De la serie: Rugidos
Anoche, en no sé qué cadena, pasaron la pelicula (española ¡glubs!) «Alas rotas». El aviso me llegó tarde y me la perdí… afortunadamente. Tal como bajan los foros aéreos, llego a la conclusión de que, si me llego a poner a mirarla, hubiera tenido que ingresar de urgencias de un derrame cerebral a causa del shock hipertensivo a que me hubiera llevado el ataque de cólera que hubiera pillado con toda seguridad. Merecido, desde luego, por hacer el imbécil poniéndome a mirar una película española por más gratis que sea. El problema -me conozco- es que si la cosa va de aviones soy capaz de romper reglas muy rígidas que me he impuesto y de vulnerar la más firme autodisciplina.
Esto dicho -que no es, por otra parte, ninguna novedad: la novedad sería una película española soportable- leo en uno de los foros la única disculpa que alguien se ha dignado oponer para contener a las masas aerotranstornadas en su deseo de pasar por el garrote vil a director, guionista y, en fin, todo el cuadro… ejem… artístico del bodriazo: resulta ser que para que el Ejército del Aire otorgara su autorización para rodar buena parte de la película (instalaciones, aviones en vuelo, y un largo etcétera) la emprendió con el guión hasta que quedó a su completo y total gusto.
Voy a evitar describir lo que para los de las relaciones públicas del Ejército del Aire seguramente es un guión a su completo y total gusto y, por lo demás, la disculpa es válida sólo parcialmente: aunque los burócratas que mean con el trasto envuelto en papel de fumar le hayan dejado el guión hecho una mierda, un buen director consigue pese a todo sacarle algún provecho a la cosa y parece ser que no, que la película no hay quien la trague incluso por un porrón de conceptos de los que no es culpable el Ejército del Aire ni sus puritanos tijereteros.
Lo que me revienta, si lo del retoque es cierto, es eso del Ejército del Aire metiéndole mano al guión. ¿Pero esto qué coño es? ¿Quiénes se han creído que son los mandamases del Ejército del Aire?
Las instalaciones militares son instalaciones públicas exactamente igual que cualesquiera otras, no tienen más diferencia sobre una delegación de la Agencia Tributaria, pongamos por caso, que unas determinadas -y lógicas- especificaciones de seguridad y éstas deben constituir el único obstáculo para autorizar o no que se ruede en ellas una película o se realice un reportaje periodístico o cualquier otra cosa análoga. Esto y, también lógicamente, el normal funcionamiento de la instalación y de los servicios en ella ubicados. Por lo demás, ahí se acabaron las limitaciones. ¿Quién cojones se cree que es un general, un coronel o un cabo primero para ponerle peros a un guión, que es una manifestación intelectual, una proyección de la libertad de opinión y de creación artística? ¿Quién le ha dicho a ese tío, sea quien sea, que es el amo de la instalación y que puede hacer y deshacer en ella a gusto y ganas en función, exclusivamente de que lo que se va a hacer en ellas -salvado, ya digo, el asunto de la seguridad y del buen orden operativo- le guste o no a su arco del triunfo?
Hace años, cuando se reordenaba todo el aparato militar español -tantos años que incluso creo que era aún Serra el ministro de Defensa- los militares pillaron un rebote por la denominación de la ley marco: Ley de la Función Militar. ¿Qué era eso de función? Nosotros -decían- no somos funcionarios. Siempre me hizo gracia ese desprecio implícito hacia los funcionarios -entre los cuales, recordemos, hay catedráticos, profesores unversitarios, científicos y un largo etcétera similar- y ese creerse una especie de estamento -superior, of curse- aparte. Alguien les tendría que explicar con toda claridad que, con independencia de lo que diga el título de la ley, y tanto si les gusta como si no, son funcionarios como cualesquiera otros; y si me salen con lo de poner en juego sus vidas -lo que, por otra parte, es innegable, pero ni siempre ni todos- habrá que acudir entonces a los policías, que también se la juegan (ahora mismo, tenemos a dos mossos d’esquadra en el hospital con sendos tiros en el tórax) y a veces la pierden, y no tienen ningún problema en reconocerse, plena y orgullosamente, funcionarios.
Lo que hizo el mando -o el menda- que le pegó el tijeretazo al guión para autorizar el rodaje fue, simlemente, una extralimitación, un abuso. Quizá algo más: impidió el libre ejercicio de un derecho constitucional valiéndose de un poder que no le confería competencia para ello. ¿Cómo se llama a esto?
Ese tipo de usos de las instalaciones públicas debiera regularse de modo que su denegación debiera ser razonada y permitiera un recurso administrativo y posterior vía judicial (aparte del inherente derecho a divulgar por todos los medios la resolución denegatoria y sus razones). Las instalaciones militares -como todas las demás instalaciones públicas, militares o no- son para lo que son y están para lo que están; la autorización de otros usos debe ser todo lo abierta y amplia que permitan las circunstancias -que, frecuentemente, no lo permiten mucho- pero jamás debe ser puesta en función de las apetencias gonádicas de un señor cuyo gremio no quiere ser funcionario pero que se aplica a tareas de censura como el más entusiasta de aquel ministerio de Información y Turismo.
Si alguien osó censurar el guión de «Alas rotas» como condición para permitir el rodaje en instalaciones militares, alguien debió ser cesado fulminantemente y destinado a algún oscuro puesto burocrático, puesto que pareció haber demostrado tantísimo interés funcional en ello.
Hasta su jubilación con exactamente el mismo grado.