Moros y cristianos
De la serie: Los jueves, paella
Tenemos levantisca a la morisma, cosa que es recurrente todos los años por estas épocas. Imagino que debe ser cosa de los elementos -los calores por allá abajo son de mucho cuidado- y ya se sabe que las altas temperaturas exacerban la irritabilidad. También aquí, en este tórrido sur de Europa, la autoridad -policial, por supuesto- sabe que las agresiones domésticas suben mucho de grado en esta época, tanto en intensidad como en cantidad. También hay otros factores; respecto de algunos, nosotros, los europeos, los españoles, los occidentales, no somos ajenos; y respecto de otros, somos, redondamente, los causantes directos.
Vayamos por partes y por geografías.
——————–
Melilla
Todos los veranos hay lío en Melilla. O en Ceuta. O en ambas. Ceuta y Melilla son ciudades sempiternamente reclamadas por Marruecos con relativas razones. Ceuta y Melilla fueron hace quinientos años pequeñas y míseras cábilas que los Reyes Católicos ocuparon -entre otros emplazamientos posteriormente abandonados- cuando Marruecos no existía como tal, en aquellas razzias destinadas a limpiar aquellas zonas del norte de África próximas a España que algunos incordios utilizaban como bases, o puertos, o simples puntos de partida para ir a tocar los cojones cabe las costas del sur español. Pero es verdad que si se mira el mapa con distanciamiento, hombre, pues sí, estas ciudades están enclavadas en el territorio hoy marroquí tanto como Gibraltar lo está en el español y aunque los casos no son exactamente los mismos, ni en su origen, ni en su evolución, ni en su actualidad, hombre, parecería que no habría que radicalizarse mucho en el asunto.
Ojo, que con esto no estoy pretendiendo ni predicando una entrega (que no devolución) pura y simple de Ceuta y Melilla a Marruecos. De eso nada. Desde luego -en lo que a mi opinión se refiere- Ceuta y Melilla serían absolutamente innegociables mientras Marruecos mantuviera su ocupación, su opresión y su represión sobre el Sahara. Esto está más que claro: o descolonizamos todos o la puta al río. Y esto de «descolonizar todos» lleva a otro aspecto de la cuestión, que es Gibraltar. Está claro que no íbamos a soltar Ceuta y Melilla mientras nuestro propio territorio soportara una colonia. En la cual no tiene Marruecos nada que ver, ya lo sé, pero es lo dicho: o jugamos todos o rompemos la baraja. Y, de todos modos, personalmente tengo claro que soltar Ceuta y Melilla pondría en peligro cierto e inminente a las Canarias y, esas sí, son absoluta y taxativamente innegociables en todo lugar, momento y circunstancia, como lo serían Extremadura o Murcia, aquí sí que no hay vuelta de hoja. De modo que lo cavilo crudo para el moro, salvo la nada inaudita posibilidad de que en España accediera al poder un gobierno de idiotas químicamente puros, cosa para la cual parece que llevamos buen camino.
Así las cosas, el monarquilla ese que tienen allá abajo, que encima carece de la astucia primaria que tenía su padre, funciona por cabreos. El de este año parece que tiene que ver -según leí ayer- con la iracundia que le acometió a causa del ruido de un helicóptero militar español que iba a no sé dónde a hacer no sé qué, ruido que, al parecer, perturbó su plácida estancia en un hotel de lujo. Y ya la tenemos liada. Otro año nos echó una montonada de senegaleses contra la valla y nos costó una pasta en alambradas para detener la oleada. No sé cuándo, sus provocadores liaron un conflicto en el interior no recuerdo si de Ceuta o de Melilla. Periódicamente, nos manda un buen convoy de pateras. Y este año toca montarla en el hinterland so pretexto de mujeres policía.
En principio, no habría que hacer mucho caso. Lo que se monte en territorio español se soluciona con reparto de estopa a cargo de la Policía Nacional o de la Guardia Civil y fuera de nuestras fronteras que hagan lo que les salga del turbante. Si impiden el paso a los víveres que necesitan las ciudades, ambas tienen puerto y aeropuerto, así que sin problemas (y a ver cuánto aguantan los comerciantes marroquíes teniendo que comerse ellos la fruta, el pan y el pescado y metiéndose por el culo los demás artículos que suelen vender en territorio español). Lo malo es que -ya estamos- el Gobierno español ha pasado por el aro y ha retirado a las mujeres policía del paso fronterizo. A ver, no pasa nada: teniendo en cuenta cómo trata a las mujeres el Islam y habida cuenta también de que tanto en Ceuta como en Melilla la población musulmana es muy numerosa, seguramente las chicas estarán mucho más cómodas en otra parte de España y policías varones tenemos a barullo. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es que cuando se salen con la suya, esos tíos se crecen y se animan o a continuar con la zalagarda vigente o a prepararla más gorda para el año que viene… o para cuando proceda.
Además, el Gobierno se ha dejado colar un gol en un punto muy sensible, que es el cultural, un punto en el que ellos, los moros, no negocian jamás, un punto sobre el cual ellos están en su casa estén donde estén, un punto sobre el que ellos nunca reculan, un punto sobre el que ellos siempre imponen, nunca transigen. Ceder en esta cuestión ha sido un error, una estupidez, que a la larga pagaremos cara y barrunto que ellos ya le están escribiendo el precio a la etiqueta.
Apuntemos también, por cierto, que en esta cuestión la ministra miembra, tan chula y echapalante siempre, ha brillado por su ausencia y ha gritado clamorosamente con su silencio. Lo que ha gritado, prefiero callármelo, eso sí. Pero ya sabemos -por si alguien lo ignoraba- de qué va esa… señora.
Joder, qué gente…
——————–
Catalunya triomfant
Aquí, como no tenemos bastantes problemas, nos los buscamos adicionales.
En Catalunya -como en tantos otros lugares- y sobre todo en la costa, los manteros son un mal endémico. Se trata de inmigrantes indocumentados y, por tanto, en situación ilegal, moros o, más habitualmente, negros de Mali, Ghana, Senegal y otros países de por allá, que privados de recursos y de la posibilidad de trabajar (ya no sólo porque no hay trabajo sino porque a quien los contrate le cae un puro así de gordo) algo tienen que hacer para buscarse la vida. Y lo de la manta les permite ir tirando.
Yo hace mucho tiempo que denuncio lo absurdo de tener a la gente de esta manera, sobre todo cuando, además, son centenares de miles (trescientos mil, sólo en Cataluña) y no me canso de clamar que lo que procede es o regularizarlos (para, a continuación, acerrojar las fronteras a lo bestia, no para volver a empezar como tras la última vez) o echarlos de vuelta a su casa. No tengo ninguna especial preferencia por ninguna de las dos posibilidades -todas tienen un coste, inmediato o a la larga- pero sí creo que una de las dos debería adoptarse inexcusablemente. Lo único que no puede seguir así es esa situación porque no es lógico para nosotros ni es humano para ellos.
Pero, aunque no les guste a los de ERC, estamos en España y este es el país del camino de enmedio. Así que ni les echamos ni les regularizamos, los dejamos por ahí tirados y cuando ellos se buscan la vida… bueno, siempre hay un conseller que te suelta tan fresco que la economía sumergida es una válvula de escape para que no haya revuelta social, así que ya le está bien. Y se queda el tío tan ancho.
La facilidad con la que en este país se cortan nudos gordianos, acojona.
Y si al conseller le parece la mar de bien la economía sumergida, es decir, el fraude fiscal (porque la economía sumergida no es otra cosa)… ¿por qué unos señores alcaldes no iban a poder acogerse a idéntico recurso? Así que en municipios como El Vendrell, los ediles se pasan por el forro sus propias normas municipales -entre otras cosas que ahora veremos- y no sólo dejan de perseguir a los manteros sino que, encima, les asignan un espacio público para que estén tranquilos y tan a gustito, como cantaba aquel…
Los manteros cometen dos atentados contra la legalidad. Uno, en materia de propiedad intelectual, porque todo el material que venden son imitaciones irregulares, ergo falsificaciones. No es un tema que me angustie -como es sabido- entre otras cosas porque el perjuicio es mínimo: nadie que compre un reloj «Breitling» o un bolso «Vuitton» falsos está dejando de comprar uno auténtico. El otro sí que es grave porque sí perjudica: la irregularidad fiscal y administrativa que no sólo nos perjudica a todos -impuestos que no se pagan son carreteras que no se hacen o no se arreglan- sino porque ese impago constituye una afrentosa competencia desleal contra unos comerciantes cuya característica común es, precisamente, que no van nada sobrados y que tradicionalmente se han quejado con angustia de la opresión fiscal a la que les somete la voracidad municipal; aparte del hecho evidente de que ellos no pueden vender material falsificado porque se juegan -entre otras gravísimas cosas- la licencia del establecimiento. Es tan indignante y tan notoriamente injusto que casi me asombro de que no asalten la casa consistorial a bastonazo limpio.
Pero lo ilustrativo de ciertas mentalidades -y ahí enlazamos con el epígrafe anterior- es la facilidad con que los seguidores de ciertas concepciones vitales se adueñan como por derecho propio de todo aquello que les rodea, como si les perteneciera, para, además, una vez superadas -aunque sea por la vía de lo fáctico- las normas que les oprimen, dictar normas más opresivas aún contra los que no van de su palo. Es una especie de santo cinismo que a mí me hace rechinar los dientes de indignación.
El caso concreto asombra por el morro que le echan los interfectos: el alcalde, en burla de todo orden jurídico, les regala impunidad y espacio público y ellos, encima, se toman el poder en ese espacio público. Y así, en la plaza del Ajuntament de El Vendrell, los tales han montado lo que «El Periódico» llama, acertadamente, una república mantera en la que ellos imponen, de manera arbitraria e inmisericorde, sus propias normas. En la crónica enlazada, se ejemplifica con la prohibición al periodista de hacer fotos, cuando el derecho a fotografiar en el espacio público lo tenemos todos; precisamente los spotters vamos bien aleccionados de que un agente de la autoridad que nos prohíba fotografiar en la vía pública puede ser denunciado por abuso de esa autoridad. Un agente de la autoridad, sí; un nigeriano o un marroquí, no. Esto es la rehostia en bicicleta.
Estamos perdiendo el norte, damas y caballeros. Tanto imbécil y tanto hijo de la gran puta con sus mierdas de buen rollito y la estamos cagando, pero bien cagada.
Mira que no lo trago ¿eh? pero hay veces en que echo de menos a un Sarkozy.
——————–
Afganistán
Esta es la otra cara de la moneda. Ahí, los malos somos nosotros, y lo digo sin ironía y sin segundas. Ahí, nuestros soldaditos españoles, soldaditos valientes, el orgullo del sol es besarles la frente, están -cumpliendo órdenes, obviamente- ocupando una nación soberana sin justo título -lo que, según me temo, podría constituir un crimen de guerra- sólo porque le ha dado la gana a un presidente de los Estados Unidos -no muy sobrado de luces, por cierto- que utilizó el pretexto de un nebuloso terrorismo para arrimar el ascua a la sardina de los intereses de sus corporaciones privadas -de sus multinacionales, para entendernos- y saquear un país que, además de riquísimo en recursos naturales, ocupa una envidiable posición geoestratégica. Y, de paso, para asesinar a mansalva a ciudadanos de ese país; sin discriminación alguna, eso sí: se ha asesinado a saco a hombres jóvenes y a ancianos, a mujeres embarazadas y sin embarazar, a niños… a todo bicho viviente.
Que no me vengan con imbecilidades vestidas de barras y estrellas, que aquí la única diferencia entre Afganistán y la Cuba del 98 es que, al contrario que el «Mayne», las torres gemelas no las hundieron los norteamericanos. Pero nada más. Si los talibanes eran unos bárbaros -que lo son-, ése es un problema de los afganos; si el burkha es una atrocidad -que lo es-, ése es un problema de las afganas. Incluso suponiendo (aunque jamás admitiendo) que la invasión de Afganistán respondiese al sincero deseo de liberar a las masas oprimidas por el Islam radical (ja, ja y ja), la invasión seguiría siendo eso, un crimen, una cafrada, porque cada cual debe ser protagonista de sus propias liberaciones, cada cual debe alzar sus propias guillotinas y sus propias horcas y proceder como en todos los procesos históricos se ha procedido. La libertad regalada por terceros es mercancía pasada, averiada, que siempre acaba ahogada en su propia putrefacción. No hay más que ver al pájaro que los americanos les han puesto como cacique para comprenderlo…
Además, por más que los afganos odien a los talibanes (si es que los odian, que esa es otra que está por ver), aún más (y con mayor motivo) odian a los occidentales, que no hacen otra cosa que vulnerar, subvertir y pervertir sus costumbres (que allá, en su casa, son la mar de legítimas). Porque ellos tienen la desgracia de tener que aguantar a marines norteamericanos y a una macedonia multinacional de diferentes plumajes militares tocados con boinas de todos los colores del arco iris, pero, aunque no creo que compense, no dejan de tener la suerte de no haber de sufrir a gilipollas integrales de su propio pueblo hablando de transversalidad, de multiculturalidad y de toda la cagarela que los de aquí nos sabemos de memoria. Ellos, si alguna vez han conocido a algún imbécil de esa calaña, lo han arreglado a su peculiar y taxativa manera y sobre ese procedimiento -que reconozco envidiarles- sí que gustosamente recibiría yo de ellos unas cuantas lecciones.
Recibo cada mes la revista «Ejército» en casa, desde hace muchísimos años. Y cada vez que la tengo en mis manos, me caigo de la silla -de risa- cuando leo la expresión conflicto asimétrico. La dialéctica tecnocrática que han imbuido a nuestros militares -cierro muchas veces la citada revista creyendo que se han formado en escuelas de Empresariales y que estoy leyendo el boletín de la CEOE- sólo podía proceder de la chusma culturalmente gobernante (que es un concepto que va mucho más allá de lo políticamente gobernante). ¡Conflicto asimétrico! ¡Una revista militar española -oficial: la edita el Ministerio de Defensa- utilizando la expresión «conflicto asimétrico»! Debe estar la Aído de redactora-jefa, aunque por más que miro el staff no la encuentro.
¡Guerra de guerrillas, señores! Lo que ustedes están sufriendo en Afganistán -y no por mi culpa, se lo advierto- es una guerra de guerrillas como una catedral. Una verdadera guerra de liberación en la que nuestros soldados -qué duro es haber de reconocerlo y de decirlo- hacen el papel de opresor, de ejército invasor. Los jóvenes afganos -porque, no sé por qué, me huele que no son sólo los talibanes- se han echado al monte para combatir contra ustedes, soldados occidentales -entre ellos, los españoles-, que están invadiendo (y, además, injustamente, por si ello importa algo) su patria. A ver si se enteran y se dejan de eufemismos de terroristas, de talibanes y de no sé qué más: ustedes, que un día juraron defender nuestra patria hasta la última gota de su sangre, están ocupando la de ellos y ellos -que no son otra cosa que soldados vestidos de paisano, verdaderos guerreros- están haciendo lo mismo que se supone que harían ustedes si las circunstancias fueran inversas, aunque, eso sí, con permiso de Aído y de Rubalcaba (y de Zap, pero a ese, como al valor, se le supone).
Afganistán, por lo demás, es un hueso muy duro de roer. El único que pasó de allí -sería que los talibanes estarían haciendo la siesta- fue Alejandro Magno y después de él nadie ha permanecido en ese país contra la voluntad de los afganos sin salir con el culo como un tambor. Fue un auténtico vietnam para los soviéticos (no me extraña que, por más que se les exija, los rusos pasen del mambo en lo que se refiere a meter las narices allí) y no dejo de sorprenderme de cómo el país más potente del mundo, el tecnológica y científicamente más desarrollado (o sea, que necesariamente tiene un determinado número de ciudadanos que no son idiotas) puede meterse en ese mal rollo del que, claro, ahora no sabe cómo salir sin recaer en aquel famoso «Síndrome Vietnam» cuya fractura social consecuente sólo fue superada en su historia por la mismísima guerra civil. Qué imbéciles determinaron meterse allí es un misterio, pero ya les vale. Evidentemente, basta con ver a Bush para comprenderlo, pero sólo en parte, puesto que el presidente americano no es, ni de argo, tan poderoso como se quiere hacer ver y hay decisiones que asume pero que no toma. Bueno, ya se apañarán, es su problema.
El nuestro son mil y pico de soldaditos que no pintan allí absolutamente nada. Las explicaciones que nos han dado al respecto los pisacharcos de aquí, no cuelan y, por tanto, lo que procede es que regresen cuando antes mejor. Por la misma razón que no tolero multiculturalidades en mi casa (no, al menos, tal como me las venden los habituales papanatas), tampoco las quiero para los demás y mucho menos por la fuerza de las armas y menos todavía si esas armas las pago yo y al empuñarlas se juega el pellejo el hijo del vecino de arriba. No tenemos un ejército para eso y si nuestros oficiales quieren ver mundo, que hagan cursillos o turismo, pero que dejen en paz a los pueblos que no nos han hecho nada. Repito: que no nos han hecho nada.
Quizá algún día podamos pillar a algunos forofos de la memoria histórica que yo me sé y meterlos de cabeza en el Tribunal de la Haya con un buen paquete de acusaciones.
No habría justicia más poética.
——————–
Bueno, hala, no os quejaréis de la rentrée ¿eh? Pues hasta aquí en este tercer y penúltimo jueves de agosto. El próximo, el 26, aún será vacacional, en el timing típico del país que poco a poco, entre crisis, mileurismos y low costs, se va modificando.
Será, pues hasta ese próximo jueves. Mientras tanto, «El Incordio» no se detiene y va a intentar mantener ese buen comienzo de temporada.
A vuestra salud.









agosto 20th, 2010 at 0:33
Corríjame si me equivoco, pero creo que Ceuta y Melilla (y el Sáhara) son el resultado de una bula papal con Portugal ratificada como Tratado de Tordesillas, por el que la corona de Castilla cede a Lisboa Brasil en el nuevo mundo, y a cambio recibimos cierta parte de África al norte de no recuerdo que paralelo.
Con esto quiero decir, que no es que antes que España hubiera unas mísera cabilas colonizadas por Isabel y Fernando. Antes de las cabilas y de los españoles ya estaban los portugueses. Ciertamente, estaban todos menos los puñetero marroquíes ( y retroceder hasta el siglo VII para buscar las raíces de la conquista árabe de España tiene tanto sentido como buscar las ruinas arqueológicas fenicias que hubo antes y que son mucho más europeas). Me parece que llamarles colonias a Ceuta y Marruecos es meter la pata hasta el corbejón…. porque como bien decía una señora en la radio el otro día, Ceuta y Melilla ya eran 300 y pico años española antes que la independencia de los EEUU…….. 200 y pico años antes de la revolución francesa. De hecho, si mis apuntes de historia no me engañan, ambas nunca han dejado de ser españolas, cosa que Cataluña no podría decir (si quisiera, que no).
agosto 20th, 2010 at 10:59
Me temo que debo discrepar. Ceuta y Melilla no tienen nada que ver con el tRatado de Tordesilla ( que iba del reparto de Africa y America ). Ambas ciudades empezaron siendo asentamientos fenicios alla en la lejana historia. Mas hacia el presente, Ceuta fue conquistada por Portugal y con Portugal se vino cuando Felipe II ( cuentale a este lo de la multiculturalidad, ya veras que risas ;.-) ) fue coronado Rey de Portugal. Cuando alla por 1640 Portugal se levanto y separo, Ceuta se quedo en España. Por cierto que en su escudo estan las armas portuguesas. Melilla si fue tomada directamente por Castilla, de donde luego se iria a España al unirse con Aragon.