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Sinvergüenzas y cortitos

May 8th, 2008 por Javier Cuchí

Ando hoy de poco humor y mal cuerpo; una pequeña indisposición, ligera pero fastidiosa (los cambios bruscos de presión me sientan fatal) me ha llevado de culo en el trabajo esta mañana y algo hecho polvillo esta tarde. Esto puede excusar la tardanza de una paella, pero no su suspensión, de modo que hoy la tenemos para una cena tardía. Allá vamos…

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Leo que el sector financiero, banca y cajas de ahorro, han pedido al Gobierno que eche mano del fondo de reserva de la Seguridad Social (el respaldo financiero de las pensiones) para paliar la crisis inmobiliaria. Si no fuera porque estoy al cabo de la calle de la poca vergüenza del gremio, no me lo podría creer. Pero sí, me lo creo perfectamente.

Esto es terrorismo, no tiene otro nombre. Esto es tomarnos a los ciudadanos por el pito del sereno. Esto es delincuencia financiera, sin más. Esto no se resuelve si no se mete a gente en la cárcel.

Ya veía venir yo hace tiempo -y antes que muchos- que la especulación y el latrocinio de las inmobiliarias y de la banca íbamos a acabar pagándolo nosotros; y, efectivamente, tan pronto le han visto las orejas al lobo, ese hatajo de cabrones, que antes no quería ni oir hablar de vivienda social, ahora pide que el Gobierno haga mucha para que ellos puedan seguir medrando. Parafraseando en latín macarrónico el famoso aforismo, quod pringatus non dat, governum socialistorum praestat. Además, amenazan (así: amenazan y todo) con las cifras del paro si no se les subvenciona a saco y no se cortan en insinuar el problema de orden público que puede significar el hecho de que la mayor parte de la nueva legión de parados va a estar nutrida por inmigrantes de mínima cualificación (peonaje inabsorbible por otros sectores de actividad); manda huevos: unos inmigrantes a los que trajeron esos mismos cerdos a los que no bastaba enriquecerse con la especulación de la vivienda sino que tenían que especular también con carne humana para amasar beneficios astronómicos.

Pero se ve que eso no es suficiente: ahora hay que sacar del pozo a toda la hijaputancia a costa de nuestras pensiones. No de sus inmensos beneficios, no: de nuestras pensiones. Beneficios -para ellos, por supuesto- por todos los lados, porque el negocio es redondo. Primero, con nuestra pasta se financian sus sucios negocios para que sigan amasando fortunísimas (y, de paso, defraudando a Hacienda, cepillándose espacios naturales, o reventando el equilibrio demográfico de las poblaciones donde aterriza esa chusma); después, cuando la Seguridad Social no pueda atender nuestras jubilaciones y el Gobierno de turno, en un gesto de magnanimidad, se avenga a integrarlas en los Presupuestos pero, claro, pagándonos pensiones muy por debajo de lo que nos correspondería de acuerdo con lo cotizado a la SS, entonces aparecerá la marranada capitalista comprando nuestras viviendas por dos pesetas al mes, la misma vivienda que nos hemos pasado toda la vida laboral pagando (¡y no queríamos alquileres!) a precio de oro tanto en capital como en intereses. Algunos llegarán a darle post mortem la vivienda al banco o a la Caixa al simple valor del capital pendiente de pagar del préstamo hipotecario.

Menos mal que parece que Solbes no ha picado. No ha picado, al menos de boquilla; me sorprenderá -y mucho- que vaya a dejar colgada a la chusma esa y alguna estará tramando. Hay, pues, que vigilar muy atentamente los movimientos de toda esa pandilla y no presumir ninguna inocencia. Ninguna.

La de ciertos cabrones, ni aún demostrándose.

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Han sido detenidos 31 policías locales de la localidad madrileña de Coslada (de una plantilla total de 159, lo que hace que los pájaros en cuestión representen el 19,5 por 100 de la plantilla, prácticamente uno de cada cinco, que no está mal) acusados de extorsión, lo que, en román paladino del siglo XXI y parte del XX, viene a significar «prácticas mafiosas».

Es desagradable, es triste, es indignante, pero estas cosas pasan. No es bueno que pasen, pero es menos malo si se diagnostican y se corrigen. Y ahí está el problema.

Toda esa peña llevaba, al parecer, años con su negocio y, como suele suceder en estos casos, todo el mundo lo sabía, todo el mundo estaba al cabo de la calle. Pero los políticos cobardazos se escudan en que no había denuncias. Lo sabía todo el pueblo (y ellos también, claro) pero no había denuncias. Como para denunciar a una tropa de esas y que la denuncia no prospere (porque el posible denunciante nunca sabe quién se esconde detrás de una mafia). Incluso aunque la denuncia prospere: en la noticia de «Libertad Digital» que señala que la cosa era tan sabida que hasta una candidatura a las municipales del 2007 la denunciaba, el dirigente de esa candidatura, Agrupación Republicana de Coslada pide al citado medio que oculte su nombre por si luego el jefazo de la trama (el jefe de la poli local, nada menos) es puesto en libertad. Esto ya es la rehostia: que incluso con detenciones practicadas un ciudadano deba temer por su integridad si se le identifica por denunciar a unos delincuentes, es indignante.

En Coslada había hoy ambiente de linchamiento y no es para menos: parece que toda la hostelería del lugar vivía sin vivir, atenazada por el miedo al Ginés y a sus treinta muchachos. Por cierto que la Policía Nacional pudo destapar la olla tras la desarticulación de una trama rumana de prostitución que, según parece, tenía tratos con los munipas en cuestión.

Pero es tan vergonzosa la situación -en este tema y en muchos otros, en Coslada y fuera de Coslada- que reproduzco un párrafo íntegro de «Libertad Digital» para que os hagáis una idea de cómo está el patio (y de cómo está, en realidad, en muchísimos lugares de España): «Precisamente, Murillo ha señalado que el Ayuntamiento había recibido quejas verbales de dueños de bares yd e vecinos sobre la actuación de algunos policías locales, pero no se interpusieron denuncias, por lo que el Consistorio no actuó, a pesar de que sabía que las actas de inspección no se cumplimentaban adecuadamente». O sea, había constancia de quejas y se sabía que las actas de inspección eran una filfa, pero, así y todo, los políticos municipales miraban para otro lado. ¿Y aún osa decir la Policía Nacional que no están implicados? Pues, cuando menos, por encubrimiento, podría pensarse. A ver qué opina la fiscalía, a ver si también mira para otro lado, que ya parece el deporte nacional.

La administración municipal española es, en su conjunto, un cenagal tan acojonante que no hay por dónde cogerla. Parece claro que los ayuntamientos deben ser férreamente supervisados y que eso de la autonomía municipal -y yo ya he defendido durante muchísimos años- no es más que un refugio de especuladores, de mafiosos, de ladrones y, en el mejor de los casos, de políticos oportunistas. Daba vergüenza ver declarar al ex-alcalde de Andratx intentando justificar que una nave agrícola le salió un chalet de lujo así, como por casualidad, con toda su buena intención: «Yo no sabía que en una granja no se podía poner un lavabo de mármol». Manda cojones. No hablemos ya del caso Marbella y ni siquiera pensemos en las decenas y decenas de Marbellas que hay por ahí, no pocas en Cataluña, donde no se ha tirado ni un puto milímetro de la bestialmente gruesa manta que tapa muchísimo chanchullo.

Y es que no hay denuncias, hombre…

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BREVES

Leo por ahí que las enfermedades venéreas se están multiplicando entre la población joven. Ah, bueno, qué susto: yo ya no soy joven desde hace tiempo.

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Con razón suele decirse que, aunque no se crea en meigas, haber, haylas. Y para que no queden dudas, el Ayuntamiento de Lugo se gasta la pasta pública en que una magufa enseñe a la muchachada a preparar filtros de amor. A ver si los chavales van a volver a estas alturas a la aspirina con cocacola de mis años mozos…

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El Ministro de Justicia me descojona de risa, primero, en su pretensión de que el desastre denunciado días atrás por el Consejo Genral (otro que bien baila) es poco menos que coyuntural; segundo, cuando dice que eso él lo arregla con informática a todo pasto. Eso es: ordenadores con guor y a seguir trabajando como hace cien años a la salud de la Rosa de España, a la que Micro$oft ha ascendido a nivel europeo. Guau.

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Lidia Falcón, fundadora -creo- y presidenta -creo- de una cosa llamada «Partido Feminista», sostiene que la custodia compartida es una forma de violencia de género. Esta mujer no tendría que morirse nunca, de verdad…

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De verdadero descojono (aunque no sé si de risa o de pena) los premios a la publicidad engañosa de Ecologistas en Acción (gracias a «Menéame»). De descojono lo merecidos que son, no el hecho de que los den, que quede claro. Impagables el Premio Cenutrio y el Premio Tortilla de Silicona.

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Pues hasta aquí, tardecito, pero con la dicha buena, ha llegado esta edición de la paella. El próximo jueves, 15 de mayo, San Isidro Labrador, patrono de la Villa de Madrid (vaya mayos que se raspan los gatos) y patrono también de los agricultores, pese a la artificiosa competencia de un tal Sant Galderic que no sé quién, cocido de garnacha, probablemente, les inventó a los pobres payeses catalanes. ¡Cómo iban los descendientes corporativos del bon cop de falç a compartir patrono con los madrileños!

Aquí estará ese día, si no se rompe nada, la paella. Pero no olvidéis que, en el ínterin, «El Incordio» continúa; aunque la paella tenga fieles propios y exclusivos, la casa en la que se aloja es común.

Nos seguimos viendo, pues…

De la serie Los jueves, paella | No hay comentarios »

Cumpleaños (4) feliz

May 7th, 2008 por Javier Cuchí

Hace cuatro años, un viernes 7 de mayo de 2004 -y no parece que fue ayer, porque ha llovido lo suyo-, una bitácora llamada «El Incordio» veía la luz con un primer artículo que, como una bandera de combate que anunciara lo que iba a ser la trayectoria del blog, estaba dedicado al mercado de la música, en relación con el cambio de signo de los tiempos y, por supuesto, a la vieja $GAE.

Eran tiempos duros, aún más que los presentes, que no lo son poco, en los que una asociacioncita, sin más apoyo que la voz aún sorda (y mediáticamente ignorada) de miles y miles de internautas españoles, acababa de declarar la guerra del canon y acababa de recibir la andanada de respuesta: el pleito -que aún colea- que nos interpuso la $GAE porque se consideraba injuriada por unos contenidos -de terceros- alojados en nuestros servidores. No insistiré hoy en la historia, de todos bien conocida.

«El Incordio» empezó balbuceante, ahora escribo, ahora no, y, de hecho, no puede decirse que emprendió su singladura hasta seis meses más tarde; pero el nacimiento de un barco no se celebra con su primera singladura sino con su botadura. Y esto es lo que sucedió hace hoy cuatro años.

Cuatro años no son mucho tiempo. A mí no me han cambiado la vida sustancialmente más allá de la normal evolución que los tiempos van imponiendo granito a granito. Pero en el mundo de eso que vamos llamando blogosfera, cuatro años son una muy larga vida que pocos alcanzan a cumplir.

«El Incordio» los cumple hoy y los cumple con muy buena salud, sobrado de ganas y [parece que] de posibilidades de vivir unos cuantos más; y de vivirlos, además, mejor. Atrás, atrás en la cronología, que no en el patrimonio intelectual, quedan casi 900 artículos, pero por delante hay muchísimo ánimo, muchísimas ganas y una joie de combat enorme. Decía aquel viejo chiste de Eugenio (se lo oí a Eugenio: probablemente no fuera suyo) que «a mí me encanta jugar al póquer y perder; ganar ya debe ser la hostia». Hace cuatro años, «El Incordio» entró, solidario con toda la red hispana, en una guerra cuyo futuro era más que dudoso; pero entró con el fiero entusiasmo quijotesco no del que lucha contra molinos creyéndolos gigantes, sino del que se lanza contra ellos sabiéndolos molinos perfectamente, consciente de la seguridad de la torta, pero apretando los dientes en la convicción de que había que hacerlo. Más o menos como la carga aquella de Balaklava. Hoy, las cosas han cambiado y mucho. La victoria está lejana aún, pero la sabemos más que posible; ya no combatimos con la resignación de la guerra perdida sino con la convicción de ganarla si la conducimos con inteligencia y, sobre todo, con tenacidad. Porque esta guerra la ganará la inteligencia, sin duda, pero a la ventaja estratégica hemos llegado gracias a la tenacidad. Y también, las cosas como son, porque el tiempo corre a nuestro favor.

No podía terminar este modesto autobombo sin un ritual que, no por serlo, es menos sincero y menos debido: daros las gracias a todos, a todos los que me leéis con santa paciencia un día tras otro; a los que, encima, os tomáis la molestia de escribir unas líneas de comentario; a los que me aplaudís y a los que me silbáis; a los que me enlazáis desde vuestras propias páginas; a los que me saludáis y me honráis con vuestro crédito. Porque sois el verdadero combustible de «El Incordio». Uno puede ser inasequible a las cifras y, como Kipling, tomarlas por impostoras, tanto si son buenas como si son malas, pero un escribidor necesita ser leído y necesita constatar que lo es; porque si no hay lectores, escribir no es más que un ejercicio de vana grafomanía.

El año que viene, «El Incordio» cumplirá, si nada se tuerce, un lustro, que es ya una cifra redonda y algo habrá que pensar para celebrarla. Pero, para llegar al año que viene, quedan todavía doce intensos meses, plenos de acontecimientos, de alegrías, de sinsabores, de avances y de retrocesos. Para llegar al lustro falta todavía muchísimo por escribir y, escribiendo, habrá risas alegres y habrá mandíbulas prietas y tensas de cólera y de indignación. Pero, con risas o con denuestos, seguiremos adelante.

Por ánimo y voluntad, no va a quedar.

De la serie Anuncios varios | 14 comentarios »

La, la, la, lolailo

May 6th, 2008 por Javier Cuchí

La de Dios es Cristo se ha liado con el famosísimo «La, la, la» de Massiel que llevó a la gloria de las menudencias a aquel franquismo de lo pequeñito y rácano que excluido y autoexcluido de las empresas europeas de envergadura, veía gloria imperial a raudales en el gol que un tal Marcelino le metió a no sé quién, no sé si ingleses o rusos (antes había habido otro de un Zarra a no sé si rusos o ingleses) o un campeonato boxístico de aquí o allá a cargo de un cubano importado (era bueno, Legrá, todo hay que decirlo) o un aizkolari zumbado cuya técnica brillante consistía en quedarse quieto como un pedrusco en medio de la era hasta que el contrario cometía la imprudencia de acercarse para recibir un hostiazo de treinta megatones (hasta que el contrario aprendió que aquella mole se cansaba pronto y que bastaba con tenerlo bailando tres o cuatro asaltos para que el otro sacara tres palmos de lengua y, a partir de ahí, la masacre) o en el triunfal cuarto puesto de Mariano Haro en una carrerita de los juegos calzoncilleros de 1972. Con esto, Marisol y un bizcocho, el régimen iba tirando tan tranquilo porque los españoles eramos, en conjunto, igual de cagones y de apalancados que ahora (si acaso, un poco menos gilipollas, pero no estoy seguro) y si el viejo no llega a morirse solo aún lo tendríamos encima como dos y dos son cuatro.

Lo del «La, la, la» fue el culmen de la gloria franquista. Yo creo que solamente la ocupación de Gibraltar hubiera supuesto un hito mayor para aquel pobre país que se creía en serio -pero no demostraba nada- que tenía dos mientras los demás tenían UNO. Y es que lo de Eurovisión, por más que hoy cueste creerlo, se tomaba en serio. Pero en serio de verdad. Ni una final calzoncillera vaciaba las calles como el festival de la pachangada televisiva de esa Europa que nos dejaba estar a ratos en un rincón si no enredábamos demasiado. Consecuentemente, nuestra televisión había hecho repetida y pertinazmente el ridículo, pese a enviar a lo mejorcito de la cabaña (Conchita Bautista -a quien los menores de 40 ni habéis oído nombrar- llegó a ir dos veces y no sé si pasó de penúltima o algo así) y eso que, en un par de ocasiones, lo mejorcito de la cabaña fueron cracks de verdad (Raphael Ropopom-póm, que llenaba sitios grandes en países de muy lejos, y Julio Iglesias, que aún no estaba en lo más alto pero que ya volaba en cotas respetables). Y un día va y gana una jovencita -pero muy jovencita: dieciocho o dicinueve años, tendría- cantando una canción marchosilla y, encima, dejando con un palmo de narices ¡oh, placer supremo! a la érfida Albión, que no estaba representada, precisamente, por un mindundi: Cliff Richard (cantó, por cierto, una canción que se llamaba «Congratulations», que me huele a mí que se vendió más que el «La, la, la» de Massiel y de la Calva y Arcusa -vulgo, Dúo Dinámico- ya no sólo en el hereje extranjero sino incluso en la propia España).

De todas maneras, aquella gesta no estuvo exenta de un long tail de marro. La representación española de aquel año se había asignado a Serrat (con la misma canción: «La, la, la» que, por cierto, me disgustó mucho menos cantada por Massiel porque debo decir -¡oh, abominación!- que a mí Serrat no me gusta: ni lo que canta ni cómo canta) y no sé qué coño pasó -porque salvo los propios primerísimos implicados, aún no lo sabe nadie- pero parece que una semana antes de celebrarse el trascendental certamen, Serrat exigió cantar en catalán, a lo que la autoridad competente se negó en redondo (esto era común en la época y me temo que sigue siéndolo a poco que rasques) y cabe imaginarse el follón que eso supuso, de modo que hubo que hacer las cosas deprisa. El resto es conocido: Massiel va y gana, con lo que el triunfo del régimen es doble: se mete Eurovisión en el bolsillo y le da un corte de mangas a la chusma rojoseparatista.

Sí que por aquella época se oyo hablar así, en voz bajita, de apaño. Pero, claro, lo oí hablar en mis círculos, en mis ambientes, y éstos estaban en Cataluña. No hice (ni haría hoy tampoco) el menor caso: yo era muy jovencito (iba para 13 aquel año) y, por otra parte, ya se sabe que los de la ceba respiran siempre por la herida; bah, en eso son casi profesionales. Ni caso, ya digo.

Pero he aquí que reportaje de la «Sexta», que aún no se ha emitido (está previsto para el jueves, creo) mete -aseguran- el dedo en la llaga y, de algún modo, dice o insinúa que aquella victoria fue trampa y que el franquismo sobornó a diestro y siniestro para alzarse con la victoria.

Hombre, por una parte, no me extrañaría; la impremeditada experiencia sobre el mundo titiritero a que nos ha llevado la guerra del canon nos tiene a habituados al mejunje y al apaño que rodean sistemáticamente a este mundillo, de modo que la posibilidad que, según parece, insinúa o afirma la cadena televisiva citada, no debería sorprendernos en sí misma. Pero, por otra parte, estas cosas hay que probarlas o, cuando menos, aportar piezas de convicción de una cierta solidez, más que nada porque la primera perjudicada es, seguramente, la más inocente, Massiel, sobre la que estoy completamente convencido de que, si hubo apaño, ella no tuvo nada que ver. Pues bien, es su imagen, su fama y su profesionalidad la que, sin comerlo ni beberlo, sale escopeteada y, caramba, un respeto.

Más a la palestra habría de salir el señor Suárez Yllana a defender, como hace siempre -lo cual le honra-, la fama de su padre, ahora indefenso por causa de una cruel enfermedad, cuya culpabilidad, si realmente hubo trampa, sería necesariamente plena, pues él era, en la época, el director general de Televisión Española. Aunque también es comprensible que no diga nada hasta haber visto el reportaje y oído qué se dice en él, en fin, concretamente.

Por lo demás, también doy plena credibilidad al rebote de Massiel que acusa a la «Sexta» de promocionar de esta manera al engendro este, que, metiéndole un gol de los que hacen época, coló en TVE procedente de su propia producción. Ya les vale.

Lo divertido es ver al Cliff, a estas alturas, protestando de que haya tenido que pasar toda su vida de segundón por causa de una trampa. Nos ha jodido: ¿toda su vida fue aquel festival de Eurovisión? Porque si es así, macho, anda, que te den el premio, no sea que te abras las venas porque, para Massiel, no fue más que un lanzamiento, fue solamente el principio de una carrera larga y, hombre, para lo que hay por aquí, no exenta de una cierta calidad.

El tiempo siempre acaba poniendo a cada cual en su sitio, y con o sin Eurovisión a toro cuarenta años pasado, Massiel ya nunca dejará de ser la Tanqueta de Leganés (Serrat, precisamente, dixit) y el Cliff nunca dejará de ser.. un segundón.

Ajo y agua.

De la serie Correo ordinario | 1 comentario »

La cuña

May 5th, 2008 por Javier Cuchí

Con razón suele decirse que no hay peor cuña que la de la propia madera. ¿Recordáis que hace unas semanas supimos de una clínica andaluza que suprimió un complemento a unas enfermeras que se negaban a llevar minifalda? Bueno, pues el hecho trascendió un poco aunque, sorprendentemente, no dio lugar a ningún gran escándalo. A mí, la verdad, me extrañó que ni la organización colegial enfermeril, ni el SATSE, ni ninguno de los montones de colectivos de feminorras que hay por ahí -de esos siempre prontos a llamarle a uno machista porque escribe «la juez» y no el horror de «la jueza»- pusieran el grito en el cielo y propusiesen la castración ritual del gerente, clamando, al mismo tiempo por la pública incineración del señoritismo latifundista y caciquil de la derecha andaluza. Será, pensé, que por aquello del parentesco corporativo habré exagerado la importancia del despropósito.

Pero no, hombre, no. Qué exageraciones ni qué nada. El mundo progre estaba calladito como un puta porque resulta que en el entorno financiero de la titularidad de la clínica en cuestión andan metidos, según parece, unos cuantos ex-altos cargos de la sanidad pública andaluza, más algunos camaradas de la UGT de por allí y era mejor no menear la cuestión.

Si es que, al final, todo se sabe.

De la serie Rugidos | 1 comentario »

Hello loneliness!

May 4th, 2008 por Javier Cuchí

Bien podría cantar Micro$oft, efectivamente, la vieja canción de Simon & Garfunkel: adiós, amor, adiós, felicidad y a tomar por el culo, matarilerilerile. Bueno, lo del culo y lo del matarile no lo cantaron S&G

El monopolio ha anunciado hoy el definitivo abandono de sus intentos por hacerse con Yahoo, ni por las buenas ni a las malas: Jerry Yang gana y Steve Ballmer pierde. El primero, en una apuesta muy audaz y de alto riesgo -en opinión unánime de todos los comentaristas que saben de audacias y de riesgos- ha hecho que Ballmer entonara aquel lamento de Luis Megía en el Tenorio: «Yo la quiero, don Juan, sí; más después de lo pasado, imposible la hais dejado, para vos y para mí».

No oculto mi júbilo. No podría, claro, y menos después de decir cosas como las que dije anteayer (y que reitero gustoso, no faltaría más), pero es que además es una noticia alegre incluso desde el distanciamiento y desde el eclecticismo, porque no puede dejar de ser alegre que, en un mercado con tantos monopolios y con tantos pretendientes a constituir otros más, una operación de clara concentración haya fracasado y el mercado haya quedado bien abierto, que es lo bueno para todos.

Pero lo bueno, sin Micro$oft, es dos veces bueno. Mientras el tinglado de Redmond no domine Internet -y está muy lejos de ello, más aún después de ese fiasco- todavía hay esperanza cívica en el mundo.

Lo cierto es que Ballmer no da pie con bola; es un ejecutivo del siglo pasado, que a mí nunca me ha parecido que destaque por su capacidad de generar ideas nuevas -ni siquiera de dinamizar las viejas- y de cuya mano no ha venido ningún hito importante para su empresa. Anclado en un modelo de negocio próximo al colapso (colapso disimulado por unos beneficios anuales todavía ingentes, generados a su vez desde tinglados monopolísticos que también se van resintiendo), incapaz de entender el signo del siglo XXI, pretende alcanzar una hegemonía en Internet a la antigua usanza, ciego ante la obviedad de que la red funciona por reglas y parámetros radicalmente distintos. Somos muchos los que pensamos que, incluso para la propia Micro$oft (o, sobre todo para la propia Micro$oft), la compra de Yahoo hubiera constituido, a no muy largo plazo, un fiasco. La filosofía empresarial -si así puede decirse- de Ballmer, es totalmente incompatible con un proyecto de éxito en la red; el equipo de Yahoo la comprende perfectamente (nació y creció ahí) pero el actual equipo de Micro$oft no. No dudo que el potencial de Micro$oft, al menos hoy por hoy, es suficiente y largamente sobrante para emprender cualquier proyecto por ambicioso que sea, pero el éxito del mismo va a depender de que el timón del monstruo de Redmond pase a otras manos más conscientes del presente y del futuro.

Si no es así (y aunque lo sea, también hay que decirlo), a Micro$oft se le acaba el palo. Ciertamente no la veremos jamás en la ruina absoluta -no me hago ilusiones al respecto, esas cosas no pasan a ciertos niveles- y muy probablemente vaya a ser ad libitum una empresa potente, entre otras razones porque, cuando parece que esas cosas van a pasar, siempre sube al puente una generación que lleva las cosas a su rumbo correcto (es lo que le pasó a IBM) pero no faltan muchos años -creo y espero que, en realidad, muy pocos- para que la música que toca Micro$oft deje de ser la única que se baila en las salas de fiesta (con permiso del Teddy Bautista, no faltaría más) y pase a ser una empresa importante, potente, e incluso referente, pero una más, con el nivel de influencia -que no es poco- de una Adobe o cosa similar. El futuro de Micro$oft es, probablemente un nicho, un nicho importante, sustancial y sustancioso (¿el escritorio doméstico, quizá?) pero lejos de su pasado y de su aún presente. En todo caso, va a tener que aprender a competir en igualdad y quizá -si no aprende a variar sustancialmente su estricto modelo de negocio- en desventaja. El software libre, por un lado, y las aplicaciones en red, por otro, impulsado el primero desde fundaciones apoyadas por potentes comunidades de voluntarios y financiadas por empresas con modelos de negocio modernos que necesitan grandes disponibilidades de software elástico y escable, y por empresas, el segundo, que han sabido entender y explotar la vertiente en red de la llamada «economía de la atención», van a exigirle a Micro$oft no solamente el ponerse las pilas sino la renovación total de sus antediluvianos circuitos energéticos.

La época del juego sucio a base de ventear el talonario, se está acabando. Yahoo acaba de darle a Ballmer un doloroso corte de mangas y la clara y notoria marranada que M$ ha llevado a cabo con la ISO y el OOXML -su estándar envenenado- podría ser el canto del cisne de esa manera de hacer empresa. O del pato, porque aún no está claro que la guarrada no vaya a tener consecuencias y aún podría M$ sufrir otro disgusto.

Adiós amor, adiós felicidad… hola, soledad.

Me encanta.

De la serie Pequeños bocaditos | No hay comentarios »

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