que se haga un referéndum, y decida el pueblo. Si, como dice usted, lo mismo hasta les hacemos un favor a los taurinos.
Un saludo.
diciembre 17th, 2009 at 15:09
Es tremendo este pais nuestro, ahora estamos preocupadisimos por los toros bravos, (que para mi son unos animales preciosos y merecen por supuesto todo mi respeto, no soy aficionado), y sin embargo no nos preocupa que se pueda abortar cuando le de la gana a la señora de turno (lo que nos cargamos en ese momento es una persona o un animal) pero en fín este tema no merece un referendum a nivel nacional, los fetos no son toros, pobrecitos., Si esto sigue así me marcharé a cualquier otro pais donde haya más personas que animales.
diciembre 17th, 2009 at 16:25
No, a ver, una cosa no tiene que ver con la otra. Una persona puede ser antitaurina y antiabortista simultáneamente, ¿no? Son dos temas completamente distintos.
diciembre 17th, 2009 at 18:15
Saludos. Me abstengo sobre los 2 primeros temas: 1º no tengo hijos 2º no tengo hijas y además cada vez que digo que sus propias decisiones las toman las mujeres me pasa lo que creen que les va a pasar a los taurinos que se abstienen pa no crispar más. A mí no me gustan los toros, bueno, sí, me refiero a los toreros, sus apoderados y hasta las retransmisiones, incluso el repugnante folklore. Sin embargo nací en 1 pueblo con dehesa de encinas y es eso lo que defiendo cuando voy a los toros pagando, mi paisaje. Conozco a 1 aficionao de verdad, bueno, a varios, 1 vez me llevó y cuando empecé a sacar el tema en la web (en plan turismo y curiosidad) las visitas subieron de manera evidente y además se extendieron, es decir, no sólo visitas locales y además de manera evidente, por lo que he seguido yendo. Esto tiene que ver con el humor de escritores (humor con todas las reservas) como Aristófanes o Bret Easton Ellis, entre otros, o sea, yo saco 1 tema políticamente correcto y voy a dar con la indiferencia aplastante mientras que toco 1 tema de los que da en la yaga candante y to el mundo se siente obligao a posicionarse. Yo acostumbraba a enseñar fotos y me decían: – no entiendo, mientras que sobre los toros todo el mundo se siente obligao a posicionarse… menos yo, que realmente me da igual por las corridas, aunque no por los paisajes. Como dicen muchos aficionaos, los peores enemigos de la fiesta están dentro de la propia fiesta y muchos taurinos creemos que los antitaurinos están contribuyendo a limar las exageraciones y que a la larga ganarán. Es una pena que en Catalunya se lo tomen tan en serio cuando si dejaran solos a los taurinos se arreglaría quizás con más rapidez y eficacia. Saludos otra vez.
diciembre 18th, 2009 at 0:55
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¿Vivimos en el planeta Marte y yo no me he enterado? Uno abre tan tranquilo un periódico -material……